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De visita en el reclusorio

En la cárcel, los internos estudian y se esfuerzan por tener una conducta ejemplar
Jueves 10 de julio de 2003 Luis Roberto Gutiérrez Salazar | El Universal

Debe ser triste entrar a una cárcel por haber cometido un delito o para visitar a un ser querido que esté recluido. Afortunadamente yo visité el Reclusorio Varonil Norte sólo para realizar un trabajo como reportero.

La intención fue conocer a internos que, a pesar de haber cometido una falta en la calle, adentro de la cárcel se esfuerzan por tener una conducta ejemplar y estudian, trabajan, practican algún deporte y evitan el consumo de drogas, alcohol e, incluso, involucrarse en riñas con otros reos.

Ingresar al Reclusorio Norte fue difícil; aunque contábamos con el permiso oficial, tuvimos que esperar por más de una hora para que autorizaran.

Por seguridad, para ingresar a un reclusorio uno debe vestir de colores distintos a los uniformes de los internos, no portar celular, mucho dinero y, por supuesto, no llevar armas. Todo esto lo revisan en un primer retén, donde dividen a los hombres de las mujeres. Ahí nos revisaron todo el cuerpo para evitar que lleváramos algo escondido.

Después pasamos por debajo de un túnel donde nos cambiaron la credencial de identificación por una ficha y nos pusieron unos sellos invisibles en el antebrazo izquierdo.

Para salir tuvimos que colocar nuestro brazo marcado dentro de una caja negra con rayos infrarrojos para que detectaran los sellos, en dos retenes distintos.

El Reclusorio Varonil Norte es muy grande; algunas zonas, como el lugar donde están las oficinas de la directora, están bien cuidadas, pero el resto no es igual. Fue impresionante ver las cabañas, es decir, lugares improvisados con cobijas que levantan los internos para recibir a sus familiares con cierta privacidad.

Yo no creo que sea un lugar seguro para nadie, porque fue construido para albergar a 4 mil 800 internos pero, de acuerdo con la estadística que tienen en la dirección, el martes pasado había una población total de 7 mil 621.

Al revisar los datos me di cuenta que son muy jóvenes los internos de este reclusorio: de 18 a 20 años hay 2 mil 73, y de 21 a 30 años, 3 mil 101. La mayoría sólo tiene estudios de primaria y secundaria. Y son más por robo (2 mil 567), homicidio (736), violación (426) y por tráfico de drogas (426).



Testimonio

Juan Luis Franco Hernández tiene 37 años, está casado y es padre de dos niños, uno de siete y otro de cinco años. Cuando estaba libre estudió hasta la preparatoria y habla inglés.

Fue acusado de privación ilegal de la libertad (secuestro) y sentenciado a 18 años de cárcel. Lleva siete años recluido.



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