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El Descuartizador, José Luis Calva Zepeda, buscó ejercer poder absoluto sobre sus víctimas, devorándolas y llevándolas dentro de él mismo. Esa es la característica o sello que lo distingue más allá de sus motivaciones sexuales iniciales, señala el investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe), Martín Gabriel Barrón.
El caso, que no es el primero de ese tipo en México, obliga a revisar de inmediato la vida, en retrospectiva, de ese asesino para determinar si mató a más mujeres, señala quien fue el responsable de la parte más importante de la investigación que permitió la captura de Juana Barraza, conocida como La Mataviejitas.
El especialista considera que es de vital importancia elaborar los perfiles criminológico, victimiológico, geográfico, sicológico y social de Calva Zepeda, para saber quién es ese sicópata y poder determinar con certeza el número de sus crímenes, que hasta hoy suman tres.
Explica que el caso apenas empieza, pero llamó a no dejar de indagar en el pasado de Calva Zepeda, quien, agrega, no sería el primer homicida sicópata que come parte del cuerpo de sus víctimas. “En una cárcel del país hay un sentenciado por cinco asesinatos y que, todo indica, comió también partes de los cuerpos de sus víctimas”, reveló Barrón.
Este caso apenas empieza, pero su estudio y revisión no termina una vez que el o los responsables caen en prisión. “Si se deja de investigar y llegar al fondo; si no se hace una reconstrucción de la vida de esta persona, no se siguen sus pasos desde años antes de que cometieran el primero de sus crímenes, no se sabrá en realidad quién es él”, añade.
El experto del Inacipe considera que si se hiciera el seguimiento de casos así, se vería que no son aislados y son más frecuentes de lo que uno imagina”, comenta. No es que pretenda hacer una apología, pero los asesinos seriales han estado con nosotros desde tiempo atrás, advierte el también catedrático.
Barrón detalla la personalidad de un sicópata que se convierte en asesino serial, y sobre ello anticipa que la sicopatía no se cura. “Es una condición mental caracterizada por cierto tipo de fantasías recurrentes que la persona busca hacer realidad”, indica.
Un asesino serial cruza el límite luego de muchos años de vivir una condición interna peculiar, en la que fantasea de manera cada vez más intensa, hasta que existen las condiciones para que pase, de esa etapa, a la de hacer realidad lo que había imaginado, señala Barrón, como sucedió en el caso de El Descuartizador, José Luis Calva Zepeda.
Pero sucede que el individuo se da cuenta de que aquella fantasía no se cumplió exactamente como él lo había esperado y vuelve a asesinar.
Además, otro factor, tal vez el más importante, es que el sicópata ejerce poder sobre la víctima en dos facetas: la sexual —que no siempre es la predominante— y la del control absoluto sobre la persona elegida, añade.
Los sicópatas suelen ser cordiales, desarrollan lo que se conoce como “encanto superficial”, son mentirosos, manipuladores, impulsivos, no tienen remordimiento o culpa por lo que hacen y en muchos casos creen que las víctimas se lo merecían, detalla el especialista.