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Respaldo legal para amistad de 52 años

Ellas afirman que respaldar legalmente la relación que han mantenido por décadas sería un aliciente en la recta final de sus vidas, por eso consideran útil la iniciativa de Ley de Sociedades de Convivencia
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Mónica Archundia
El Universal
Jueves 09 de noviembre de 2006

Lupita Sandoval y Albina Cruces comparten, desde hace 52 años, la casa donde viven y los gastos de la misma; también comparten sus penas y alegrías. No son hermanas, pero están unidas por el lazo solidario de la amistad. Con 89 y 103 años de edad, respectivamente, ambas han pensado en el fin de sus días y consideran a la otra como heredera de sus bienes.

Ellas afirman que respaldar legalmente la relación que han mantenido por décadas sería un aliciente en la recta final de sus vidas, por eso consideran útil la iniciativa de Ley de Sociedades de Convivencia, que este jueves será discutida en el pleno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

Sentadas en la sala de la casa, propiedad de Lupita, que se ha convertido en el hogar de ambas, estas mujeres que durante años se desempeñaron como docentes, platican la manera en que se han organizado para compartirlo todo.

"Reunimos nuestras dos jubilaciones y con eso y algo ahorrado seguimos teniendo este tipo de vida, pagamos a tres personas para que nos ayuden, una está en las mañanas, otra la tarde y una en la noche".

A pesar de contar con recursos provenientes de sus pensiones, ninguna de ellas puede ya valerse por sí misma. Lupita perdió la vista en un accidente hace dos años y aunque su amiga ve perfectamente, no escucha lo suficiente y por la edad difícilmente se puede mover sin ayuda.

Ellas se conocieron cuando daban clases en una escuela de la colonia Portales y con los años Albina, quien viajaba todos los días hasta su casa en la delegación Coyoacán, recibió la invitación de su amiga para compartir su vivienda.

Ahí es donde ambas han permanecido los últimos años, sentadas cerca del teléfono y de la puerta, pendientes de las visitas de ex alumnos, amigos y los pocos sobrinos que llegan a verlas.

Cuando requieren ir al banco, al supermercado, al médico o algún otro lugar son apoyadas por una de las sobrinas de Lupita, ya que ninguna se casó o tuvo hijos.

"Ya quedamos solas con auxiliadores y yo creo que sí sería un respaldo legal (tener la Ley de Sociedades de Convivencia), ojalá y suceda", comenta Albina.

Lupita explica que a pesar de tantos años de trabajo como maestras, no cuentan con muchas pertenencias: "No tenemos gran cosa, nada más tenemos las casitas".

Dicen haber establecido un acuerdo verbal para que cuando una falte la otra se encargue de sus servicios funerarios, "ya todo está previsto, nos preocupamos de no dejar ningún problema cuando ya no estemos".

Ambas han vivido, como lo declaran, "en perfecta armonía, nadie da más y nadie menos, todo está de común acuerdo", pero respaldar legalmente esta relación les daría tranquilidad y certidumbre.

De no contar con este beneficio de ley, la pensión de una podría perderse al fallecer y sus bienes quedar enajeados o bien impugnado su testamento por los pocos familiares que les quedan, sin poder -la amiga- disfrutar de ellos en el último tramo de su vida.



 

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