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El estigma de vivir con un portador

Angélica Simón
El Universal
Jueves 01 de diciembre de 2005

Claudia, Mary, Enrique, Magda, Carlitos, todos ellos han tenido que aprender a vivir, convivir y sobrevivir con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), aunque no lo llevan en su sangre.

Son la hija, la esposa, el padre, la madre, el hijo menor... la familia de Carlos, portador del virus y enfermo de sida desde hace cinco años.

Si bien ellos no sufren como Carlos la enfermedad física, son junto con él, víctimas de los síntomas sociales de una enfermedad relacionada con el VIH pero que, consideran, es incluso más grave: la ignorancia.

Ellos también ocultan su rostro, también dan un nombre distinto al verdadero, ellos también tienen que ocultar el motivo por el que Carlos ha perdido peso... porque todos los que rodean a un enfermo de VIH son para la sociedad como si estuvieran infectados, comenta Mary, su esposa.

A ellos también los discriminarían, a ellos también les pedirían que separaran su plato, su vaso y su cuchara, a ellos también los señalarían.

El estigma que rodea a un paciente con sida alcanza y lastima a la familia y para combatir eso, todavía no hay el medicamento necesario, que es la información, advierte Carlos.

Estas son las voces de sus miembros, todas tienen algo que decir de lo que les ha implicado vivir indirectamente con el virus del VIH...



La madre

Vivir con un hijo que tiene VIH es vivir con virus; implica mucho sufrimiento y vivir todo el tiempo luchando... enfrentar la vida con más fortaleza, con mucha disciplina para ayudarlo.

Pero sobre todo significa vivir con mucha unión y solidaridad entre la familia y con mucha discreción con los extraños, porque la primera es la única que te salva de la maldad, de la crítica, del rechazo de los segundos.



El padre

Vivir con VIH implica mucha frustración, mucha molestia de ver que tu hijo se tenga que tapar la cara para contar su historia cuando no le hace daño a nadie... impotencia de ver a los políticos que no cumplen sus promesas, a los que roban, a los que hacen mal que ellos sí dan la cara y el nombre sin tener miedo a que los señalen y discriminen.



La hija

Tengo que vivir huyendo de la ignorancia de la gente, escuchando comentarios despectivos hacia las personas que tienen VIH sin poder decirles "no es cierto... mi papá tiene sida y no por eso no puedo tomar de su mismo vaso".

Vivir con el VIH de mi padre también implica dolor de verlo enfermo, estar consciente de que no lo tendré mucho tiempo y eso también te enseña a valorarlo.



La esposa

Para vivir con VIH en esta ciudad necesitas mucha responsabilidad: porque no puedes descuidar la alimentación, las medicinas por más prisas que tengas, por más que tengas que cuidar el trabajo.

Vives con mucha impotencia porque por más que sea la ciudad más grande del mundo todavía no hay una vacuna y sigue habiendo maltrato en los hospitales.

Para sobrevivir al VIH necesitas mucho amor y comprensión porque los pacientes lo necesitan en lugar del rechazo.

Y también necesitas sinceridad y honestidad para no contagiar y lastimar a terceros.



El hijo

A sus cinco años es el que menos tiene que decir a cerca del VIH, pero es el que más sabe de ello... porque él también lo tiene, nació con él y ya ha padecido de vivir en hospitales, depender de medicamentos y cuidados, pero sobre todo ha sido víctima de la discriminación en las escuelas donde no lo han aceptado al saber que tiene el virus y es también quien más debe ocultar su identidad porque en esta ciudad sigue sin existir una cultura que le permita integrarse y ser tratado como lo que es un niño, un ser humano normal.

 
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