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La Ley olvida a los pepenadores

Especialistas señalan que al dejar de lado a las personas, las normas para el control de basura están condenadas al fracaso
Sábado 02 de octubre de 2004 Dulce Liz Moreno | El Universal

La pepena es una actividad que genera cuantiosas ganancias a caciques e intermediarios que trafican los materiales para beneficio de la gran industria que compra barato y sin factura, pero las más de 5 mil familias que se dedican a esta actividad en la ciudad de México y zona metropolitana, reciben ingresos paupérrimos, señala Héctor Castillo Berthier, integrante del Centro de Ecología y Desarrollo (Cecodes) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

La pepena y la contaminación persisten porque las soluciones que se han planteado, - como la nueva Ley de Separación de Residuos Sólidos- carecen del enfoque social, han dejado a un lado el factor humano, plantea el académico.

Las políticas públicas en este tema, señala el investigador, han visto el problema sólo desde la ingeniería ambiental creando rellenos sanitarios, control de lixiviados, plantas recicladoras o de compostaje, sin incluir la variable social.

La Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) toma como su responsabilidad sólo los residuos tóxicos, por ello su actuación es muy cuestionable, dice.

Los partidos políticos tienen gran responsabilidad en el problema, afirma: el PRI continúa con el clientelismo y corporativismo con gremios y sindicatos de pepenadores; los otros partidos han hecho intentos hasta hoy sin resultados.

La academia se ha especializado en reciclaje o programas ecológicos en los campus, con gran producción de impresos, videos, concursos y proyectos que no "aterrizan" en espacios más amplios de la población.

El Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo consideran la variable social en sus proyectos, pero al asignar recursos se enfrentan a la burocracia federal mexicana que orienta los proyectos a la ingeniería ambiental, los acuerdos por abajo de la mesa y un manejo no siempre claro del dinero, acusa Castillo Berthier.

Proliferan las "empresas ecológicas", próspera industria que vende proyectos (con aval de las autoridades) de ganancias fáciles y con enorme plusvalía disfrazada de "capacitación".

Y la recolección es un proceso privatizado en que camiones, camionetas o carretas de burros son "microindustrias" que dan empleo a miles de familias, formalizan la propina, la prepepena y las fincas fuera de control, refiere.

Sobre la cantidad de personas que se dedican a la actividad no existen registros oficiales, pero según el heredero del liderazgo entre los pepenadores, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre (hijo del fallecido Rey de la basura , ) unas 5 mil personas que subsisten de la recolección de basura pertenecen a su organización.

En ese sentido, el Instituto Nacional de Ecología realizó un estudio titulado El sector informal en la gestión integral de los residuos sólidos municipales , pero dicho análisis, omite cuantificar a los pepenadores.

Sobre la prohibición expresa que contiene la Ley de Separación de Residuos Sólidos, vagabundos, empleados del servicio de limpia en el camión, barrenderos, tamboreros , burreros , carretoneros y prepepenadores desconcen dicha disposición.

Sin embago, los que afirman conocer "algo" de eso son los diestros para la escamocha: los pepenadores agremiados en frentes, uniones y sindicatos los defienden sus territorios en los basureros.

"¿Ilegal? Noooo, de ninguna manera. Aquí lo único ilegal es matar y eso no nos interesa", dice don Joaquín Eliseo, experto en la pepena de cartón en las calle Independencia en el centro de la ciudad.

Tampoco le importa la ley que dice que su modo de vida está sancionado con multa de una cantidad de dinero que no se imagina: 150 salarios mínimos que "no han de ser tanto porque el mínimo de por sí es bien poquito".

Asegura que ni policías ni choferes o recolectores de los camiones de basura le han informado nada de reglamentos. "Ni hacen falta multas, los azules de por sí me piden algo para dejarme trabajar en paz".

"De por sí les damos una feria ", tercia un compañero de oficio de don Joaquín, uno "que anda ya mal de la azotea ", dice éste, pero que interviene porque está molesto con la diaria petición de "cuota" de los uniformados.

Así la única certeza de quienes a esto se dedican es que las cuotas son infaltables para continuar enrolados en la cadena de la dádiva que abarca a indigentes, colectores callejeros, policías en las calles y sigue con choferes de los camiones recolectores y tráileres, vigilantes, líderes gremiales, caciques, e intermediarios del material que se recicla.

Todos ellos dependientes de las 19 mil toneladas diarias de basura que se juntan en la ciudad, botín que se pudre a los pies de los miles que dependen de esta actividad, ahora prohibida.



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