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Discriminan a niños en procesos de adopción

Dos veces por semana, Miguelito deja las instalaciones de la casa cuna Hogar y Vida para acudir a sus clases de lenguaje. Recientemente operado de un problema de labio y paladar hendido se esfuerza por aprender lo que antes no podía: hablar, hablar para ser un niño como cualquier otro
Domingo 29 de abril de 2007 Angélica Simón | El Universal

Dos veces por semana, Miguelito deja las instalaciones de la casa cuna Hogar y Vida para acudir a sus clases de lenguaje.

Recientemente operado de un problema de labio y paladar hendido se esfuerza por aprender lo que antes no podía: hablar, hablar para ser un niño como cualquier otro.

Esa es una de las luchas que libra a sus cuatro años. La otra pelea, la más difícil, es pertenecer a una familia.

Su discapacidad física lo hace formar parte del grupo de los niños que nadie quiere.

La inmadura cultura de la adopción en nuestra sociedad se ve contaminada por la discriminación, un mal que daña a los menores tanto como el abandono o el maltrato que los llevó a ser parte del universo de menores en espera de una familia, asegura, Mercedes Landa, integrante del Consejo de Adopción del Sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

Los pequeños con discapacidad, defectos físicos, con rasgos indígenas, o mayores de tres años son, asegura, los menos adoptados.

Entre el grupo de 50 pequeños albergados en la casa cuna Hogar y Futuro, hay al menos tres cuyas posibilidades de ser entregados en adopción han sido, asegura, muy pocas.

"Tenemos chiquitos con alguna discapacidad, para los que sí nos cuesta mucho trabajo encontrar una familia que los acepte".

Además de Miguelito, está José, un pequeño de dos años y medio con un problema de vista quelo obliga a usar, en tanto lo operan, unos enormes anteojos, a través de los cuales se logra mirar un par de ojos llenos de ternura.

Con el mismo destino incierto está Clara, una niña de seis años con inmadurez neurológica y con problemas de aprendizaje.

"Otros dos menores que tuvimos aquí y que ahora tienen 14 años, uno con lesión cerebral y otro con microcefalia tampoco encontraron una familia que los adoptara y viven en una institución especial en Veracruz".

Landa dice que a lo largo de los 15 años que lleva operando esta institución, han detectado varios motivos:

"Hay una predisposición a que si ya van a adoptar un niño, quieren que sea perfecto; también hay miedo a no tener los medios económicos para seguir con el tratamiento que necesitan, porque son niños cuya manutención es más cara que los que están sanos".

Sin embargo, más allá de eso, es una cuestión de sensibilidades, porque hay familias con recursos que no tendrían problemas en solventar los tratamientos y tampoco los aceptan.

En otros países es muy común que si una pareja tiene un hijo biológico con una discapacidad, están dispuestos a adoptar a otro menor con el mismo problema para sacarlos adelante juntos.

"Necesitamos fomentar en la sociedad la conciencia de que estos niños tiene el mismo derecho de encontrar una familia.

El caso de Diana ejemplifica otras formas de discriminación: por rasgos o raza y por la edad.

"Esta pequeñita con rasgos indígenas, es la que más tiempo ha durado aquí, llegó de cuatro meses y se fue de ocho años", relata.

El pasado mes de diciembre fue felizmente adoptada por una pareja de franceses, porque ninguna pareja mexicana se la quería llevar por sus rasgos y su edad.



 

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