En noviembre pasado, cuando cumplió 24 años, Israel comenzó a sentir que el tiempo le ganaba y que su sueño de ser futbolista profesional se estaba esfumando. La desesperación lo venció y este miércoles subió a un anuncio espectacular de la avenida Insurgentes para rogar por una oportunidad."¡Denme chance, quiero jugar, que no me regalen nada, sólo quiero que me den la oportunidad de jugar en cualquier equipo!", explicó luego de que un bombero lo convenció de bajar de una altura aproximada de 15 metros y de generar caos vial por el cierre de la calle.
Desde los cuatro años juega futbol. Es su pasión. Era la estrella de los equipos infantiles de la colonia Cosmopolita, en Azcapotzalco. Ya entonces se soñaba en los campos empastados con miles de aficionados gritando en un estadio lleno.
A los 12 años se la pasaba todo el fin de semana en las canchas de su barrio pateando el balón, burlando, haciendo jugadas.
Estudió hasta el tercer semestre de bachillerato, pero prefirió seguir jugando y ganarse unos pesos como empleado de una tienda.
La oportunidad de oro la tuvo jugando dos temporadas en la División Sub 23 del Club Cruz Azul, según contó ya en el interior de la patrulla, camino al Juzgado Cívico de Benito Juárez, a donde fue llevado por alterar el orden público.
Pero el brillo se le apagó cuando, aseguró, "un profesor de entrenamiento me pidió 15 mil pesos para subir a la Primera División. ¿Yo de dónde iba a sacar si no tenía ni para comprarme zapatos?".
"Lamentablemente -dijo- aquí sino eres extranjero, aunque sea de Honduras, nadie te pela".
Narró que tocó las puertas del Atlas y del Atlante, donde le dijeron que ya no tenía edad para jugar. Fue también con los Pumas, pero le negaron el paso por no pertenecer a la institución. Luego, cambió de trabajo y se convirtió en un guardia de seguridad privada.
Harto de ganar 100 o 150 pesos por gol en los campos llaneros, Israel pensó en una forma de llamar la atención. Dijo que le contó a su mamá la idea de subir a un espectacular con una manta, pero ella no le creyó. El martes pasado el joven fue a la avenida Insurgentes y escogió un anuncio fácil de montar, irónicamente justo enfrente de la estación Ciudad de los Deportes del Metrobús. Al día siguiente, cerca de la una de la tarde, ascendió y desplegó una manta que decía:
"Señores de pantalón largo, se los juro, no haré perder su valioso tiempo, ruego, suplico por una oportunidad en cualquier equipo de México. Comería el pasto de los campos donde he jugado por una oportunidad". Al final, dejó su número telefónico.