df@eluniversal.com.mxEn la práctica, Juan y Guadalupe se dedican a lo mismo, incluso están dentro del mismo perímetro del Centro Histórico; sin embargo, sus realidades son completamente distintas. Juan está en la informalidad: “vendo calzado, porque no encontré otra oportunidad de empleo”, mientras ella trabaja en una cadena de zapaterías establecidas.
Juan Hernández cursó estudios en la UNAM, su aspiración era trabajar en algún medio informativo, nunca lo consiguió. Hace más de 10 años engrosó las filas del ambulantaje, que “bien que mal” —dice— le ha permitido sostenerse. Está consciente de que los vendedores ambulantes han aumentado en gran proporción: “el desempleo está fuerte y, claro, tiene sus consecuencias, todo crecimiento desmedido las tiene pero qué podemos hacer”.
Para Guadalupe, es lamentable que más allá de la desventaja económica para el comercio formal no haya autoridad que se preocupe por la imagen urbana de la capital, por esta misma razón la reubicación de los vendedores ambulantes no le entusiasma: “los quitan, pasa un mes y al rato se vuelven a poner, sino los mismos son otros, hacen lo que se les da la gana y nadie pone un alto”, expresa.
En algo tan simple como la limpieza, reconoce que ahora es más difícil conservar libre de basura “su área de trabajo”, conforme crece el número de gente que vende en las calles, aumentan los desechos, no sólo los que ellos generan, sino los que dejan los consumidores a su paso.
Más allá de lo desventajoso que resulta la competencia informal, agrega Guadalupe, en términos económicos, hay otros factores que van rebasando el límite de lo tolerado.
“Un punto muy grave es la inseguridad; al ser tantos, el paso por las calles se vuelve imposible, si alguien quiere salir de prisa simplemente no puede, y qué decir del montón de basura que dejan al marcharse”, dice quien ha trabajado desde hace 11 años en sucursales de una reconocida tienda de calzado.
Gracias a que se ha desempeñado en distintas áreas ha podido constatar el deterioro y las consecuencias que el sector informal les provoca, “nos afecta porque la gente que viene al centro ya no pasa por los aparadores, los ambulantes son tantos que cada vez es más reducido el espacio que dejan en las banquetas, casi no tenemos visibilidad del producto; los extranjeros, por ejemplo, ya no visitan ciertas zonas de la ciudad por ese problema, la percepción que se llevan es de un completo tiradero”.