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Llega competencia hasta sexoservicio en La Merced

Cada media hora realizan rondines para ser seleccionadas por clientes
Lunes 20 de noviembre de 2006 Miguel Ángel Serrano | El Universal

Durante algunas horas, decenas de hombres se congregan a diario en el callejón de Santo Tomás, en busca de satisfacer sus necesidades físicas y visuales. Hacen de la prostitución que deambula por esta angosta calle de apenas 200 metros, su sitio preferido de satisfacción personal.

Cada media hora, un rondín de chicas camina en círculo frente a los inquietos y silenciosos observadores que deleitan las pupilas y revisan sus bolsillos tentados por las sexoservidoras. Traer o no 100 pesos es la diferencia entre probar el placer o simplemente conformarse con mirar.

Es el barrio de La Merced, es el callejón de Santo Tomás, resguardado en silencio por vecindades en mal estado, puertas, ventanas que rara vez se abren para asomar la vida de vecinos que permanece casi oculta mientras el bullicio de los transeúntes y prostitutas da vida a esta calle.

Es un hito, centro de reunión de cientos de personas que llegan todos los días de cualquier parte del Distrito Federal, del estado de México o de otros puntos de la República. Ahí surten sus negocios de mercancías y abarrotes, que por sus atractivos precios es el lugar indicado para acudir.

EL UNIVERSAL realizó un recorrido por las principales calles y callejones de La Merced: Carretones, esquina con Santo Tomás; avenida San Pablo y Anillo de Circunvalación, y puntos estratégicos para la venta de sexoservicio más solicitados.

Pasadas las 12:00 horas del viernes y a lo largo de la tarde, el callejón de Santo Tomás es centro de reunión de hombres de edad avanzada y jóvenes. Hay albañiles, cargadores, estudiantes, curiosos y -por qué no- alguno que otro policía sin uniforme.

En este lugar hay mujeres para todos los gustos y cualquier capacidad económica: las hay morenas, blancas, altas o bajitas, delgadas o gorditas, también jóvenes, maduras y viejitas.

La pasarela

Lo especial del callejón es la fuerte competencia entre las sexoservidoras por ganarse al cliente. Algunas apuestan a su juventud o a sus cuerpos: son las que cobran más caro, 200 pesos la media hora, y pueden si lo desean, elegir al azar a su candidato.

Aunque entre las miradas de cansancio y frustración las chicas caminan cada media hora en círculo, luego se detienen sobre la banqueta en fila a coquetear con los espectadores.

Entre el lento caminar de las mujeres aparece la silueta de un hombre bajito que ofrece cigarrillos, dulces y chicles a precios razonables, a quienes aún no se deciden.

Maricarmen es una de las tantas trabajadoras sexuales. Por dos años y medio ha convertido ese lugar en su segunda casa, donde existen reglas inquebrantables: "No besar en la boca ni mucho menos dejarse acariciar en partes de su cuerpo", explica.

"Una tarifa aproximada la tenemos dependiendo del cliente, porque cuando llegan los viejitos con sombreros, les cobramos más, pero si el chico es guapetón, pues su rebajita tendrá", explica Jennifer, de tan sólo 18 años de edad, proveniente de Puebla.

Las cuotas oscilan entre 60 y 120 pesos, con excepción de Tiffany, quien cobra hasta 350 pesos por 15 minutos o Sandra, una anciana que hasta por 20 pesos da sus servicios.

En el lugar nada falta: dispone de una red de hoteles para culminar el acto final, como el Ampudia, sobre Circunvalación, que cobra entre 50 a 70 pesos por minutos de estancia.

Las autoridades

¿Y las autoridades?, se les pregunta.

Ellas saben que al delimitar esta zona como focos rojos o de tolerancia, evaden toda una subcultura en la sociedad, una realidad brutal que se incrementa en forma proporcional a la pobreza, la migración y la falta de empleo, entre otros. "Hacen poco porque también reciben el beneficio de lo que hacemos, pues diario pasan por una cuota que va de uno a cinco pesos que cada una les entregamos".

Ante esta situación, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal recomienda en su página de internet a centros o grupos de ayuda ante los abusos que sufre el sector, así como apoyo a sus derechos sexuales y de reproducción, tales como Ave de México, Compañeros en Ayuda Voluntaria Educativa, AC o Red Democracia y Sexualidad, entre otros.



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