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| Festejan en familia... y con futbol Mientras en plazas públicas y jardines se observaba el impacto del Mundial de Futbol: negocios cerrados y espacios solitarios, la escena en restaurantes se repetía con una sobredemanda de familias que acudían a desayunar, oír grupos musicales y ver el futbol en honor de los papás
Mónica Archundia Así celebró el Día del Padre; compartió con su único hijo comentarios futbolísticos y después ambos pasearon por la ciudad, mientras su esposa visitaba los restos de su progenitor en el panteón y acudía a trabajar. Mientras en plazas públicas y jardines se observaba el impacto del Mundial de Futbol: negocios cerrados y espacios solitarios, la escena en restaurantes se repetía con una sobredemanda de familias que acudían a desayunar, oír grupos musicales y ver el futbol en honor de los papás. Miguel Basurto escuchó y entonó canciones de un trío en el restaurante al que acudió a celebrar. El hombre cargó en brazos a su nieto y departió con hijos y nueras en un ambiente festivo. Antonio Navarrete, administrador del lugar, dijo que la demanda del servicio se triplicó a lo largo del día. Hasta el ex candidato a jefe de Gobierno del Distrito Federal por el extinto Partido Demócrata Mexicano, Ignacio Valadez, celebró con su hija y su sobrina con un desayuno. "Me siento muy bien; todos los días es día del papá para mí, porque me tratan muy bien." Ahí también se encontraba Sergio Pablo Melgarejo, profesor que en compañía de su suegra, cuñadas, nietas, esposa e hijas aguardó por una mesa. "Venimos toda la banda", dijo, satisfecho de que los varones con hijos sean celebrados con mayor entusiasmo por la familia y considerados por la sociedad como parte importante. "En la escuela donde trabajo hasta les hicieron su festival, como se lo hacen a las madres y también en el kínder de mi nieta." El ambiente futbolero que se vivió dejó las calles semivacías por horas. La mayoría celebró con los partidos, pero en la esquina de Doctor Pasteur y avenida Cuauhtémoc, Ricardo Manuel Morales repitió su rutina: esperar el rojo del semáforo para pedir a los automovililstas unas monedas. Sentado en una silla de ruedas, este hombre de 46 años no celebró. No había motivos porque hace tres años un accidente automovilístico terminó con las vidas de sus dos hijos, su esposa... y sus piernas. "Quisiera ser mariguano, porque a ellos nunca les pasa nada", comentó con resentimiento.
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