angelica.simon@eluniversal.com.mxHoy, Benjamín salió lo más arropado posible para acudir a la escuela: chamarra, gorro y cubrebocas, porque el frío es su peor enemigo, sobre todo en las primeras horas de la mañana. Hace cuatro años llegó a la zona alta del Ajusco y sufre asma.
“Se la desató el frío que se siente aquí, eso me han explicado los doctores”, aseguró su madre, Consuelo Salgado.
A sus ocho años, Benjamín teme al invierno. “Cuando baja tanto la temperatura le dan sus crisis de asma y a veces se pasa hasta tres días en el hospital”, abundó Consuelo.
Otro problema es que en el centro de salud de la zona se niegan a aplicarle a su hijo la vacuna contra la influenza; es mayor de cinco años.
“Van dos años que me la niegan, por más que les explico que mi niño tiene asma y por eso es importante que lo vacune y no me alcanza para comprar la vacuna en otro lado… Lo único que puedo hacer es abrigarlo mucho y en las noches se duerme conmigo y su papá para que no pase tanto frío”.
En Santo Tomás Ajusco, una de las zonas más susceptibles a bajas en el termómetro, el frío que se siente desde el pasado martes obliga a los habitantes a tratar de protegerse para no enfermarse.
“Estamos preocupados porque se nos adelantó el invierno y además está más feo que otros años. No queremos ni pensar cómo se va a poner en enero o febrero”, dijo Teresa Guevara, al asegurar que sus niños también están enfermos.
Los habitantes de estas comunidades afirmaron que la ayuda a veces llega muy tarde, cuando ya están enfermos, y no siempre alcanza para todos.
Lila Pérez y sus dos hijos, Daniel y Adi, tratan de calentarse un poco en el fogón de leña. Aunque está fuera de su casa, dicen, ahí se siente menos frío que adentro, pues como su vivienda está hecha de lámina, no logran calentarse.
“Ya tenemos tres días con el frío y ni señales de que nos vayan a traer ayuda: el año pasado trajeron cobijas, pero yo no alcancé porque nada más las entregan ahí sobre la carretera y no suben hasta estos lados y si uno no se entera a tiempo cuando uno llega ya no hay nada”, dijo Lila, habitante de Lomas de Tepecamécatl, en el Ajusco.
En ese perímetro se encuentran 400 casas, la mayoría de lámina, madera y cartón. Carecen de servicios: no tienen luz, agua ni gas.
Las láminas de los cuartos están rotas y el viento se filtra y enfría hasta las piedras.
“A lo mejor sí somos irregulares, aunque casi todos compramos nuestro terrenito, pero irregulares o no, pues también somos seres humanos y necesitamos el apoyo”, expresó Lila.
Agustina Flores está en la misma situación. Vive con su esposo, sus dos hijos y un sobrino en un cuarto de lámina. Todos comparten apenas tres cobijas.
“Lo malo es que con el frío y la lluvia que ha caído todo se humedece… Se mete uno a las cobijas y están como húmedas. La verdad nada nos calienta”.
Muchos pobladores de la zona no tienen ropa suficientemente abrigadora. Azucena, de 11 años, va a la primaria en la tarde. Por la mañana, apenas con un suéter encima, busca leña con su papa para una fogata; a veces, como está mojada, no prende y se acurrucan todos para sentir su propio calor.
Para estas familias la ayuda del gobierno de la ciudad, a través de cobertores, chamarras y las láminas que ha prometido, es algo urgente, así como que se habiliten cuanto antes los albergues de la zona para que puedan refugiarse en ellos durante la noche.