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Reclusorio Oriente todos los males

La población carcelaria rebasa la capacidad del penal: en áreas para 6 reclusos conviven hasta 25. El deterioro de las instalaciones es patente y tensa la convivencia cotidiana
Sábado 31 de marzo de 2007 CLAUDIA BOLAÑOS | El Universal

Entre los barrotes de sofocantes y atestadas celdas, con gestos de sorpresa, molestia o indiferencia, cientos de internos del Reclusorio Oriente observan el paso de integrantes del Órgano de Visita y de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) que recorren ésta, la prisión con la mayor población penitenciaria.

La inspección comprende la enfermería, cocina, módulos de seguridad, nueve dormitorios y seis anexos, áreas de ruinosas regaderas, visita, ingreso, Centro de Observación y Clasificación (COC) y talleres.

La meta, según el director de Prevención y Readaptación Social, Hazael Ruiz Ortega, es analizar lo que debe atenderse primero.

Algunos ven con recelo a los funcionarios y éstos también se asombran ante el ingenio de los reos para acomodarse en sitios construidos para albergar a seis personas.

Los 10 mil ocho internos del Reclusorio Oriente lo convirtieron, desde la semana pasada, en la cárcel más poblada, incluso por encima del Reclusorio Norte.

En la enfermería se refleja esta situación, pues a las 18 camas para enfermos, el personal ha tenido que sumar otras siete para atender a los pacientes, cinco de ellos con viruela y uno con escarlatina.

En el gimnasio, hasta 600 presos dedicados al fisicoconstructivismo, box, lucha libre, o sólo ejercitarse, se organizan para usar las instalaciones en distintos horarios.

También deben compartir espacios hechos para 4 mil 766 internos, menos de la mitad de los que hay; así, en varios dormitorios, la situación es difícil y tensa. El dormitorio 4 tiene 999 reos, pero en el 2, la situación no es mejor, aunque tenga 780.

Las celdas tienen seis camarotes. Fuera de una, en el pasillo, algunos hombres cocinan, otros planchan o lavan la ropa en cubetas.

Uno lo hace en cuclillas y mientras frota sus calcetines, refiere que vive con otros 11 presos, pero eso no es nada si se considera que han estado hasta 25.

Observadores de la CDHDF toman nota de las quejas y del estado de esta prisión, donde impera la descompostura de lámparas, regaderas y lavabos; hay filtraciones de agua y algunos sanitarios están tapados, pero ya hay planes para reparar las luminarias, por lo menos las del túnel entre la prisión y juzgados.

Ahora, albañiles reconstruyen el área de visita del dormitorio 8, pues amenazaba con desplomarse. El 9 es el de mejor apariencia; sus habitantes, acusados de secuestro, tienen una mejor calidad de vida por su situación económica. La limpieza, pintura y maderas que recubren sus celdas no se compara con otras, donde cobijas o cualquier viejo trapo es colocado sobre los barrotes para crear intimidad y contener el frío nocturno.

"Se tienen muchos planes, pero hacen falta recursos", señala el subsecretario de Gobierno del DF, Juan José García Ochoa, quien camina por pasillos, escucha a los internos e incluso trepa hasta una de las torres para conocer la seguridad y recursos existentes.

Un verdadero tianguis en el patio central, con puestos de antojitos, fritangas, dulces y peluquerías al aire libre, así como las cabañas hechas con cobijas que se alquilan para que internos y visitas pasen un rato, a solas...

Su retiro ha sido solicitado por la CDHDF, pero aún falta por analizar cómo serán sustituidas, aunque ya hay planes para retirarlas y ordenar todo este comercio.



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