De los 30 pesos que María Guadalupe Calderón puede disponer cada día para hacer la comida, 10 se destinan a comprar las tortillas, que son la parte central de su dieta familiar. Hace unas semanas, ese dinero le alcanzaba para kilo y medio. Hoy, sólo para uno."Con el aumento vamos a tener que comer menos para que nos alcance", explicó mientras separaba las 30 tortillas de su servilleta que más tarde comerían los siete miembros de la familia.
Con los otros 20 pesos, María decide si compra dos trozos de chorizo, medio kilo de huevo o 500 gramos de arroz y, si le va bien, un pedazo de queso.
Ella, y su familia viven en el interior 13, del número 6 de la calle Pablo R. Sídar, en la colonia Moctezuma Segunda Sección, delegación Venustiano Carranza; es una vecindad paupérrima en condiciones de total insalubridad y triste abandono.
La señora Beatriz, postrada en cama a causa de un asma severa, vio el reloj en la pared: "Ya son las cinco, manda a Hugo por las tortillas", le dijo a su hija.
Era tiempo de su comida "fuerte", pues sólo desayunaron café y té de canela, por la noche repetirían eso, más un bolillo.
Hugo, de quince años de edad, cumplió el mandado sin percibir que esta vez le dieron menos tortillas por el mismo dinero.
Antes, contaron, las que sobraban las dejaban endurecer para después venderlas.
María conectó la parrilla eléctrica al enchufe del "diablito" que les regala la luz. No tienen estufa. En el sartén oxidado, el chorizo y cinco huevos fueron mezclados. En una sentada, ella comió fácilmente siete tortillas. Cada una se le fue entre puño y puño, con tal destreza que se convertían en perfectas cucharas de maíz.
Las manos del pequeño, de Bryan, imitaban a las de su madre, aunque él a veces prefería las tortillas con sal enrolladas.
Fueron al menos cuatro tortillas las que comió el niño con su arroz y su guisado.
De acuerdo con Xorge Armando Mirón Rivera, licenciado en Nutrición y certificado por el Colegio Mexicano de Nutriólogos, la cantidad de tortillas que consume Bryan cubre alrededor de 30% de su requerimiento de calcio, además de que le proporciona hidratos de carbono que le dan energía para su crecimiento, proteínas y minerales.
No obstante, el también especialista en control de peso, deporte y niños del Hospital Ángeles del Pedregal, consideró que ese consumo "no es suficiente para su sano crecimiento adecuado".
Incluso, alertó que por el tipo de alimentación que lleva "es propenso a la desnutrición proteicoenergética, pues la tortilla no eleva la nutrición de los niños en estas condiciones". El médico diagnosticó: "Si sigue con esa dieta, no va a ser un niño saludable, tendrá huesos débiles y propensos a la fractura y tendrá baja talla".