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‘La Reina’ se queja de chinches en reclusorio

Llamó a la CDHDF para reclamar por la comida también
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Claudia Bolaños
El Universal
Miércoles 10 de octubre de 2007

claudia.bolanos@eluniversal.com.mx

Desde su llegada al Centro Femenil de Readaptación Social de Santa Martha Acatitla, Sandra Ávila Beltrán, la Reina del Pacífico, no ha podido comer ni dormir bien porque el llamado “rancho” —comida carcelaria— le ha causado diarrea y en su celda encontró chinches.

Ante sus abogados, la mujer vinculada al cártel del Chapo Guzmán y el Mayo Zambada, acostumbrada a vivir entre lujos, se quejó de pasar frío, hambre y ser acosada por fauna nociva que la tenía toda picoteada.

Por eso pidió a sus representantes legales que solicitaran su cambio de estancia y le dejaran comprar comida del exterior.

Ayer, el secretario Ejecutivo de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), Luis Javier Vaquero Ochoa, dio a conocer que Ávila Beltrán les llamó por teléfono para poner una queja

“Se ha quejado de que no le dejan pasar alimentos y también de que hay fauna nociva en su estancia, como chinches. Estamos verificando el asunto que está en la Segunda Visitaduría”.

Al respecto el subsecretario de Gobierno del Distrito Federal, Juan José García Ochoa, mencionó que “en el penal de Santa Martha todas son iguales. no hay reinas ni privilegios”.

Lo anterior, explicó, es porque se ha detectado que sus abogados han intentando pasarle alimentos y ropa por la zona de locutorios, que es exclusiva para que hablen los internos con su defensa.

El funcionario aseguró que ante sus quejas le fumigaron su celda y ella quedó conforme e incluso se le dio una dotación de insecticida para que en caso de ver más bichos “ella lo use de forma personal”.

Sin embargo, Jesús Enrique Díaz Sosa, uno de los representantes legales de la Reina del Pacífico, dijo que fue otro de sus compañeros abogados, de nombre Carlos López Castellanos, quien interpuso la queja; además aseguró que ambos fueron quienes le compraron el desinfectante que les costó mucho trabajo conseguir porque no debía ser en aerosol.

“Ella nos dijo que había muchas chinches, que prácticamente las había tenido que matar a sombrerazos y que llevaba 30 horas sin comer porque no la dejaban comprar comida; y no es verdad que le desinfectaron la estancia pues pudo dormir por el desinfectante que le llevamos, como ella me lo dijo ayer en la tarde”.



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