fernando.martinez@eluniversal.com.mxCon el argumento de que se están violando sus derechos, fumadores rechazaron las reformas a la Ley de Protección a la Salud de los No fumadores en el Distrito Federal, que obliga a los restaurantes, escuelas, oficinas y centros de espectáculos a separar físicamente las áreas.
De igual manera, los encargados de bares y restaurantes se pronunciaron en contra, sobre todo en aquellos casos donde las bebidas alcohólicas, por costumbre, van acompañadas con cigarro.
“Aquí es una cantina, la mayoría fuma. A lo mejor es una medida necesaria para algunos, pero muchos vamos a salir perjudicados porque no tenemos espacio para dividirnos”, opinó Felipe Cabrera, encargado de la cantina Tío Pepe de la calle Independencia, en el centro de la ciudad.
“Es una estupidez, estamos siempre estresados por nuestras señoras y el fumar es un buen escape y desahogo”, señaló Fernando Haza, quien recomendó a aquellos que no fuman que se vayan a establecimientos de comida china.
Varios comensales calificaron la medida de drástica y señalaron que mejor deberían prohibir la entrada de no fumadores a cantinas.
Víctor Varela, en cambio, manifestó que es una buena medida para quienes evitan el cigarro, pero lamentó que muchos de sus amigos sí acostumbran el consumo del tabaco y piensa en que con esta medida, a lo mejor tendrán que dejar de convivir juntos.
Enrique Valle, gerente del bar El Gallo de Oro, aseveró: “Poner un muro en este lugar, definitivamente es imposible, podría darles un lugar específico que tengo al fondo para gente no fumadora, pero todos sin fumar es muy difícil”.
Agregó que para un restaurante bar, es una medida improvisada y mal pensada.
Advirtió que a través de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos (Canirac) buscarán la forma de inconformarse y pedir una nueva modificación a esa ley.
“Se deberían ocupar de otras cosas más importantes, está bien que haya espacios para beneficio de unas personas, pero no coartar el derecho de otras, como es el de los fumadores”, comentó Heidy Santana, en el bar Tlaquepaque, quien criticó que en algunos casos pueda intervenir la fuerza pública para detener a quien se niegue a dejar de fumar, a petición de alguien a quien le moleste y se le presente ante el juez cívico.
Angélica Ordóñez, cliente del restaurante bar Dos Naciones, cree que es una prohibición absurda porque “el fumar es un gusto, una diversión, un placer”.
Otro comensal de nombre José Luis propuso que sea decisión de cada persona fumar o no, “quien no quiera ser afectado por el humo del cigarro, mejor que no entre a lugares como éste”.