Madre de tres hijos: una niña de seis años, otra de cuatro y de un pequeño de dos, Margarita recibió la noticia de un cuarto embarazo con más angustia que gusto.Carente de un empleo fijo, dedicada a realizar labores de limpieza en algunas casas dos o tres veces por semana por lo que le pagan entre 100 y 150 pesos al día, sintió que no podría con ese bebé cuando el padre, quien es su nueva pareja, le dijo que no se haría responsable de ese niño.
Margarita tampoco cuenta con el apoyo económico de su ex esposo para mantener a los otros tres, ya que debido a un accidente quedó inválido y desempleado.
Falso que aborten más las jóvenes
De acuerdo con un estudio realizado en 1990 en el Hospital General de México entre 100 mujeres que llegaron por complicaciones de abortos inducidos, 69% tenían más de un hijo, 50% de uno a cuatro, y 19% cinco niños o más.
Estos datos contradicen la idea de que en su mayoría son jóvenes las que se practican un aborto.
Otro estudio realizado por la investigadora María del Carmen Elu, especialista en asuntos de reproducción y secretaria técnica del Comité por una Maternidad sin Riesgos, entre personal de salud de distintas instituciones, revela que la mayoría de las mujeres que se practican abortos viven permanentemente con un hombre, sean casadas o no, pero no cuentan con medios económicos, ya sea porque el marido gana poco, porque está desempleado o porque es un desobligado.
La conclusión a la que apuntan es que por lo general, la mujer que aborta es la madre de varios hijos, cuya situación económica o familiar no le permite tener uno más.
Margarita sólo vio una opción: "En lo primero que pensé fue en abortar", cuando no tienes cómo darle de comer a los que ya tienes, los remordimientos son por traer un niño más a sufrir, comenta.
"Más me arrepiento de tenerlo"
"Me arrepiento de no haberme cuidado, sé que lo que tenía que hacer era no quedar de encargo otra vez, pero más me arrepentía de tener que traerlo al mundo".
Por consejo de una amiga, Margarita acudió al mercado de Sonora para compar un "té abortivo" y su pareja le dio unas pastillas.
"Yo ni le pregunté de qué eran, nada más me las tomé y al rato comencé a sentirme mal".
El domingo que Margarita tomó las pastillas junto con el té, según ella para asegurar que no fallara, tenía cerca de dos meses de embarazo.
Alrededor de las cinco de la tarde comenzó a sangrar y a sentir un dolor en la parte baja de la espalda, relata.
"Yo estaba asustada, pero no decía nada porque quería perder al niño, pero una de mis hermanas se dio cuenta y aunque yo no quería, me llevó al hospital, uno por Naucalpan".
El médico que la atendió, cuenta, le preguntó si había querido abortar y qué se había tomado; después le preguntó si sabía que la podían meter a la cárcel por eso.
"Yo le dije que no, porque la verdad ni lo había pensado, en lo único que pensaba era en que no podría con el bebé y con mis otros niños, porque no tengo con quien dejarlos y por eso mucha gente no me da trabajo".
Al otro día, dice, "el doctor me regañó, me dijo que nada más había sido una amenaza de aborto, pero que mi bebé seguía adentro y que si volvía a intentar abortar, entonces sí me iba a denunciar.
"Si no fuera porque pensaba en quién se iba a hacer cargo de mis chamacos, sí lo hubiera intentado otra vez", afirma.
Actualmente el niño tiene cerca de tres meses de nacido.
"Claro que lo quiero, porque es mi hijo, pero eso no quita que todo sea más difícil para todos: para mí, para él y sus hermanitos, y por eso creo que si me hubieran dejado abortar, a él le hubiera ido mejor, porque no estaría pasando estas penurias que pasamos los pobres".