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Tlalpan: escaparate del sexoservicio

Travestis o mujeres... jóvenes o maduras... con tarifas de entre 150 y 700 pesos... este es el catálogo de la prostitución ejercida en la que es considerada una de las avenidas más importantes de la ciudad
Miércoles 22 de octubre de 2003 JOSÉ LUIS FLORES / (SEGUNDA PARTE) | El Universal

Al menos once puntos de sexoservicio mixto operan en calzada de Tlalpan, desde las inmediaciones del Metro San Antonio Abad hasta Río Churubusco. A ellos acuden en promedio 3 mil ciudadanos cada mes, de acuerdo con cálculos extraoficiales.

La tarifa varía de acuerdo con la edad de quienes ofrecen el servicio, el físico, las perversiones que estén dispuestas (os) a cumplir e, incluso, la falta de experiencia del cliente.

Sin embargo, podría establecerse una cuota mínima de 150 pesos y una máxima de 700, precio que cobran las sexoservidoras de otros conocidos puntos de la ciudad, como la calle de Sullivan, en los límites de la colonia Cuauhtémoc.

Al detalle, el grupo denominado "Ángeles en busca de la libertad", compuesto por una decena de travestis que se ubican cerca del Metro San Antonio Abad, abre el rosario de oportunidades sexuales que ofrece la calzada de Tlalpan.

Son, a decir de Alfonso Suárez del Real, jefe delegacional en Cuauhtémoc, el grupo pionero de Tlalpan, pues llegó a ese punto a finales de 1995, proveniente de la colonia Hipódromo.

De acuerdo con el funcionario, en ese año la comunidad judía de esa colonia los expulsó por razones de idiosincrasia, toda vez que en los "ghettos" las mujeres "públicas" eran definitivamente rechazadas.

De ahí, realizaron un largo peregrinaje que los llevó al Metro Sevilla, en la avenida Chapultepec; a la calle de Niza; al Viaducto Piedad, a la altura del panteón Francés (donde fueron objeto de amenazas por parte de grupos sociales que baleaban las paredes cercanas al lugar donde se establecían) y, finalmente, a la calzada de Tlalpan.

Uno de ellos señaló: "Hemos aprendido a vivir en la contradicción. Los clientes primero nos agreden con el pretexto de que somos homosexuales, pero a solas no sólo lo aceptan, sino que alientan la relación".

De ese punto hasta el Metro Taxqueña, la calzada mide nueve kilómetros de extensión, a lo largo de los cuales se asientan 18 hoteles y moteles, según cifras de la Secretaría de Turismo del gobierno capitalino.

Es curioso observar que la oferta sexual opera en dirección centro al sur de calzada de Tlalpan, en lugar de sur a centro.

La razón de ello, en voz de una de las sexoservidoras, es que "la clientela ya conoce la ubicación, porque es más fácil tomar la calzada desde el Viaducto o desde el centro, que al revés".

El segundo punto se ubica después de la calle de Clavijeros, y lo componen mujeres de grupos distintos, cuyas edades fluctúan entre los 18 y 40 años, todas ellas víctimas de malos tratos por parte de quienes las manejan.

Según comentaron algunas de ellas, a condición de no revelar su identidad, están obligadas a pagar 70 pesos por cliente a sus manejadores, en no más de 20 minutos de servicio.

Es común que los clientes pidan sexo oral o anal, pero todas ellas tienen como método de servicio un encuentro tradicional, con un cambio de posición.

De inicio, ninguna de ellas o ellos acepta quitarse toda la ropa, pero la crisis económica ha contribuido a que esta regla se haya relajado, debido a que cada vez reciben menos clientes y que exigen más.

"Lo que aquí te hace hablar no son los estudios, sino el valor que tiene el tiempo; no es tanto que fuera mío, sino que me lo van a cobrar... aprendes a exigir: `¡Rápido mi rey, a lo que vienes!`".

Sin embargo, la edad es un factor determinante para que las sexoservidoras realicen con sus clientes actos que anteriormente no aceptaban.

El común denominador de estos últimos es de personas que acuden con regularidad, sobre todo en días de quincena, cuando el sexoservicio crece.

Jesús Robles, ex servidor público fundador del Centro de Atención Integral y Servicios, aseguró que la red de la prostitución está conformada de manera tal que del trabajo que realizan las mujeres viven hoteleros, taxistas, "padrotes", "madrotas" y autoridades corruptas, donde el cliente es el último eslabón de la cadena, pero sin contar con responsabilidad alguna.

La estructura está diseñada para que el cliente pase totalmente inadvertido, oculto, mientras la cara visible la enseña el punto más vulnerable: la mujer o el travesti.

Otros puntos ubicados en la calzada son: Cerca del Metro Villa de Cortés, ofrecen su servicio dos grupos de travestis.

Pasando el sitio, existe otro grupo mixto.

Más allá, entre Nativitas y Portales hay uno mixto y otros tres puntos de gays más adelante.

En Churubusco, cerca del Hotel Princesa, pero del lado que va hacia el centro, se ubica otro grupo de sexoservidoras con características similares a las de San Antonio.

La calzada de Tlalpan, de acuerdo con las sexoservidoras, es la zona más castigada en materia de operativos.

No pasan tres meses, aseguraron, sin que se lleve a cabo uno nuevo, con el pretexto de que los vecinos se quejaron de nuestra presencia.

"La verdad es que les hace falta el dinero que periódicamente les dejamos y aunque cumplamos todos los acuerdos, las autoridades o las organizadas mandan a gays a drogarse y beber para realizar un nuevo operativo o para tronar a las prostitutas que ya son `independientes`".

Una red bien organizada de "enganchadores" opera en todas las estaciones de camiones de la ciudad, aseguró Jesús Robles.

Las mujeres con características indígenas son las primeras en ser abordadas por ellos. Les ofrecen ayuda para transportarlas, hospedaje y comida a cambio de sexo.

A los pocos días las "enganchan" psicológicamente y las ponen a trabajar.

La red contempla hasta tres "enganchadores", por lo cual si el primero no funciona, entra en operación el siguiente.

El ex funcionario aseguró que en algunos lugares del país, como en Tenancingo, Tlaxcala, sus habitantes se especializan en el lenocinio, de donde provienen las enormes ganancias que se observan en grandes construcciones y antenas parabólicas.

Antonia Mora, autora del libro Del oficio , describe el momento del "enganche": "Las demás muchachas que trabajaban por la Roma me invitaron a bailar, y ahí conocí al Tiburón . ¡Es reaventado! Luego-luego me dijo que si quería ser su vieja, que él tenía una buena esquina donde yo ganaría hasta 200 o 300 pesos diarios (...) Al otro día me llevó al salón de belleza para que me cortaran las trenzas, porque decía que parecía `guarina`... después me llevó de la mano junto a una mujer, la más grande de todas, y le dijo: `Manita, ésta es mi vieja. No quiero que le echen bronca. Ando limón y parece que está pasadera, ¿no?`".



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