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Prefieren emigrar de la Jesús Carranza

Peatones, automovilistas y choferes de taxis y transporte público denuncian con frecuencia robos en la zona
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Claudia Bolaños
El Universal
Jueves 07 de septiembre de 2006

En cada unidad habitacional de la calle Jesús Carranza, del barrio de Tepito, gran parte de sus moradores ha decidido vender sus departamentos y ahora muchos son utilizados como bodegas de mercancía, talleres de piratería y comercios de droga.

Narra un habitante que hay algunas vecindades donde de 15 viviendas, solamente tres están acondicionadas para vivir.

En las puertas principales de las casas habitación surgidas de la renovación habitacional, efectuada tras los sismos de 1985, a toda hora emanan olores a mariguana o a cocaína quemada.

"Entre las autoridades llamamos a esa calle como la zona de cocodrilos, (por cocainómanos)", cuenta un agente, mientras que un habitante dice que ellos le llaman El Titánic, porque después de las cuatro de la tarde "gritan: todos a sus botes"; lo anterior es debido a que varios utilizan latas de refresco para fumar la droga. Sujetos de todas las edades se reúnen a comprarla, venderla o consumirla, frente a las vista de todos.

Las aceras son intransitables para cualquiera que no sea vecino, no sólo por la delincuencia sino por los cerros de basura que obstruyen el paso y que también provocan inseguridad.

Las estadísticas señalan que por lo menos 17 personas han levantado alguna denuncia por asalto a transeúntes en esta calle.

Y los conductores de taxis, microbuses, así como automovilistas, también han acudido al Ministerio Público a denunciar robos registrados en el perímetro de esta calle.

Las banquetas, donde hace años estuvieran varias peleterías a las cuales llegaban varios zapateros de todo el país a comprar su mercancía, han emigrado, debido a que eran constantemente blanco de extorsiones para no ser robadas.

Los locales que fueron construidos en los complejos habitacionales están abandonado o son utilizados para vender portadillas de discos piratas "que también son una cortina de humo, para el narcomenudeo", indica un líder vecinal.

El tianguis sirve para ocultar estos inmuebles, pues todos los puestos están uno tras otro, dejando sólo espacio en algunas entradas de esas vecindades, además de que están completamente cubiertos por plásticos que no permiten la visibilidad.

Sin embargo, los delincuentes están organizados y cuentan con radios a través de los cuales se comunican la presencia de cualquier sospechoso.

Ante ello, según datos de inteligencia de la Procuraduría capitalina, en la zona trabajan judiciales pero infiltrados, ya sea como comerciantes u otros personajes.

Son varios los casos en los que las autoridades no han podido ingresar a vecindades a recoger a heridos y éstos han tenido que ser sacados por otros moradores del lugar. Jesús Carranza tiene algunas vecindades con salida hacia Tenochtitlán, tal como sucede con el 33; para poder cruzar de extremo a extremo, vendedores y habitantes conocidos en el barrio, deben pagar un peso por utilizar este atajo, y quienes cobran son algunos locatarios de esta última calle.

 
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