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La sirena los impulsa a pesar de las carencias

La sirena los impulsa a pesar de las carenciasLa sirena los impulsa a pesar de las carencias
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Juan Manuel Barrera
El Universal
Miércoles 22 de agosto de 2007

MELCHOR OCAMPO, Méx.— “Cuando suena la sirena me transformo”, relata Luis Gerardo Gómez González, bombero de este municipio, quien junto con 15 compañeros —seis de ellos voluntarios— se juega la vida para salvar otras, toda vez que esta estación es una de las más precarias de la entidad.

De 31 años de edad, 17 de ellos en servicio, Gómez González recuerda que a los 10 años, en complicidad con su primo Alberto, de la misma edad, quemó una recámara de la casa de su abuela, en Coacalco, para ver en acción a los bomberos, lo que valió una reprimenda.

“Fue en la casa de mi abuela. Rompimos el foco para simular un corto y echamos alcohol en la cama. Se quemaron las cobijas, pero los bomberos nunca llegaron. Poco antes los habíamos visto con uniforme y nos impresionaron”, explica.

Al celebrarse este miércoles el Día del Bombero, recuerda que a los 15 años ingresó como voluntario en Coacalco, y desde entonces ha laborado como bombero. Actualmente trabaja en Melchor Ocampo, cuya estación tiene dos pequeños cuartos con láminas metálicas, equipados con tres literas; “nunca he trabajado en otra cosa”, indica.

Reconoce que solamente dos de sus compañeros tienen equipo personal, que adquirieron con sus propios recursos, en tanto que la estación cuenta con tres ambulancias (una de ellas en reparación), una camioneta, una bomba, una motocicleta y equipo de zapa, así como dos viejos camiones de bomberos que no funcionan, entre ellos un Mercedes Benz 1962, que fue donado hace dos años pero sin motor.

“Con equipo o sin él, si nos va a tocar, nos va a tocar. A nosotros también nos da miedo entrarle a algunos casos, la piensa uno, pero nos hacemos a la idea. Vamos a trabajar, pero no sabemos si regresaremos”, asevera y agrega que cada que sale a servicio se persigna y se encomienda a Dios.

Insiste en que sufre cambios en su personalidad si se trata de atender emergencias y ejemplifica: “Si manejo sin la sirena voy temeroso, pero cuando suena la sirena me transformo”.

Adictos a la adrenalina

Pero la adicción a la adrenalina no es exclusiva de Gómez González, ya que Paulina García Vergara, paramédico de Melchor Ocampo, menciona que cuando suena la chicharra, los elementos prácticamente pelean por subirse a la camioneta y atender el servicio, ya que nadie quiere quedarse fuera del peligro.

“La mayoría estamos acostumbrados a estar en la calle: la emergencia, la sirena, la adrenalina”, acepta Berenice Fabiola Reyes Gómez, bombera, quien subraya que la actividad requiere de gran esfuerzo, aunque no lo perciben hasta que la tensión queda atrás; “dicen que en un servicio el desgaste de un bombero equivale al de 20 obreros”.

Asimismo, los bomberos coinciden en que sus familias se oponen a que trabajen, por lo que hacen hasta cosas absurdas para alejarlos de su profesión y del peligro.

“Me dijo mi mamá: no te vas a ir hasta que entregues tu carrera técnica. Estudié puericultura, pero nunca la ejercí”, expresa Fabiola Berenice, mientras que Paulina tiene que “volarse la barda”, pues sus abuelos cierran con candado la puerta para que no asista a su trabajo y le piden que busque empleo de enfermera, profesión que estudió.

En tanto, Jesús Morales Estrada, de 18 años de edad, cuenta que “mi mamá me tira los uniformes, pues no le gusta que sea paramédico de bomberos. Pero así soy yo”.



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