Desde hace poco más de cinco minutos, María Luisa descendió de la estación Río Churubusco del Metrobús. Sin embargo, el constante paso de automóviles le impiden cruzar los escasos 10 metros que la separan de la banqueta.
Su fundado temor a ser arrollada le impide aprovechar los momentos en que por segundos los autos dejan de pasar sobre avenida Insurgentes. Y es que, a pesar de que los automovilistas que circulan sobre la avenida tienen el alto, aquellos que provienen de Mixcoac o de Churubusco no dejan de dar vuelta sobre la vialidad.
Una escena similar ocurre en avenida Revolución y Eje 6 Sur: la vuelta contínua a la izquierda impide a los peatones cruzar la avenida. Y aunque a menos de 10 metros hay un puente peatonal por el que sería seguro y sin complicaciones el cruce, la gente prefiere esperar un momento para cruzar aunque sea corriendo.
Ambos casos son ejemplos claros de la mala planeación de cruces que abunda en la Ciudad de México en donde se privilegia el paso de los ve-hículos sobre los peatones.
“Si uno no corre, (los automovilistas) son capaces de arrollarlo. Yo procuro respetar las señales y las luces de los semáforos, pero muchas veces no les importa tener el alto y hasta avientan el carro”, dice María Luisa.
En opinión del director para México del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (IPTD), Bernardo Baranda, lo que ocurre en la ciudad de México es inaceptable:
“En México vemos con naturalidad el hecho de una persona corra en el momento que cruza una calle o avenida, pero es algo terrible que muestra el lugar en el que se tiene a los peatones en esta ciudad”, afirma.
La institución ha identificado una serie de cruces “peligrosos” y puentes peatonales que resultan absurdos debido a que la gente no los utiliza. Tal es el caso del cruce multidireccional de Insurgentes y Río Mixcoac, en donde además de los ocho carriles de las dos avenidas también convergen los de Río Churubusco, la calle de Plateros y José María Rico. Cruces de este tipo también se encuentran en la intersección de avenida Hidalgo, Reforma y Bucareli y sobre la Plaza de la Constitución y su cruce con 5 de Mayo y República de Brasil.
“Son cruces demasiados complejos que producen confusión entre los peatones y que además son peligrosos porque tienen vueltas a la izquierda”, explica el especialista.
Como solución, el IPTD ha propuesto al gobierno del Distrito Federal una serie de medidas como la ampliación de banquetas y adecuaciones viales que reduzcan la velocidad de los automovilistas. Los puentes peatonales, de acuerdo con el consultor en movilidad peatonal Michael King, no son la solución.
“Las investigaciones demuestran que si una persona requiere más de 50% del tiempo que gasta en cruzar una calle para subir y bajar un puente peatonal, definitivamente no los utiliza. Además de que por su estructura tampoco son prácticos ni para los niños ni para la gente mayor”, explica.
De acuerdo con el especialista, quien no coincide con aquellas voces que se pronuncian por multar a los peatones que cruzan en medio de las avenidas y que no utilizan los puentes peatonales, la solución reside es diseñar cruces “eficientes y sencillos” y “rediseñar una ciudad para peatones y no para vehículos”.