Por lo menos hasta el 16 de septiembre, la dieta de Aurelia Isabel será tortilla combinada con un trozo de queso o de jamón. “Voy comiendo según me alcance y vaya la venta”, afirma la vendedora de artículos alusivos al mes patrio.“Hay días en que la gente compra más, otros está bien floja la venta, a veces sólo se llevan una o dos banderas chicas que cuestan 15 pesos”.
Aurelia, junto a su esposo y otros vecinos de San Pedro Tultepec, estado de México, venden desde hace años este tipo de productos que son sólo de esta temporada.
Su “patrón” pasa por ellos a las 8 de la mañana y los traslada a distintos puntos de la capital del país. “Nos trae en su camioneta y ya en la tarde, como a eso de las cinco, viene por nosotros y hacemos cuentas. Pero de unos años para acá, la gente ya no quiere comprar, ya no es como antes”.
Igual opina Mario Solórzano, encargado de una empresa que se dedica a la decoración de inmuebles con símbolos patrios.
“La venta ha bajado mucho. Desde los municipios y delegaciones no hay tanto interés como antes, ahora todo lo reciclan o se van con los productos chinos baratos pero de mala calidad”, asegura Solórzano.
Expertos universitarios atribuyen esta falta de ánimo colectivo a varias razones, como el desencanto por la vida y los actores políticos, el proceso de globalización y transculturación, además de una difícil situación económica en las familias mexicanas.
Se pierde tradición
Humberto Morgan, presidente de la Comisión de Participación Ciudadana de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, reconoce que no hay el mismo ánimo en estas fiestas: “Se ha perdido la tradición, seguramente tiene que ver la desilusión en los procesos electorales y en la política, todo ha mermado el ánimo de la gente”.
El legislador señala que también influye que en estos días se promueva más el consumismo que el amor a la patria. Los mexicanos, agrega, se van transculturizando y sus motivaciones, ya no tienen el sentido de compromiso hacia la nación o el orgullo de estar en un país libre y soberano.
Poco solidario
“Generalmente los festejos son organizados por los gobiernos, un país profundamente nacionalista pero con gobiernos poco solidarios con su gente ha provocado que el desánimo vaya en función del poder y no del festejo en sí”, afirma Salvador Sigüenza Orozco, especialista en temas de Historia Contemporánea, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.
Destaca que quienes encabezan los festejos en los que se alaba a México de manera contundente, son quienes provocan —por omisión o inacción— desilusión y enfado sociales.
De acuerdo con los investigadores Shulamit Goldsmith Brindis y Héctor Rosales Ayala, estas fechas son un pretexto de reunión colectiva donde pocos recuerdan la gesta de los próceres de 1810.
Rosales Ayala, sociólogo y especialista en Estudios Latinoamericanos del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarios de la UNAM, refiere que el ciudadano común tiene el mejor pretexto para “reventarse”. El ánimo de festejo, entendido como un sentimiento colectivo, siempre va a estar acompañado de un conjunto más amplio de emociones.
Lo ideal, agrega el experto, sería que pudiera combinarse el ánimo festivo con la reflexión crítica para deslindar qué es lo que se festeja y por qué se festeja: este es un capítulo que debería escribir una ciudadanía crítica todavía aún inexistente.
Desilusión por la política
Para Goldsmith Brindis, investigadora del Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana, los festejos patrios deberían servir como un espacio de reflexión de lo que los mexicanos hemos logrado y repensar nuestra identidad.
Considera que en los últimos años se había puesto la esperanza en el cambio pero hasta ahora no ha habido alguno, “esta desilusión puede hacerse extensiva y mostrarse en la falta de ánimo de la gente por los inexistentes logros políticos del país. La situación de la sociedad es de frustración y depresión porque no vemos a dónde nos lleva la clase política”.
La economía familiar
Javier Cevallos, encargado de un restaurante al sur de la ciudad, explica que uno de los lugares predilectos para festejar a la patria son precisamente los comedores pero en estos días “ha estado flojo el ánimo”, antes “se veía más colorido en las calles, ahora la gente no se puede dar el lujo de andar comprando cornetitas y banderas si gastó en uniformes y útiles”.
En este sentido, Héctor Rosales precisa, “fiesta es igual a gasto, es igual a consumo, pero también están los intereses políticos. Ya no hay una versión oficial de la historia mexicana, por consiguiente, se ha abierto la oportunidad para participar en una lucha por símbolos patrios y por su significado”.
Los expertos indican que estas fiestas se convierten en verdaderos festejos para el comercio por la gran derrama económica. “Hay múltiples intereses: los principales son los comerciales y los políticos” dice Rosales Ayala, quien constata que la inducción es de las autoridades y los medios de comunicación que invitan a la fiesta a través de un bombardeo informativo.