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Visita íntima, jugoso negocio en reclusorios

En días de visita, las celdas de las cárceles locales se multiplican: carpas improvisadas con basura dan refugio a la convivencia sexual
Lunes 30 de septiembre de 2002 Gerardo Reséndiz | El Universal

Un rapidín de a 50 pesos, en el que los usuarios tienen derecho a un metro cuadrado de pastito, una colcha en vez de colchón y el murmullo de la gente en lugar de música ambiental; lo que, afirman internos de los reclusorios capitalinos, bien vale la pena.

Mientras la gente visita a sus familiares presos, otra actividad, sólo que ésta de tipo íntimo, ocurre a unos metros de ellos, dentro de cientos de cabañitas que improvisan en los patios de los Centros de Prevención y Readaptación Social.

Los días de visita familiar martes, jueves, sábado y domingo, levantan desde temprana hora cientos de cabañitas construidas con plástico, cartón, colchas, sábanas y otros objetos que obstruyan el paso hacia el interior de las miradas curiosas de quienes se encuentran en los alrededores.

Estos pequeños espacios, que se cuentan por cientos en los distintos reclusorios capitalinos, son alquilados por los mismos internos, para que otros presos sostengan relaciones íntimas con su visita.

"La soledad es canija, compa ; y pues uno tiene necesidad de mujer, por lo que preferimos pagar 50 pesitos a esperar meses y meses, antes de que nos autoricen una visita conyugal", explica quien pide se le llame únicamente El Negro , y el cual se encuentra preso en el Reclusorio Oriente.

Sin embargo, estos espacios improvisados también se observan, aunque en menor o mayor magnitud, en la cárcel de Santa Martha Acatitla y los reclusorios varoniles Oriente, Sur y Norte.

El trato es sencillo, dicen los internos, "nuestra compañía viene dispuesta a tener relaciones; se hace el trato con el que alquila la cabañita y se mete uno a hacer sus cositas", ríe El Negro , quien aguarda a su dama a que llegue a visitarlo.

"Olvídate de la costera de Tlalpan o del triángulo de las Bermudas, allá por la salida a la carretera Pachuca, aquí cuesta menos y se está en contacto con la naturaleza, aunque no hay mucha movilidad, porque el espacio es pequeño, pero pues uno se las arregla", agrega otro de los internos apodado El Pepón , quien para esos momentos ya se unió a la plática.

Explican que para las demás visitas, las cabañitas forman ya parte del paisaje en los distintos reclusorios capitalinos.

En entrevista, el director del Reclusorio Preventivo Oriente, Erasmo Pérez Córdova, explicó que las cabañitas surgieron como una necesidad, ante la ausencia de espacios, donde la gente pudiera convivir con su familiar preso.

Si bien hay comedores, dijo, éstos resultan insuficientes para dar cabida a casi 30 mil visitantes en un día, que se suman, en el caso del Reclusorio Oriente, a 8 mil internos.

No obstante, el uso de las cabañitas se degradó, por lo que comenzaron a ser utilizadas por los internos, para sostener relaciones íntimas con su cónyuge, concubina o pareja emotiva.

Sucede que muchos presos no desean someterse a las normas que marca el manual de visita íntima, y para ellos es más fácil pagar 50 pesos que cumplir con los requisitos de las autoridades.

Se les exige exámenes médicos tanto al interno como a su pareja; se les pide acreditar que estén casados o en su caso comprobar que los une un concubinato.

Hay miles de internos que prefieren evitarse esos trámites y usar las cabañitas , cuyo alquiler va de los 50 a los 100 pesos.

Por el momento, comentó el director Erasmo Pérez, se trata de una situación irremediable, aunque se está en vías de buscar alternativas de solución.

Por ejemplo, en el Dormitorio 1, destinado a jóvenes primodelincuentes, ya se acondicionó una carpa grande, la cual sirve para que un gran número de familias puedan estar tranquilamente con su ser querido.

Aunado a ello, comentó que se buscan cambios en el manual de visita íntima, el cual evita que un mayor número de internos tenga derecho a ella, y así se vayan eliminando poco a poco las ya tradicionales cabañitas .

Quitarlas de tajo en estos momentos serían tanto como invitar a los internos a amotinarse, agregó el director Erasmo Pérez, por lo que es mejor buscar alternativas.



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