Carla María Jiménez Baños tenía 36 años de edad, y dejó huérfanos a dos niños, Melanie de 9 y Rodrigo de 5 años.
El tiempo que le quedaba libre tras cumplir con sus obligaciones académicas y administrativas se los dedicaba a ellos, según comentaron sus compañeras.
Ella ingresó a trabajar al colegio The Churchill School hace unos 8 años, por lo que se le consideraba entre la comunidad de maestros, directivos, alumnos y padres de familia como una de las forjadoras de la institución.
En sus primeros años trabajó como maestra y luego, en poco tiempo llegó a ser directora de preescolar, gracias a sus capacidades como pedagoga y educadora.
Amigas cercanas a la joven mujer la describieron como una persona honesta, entregada y muy amorosa, con una gran afición por tener contacto con niños, de ahí su vocación profesional.
Algunos alumnos la recordaban como una maestra que le gustaba mucho comer, y que era muy cariñosa y que a todos atendía.
Sus conocidos también destacaron que Carla era amante de la lectura, pero no le gustaba practicar ningún deporte.
Era una mujer apasionada que convivía con sus alumnos y sus familias, y eso la hizo muy popular entre la comunidad escolar.
Tenía su domicilio cercano a la escuela donde fue asesinada, y nunca tuvo problemas por impuntualidad o por fallar en sus responsabilidades, por el contrario, la describieron como una persona honesta, dedicada y con visión.