david.jaramillo@eluniversal.com.mxSólo estas sombras quedarán como único testimonio de los trabajadores que cada noche, con sus manos anónimas, laboran en la remodelación del Centro Histórico, con miras a la celebración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, en el año 2010.
Con la añoranza de su tierra natal en el Estado de México y Veracruz, ello excavan, resanan y moldean las calles durante 10 horas y sólo invierten una para comer. Aunque sus manos tienen el mismo desgaste por la larga jornada laboral, su rango y salario semanal marcan la diferencia: un peón gana mil pesos, el ayudante “A”, mil 200; el oficial “B”, mil 500, los oficiales estampadores, mil 800; el cabo de oficio, dos mil 500 y el maestro, cuatro mil.
La remodelación del Centro Histórico, que seguramente estos empleados no disfrutarán, quizá no cambie las condiciones sociales de los habitantes de estos barrios: la inseguridad, el desempleo y la falta de movilidad social no serán desterradas por esta nueva escenografía urbana. Pero al mismo tiempo inicia un respiro de nuevos colonos que desean generar espacios culturales y artísticos donde la gente pueda convivir dignamente.