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La apuesta: reciclar la grasa

Los desechos no sólo pueden ser aprovechados para fabricar combustible, sino también para hacer cosméticos, comenta especialista del Programa Universitario de Medio Ambiente de la UNAM
La apuesta: reciclar la grasa

ENTRADA. Pie de foto vg kvfgv gv vh vhflv fdhv lfdhv dflvh. (Foto: GRÁFICO: PAÚL PERDOMO )

Jueves 13 de septiembre de 2012 Sharenii Guzmán | El Universal
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nayeli.guzman@eluniversal.com.mx 

Carla Orozco tiene un puesto de antojitos enfrente de una escuela al sur de la Ciudad de México; al día vende 30 órdenes de papas fritas y 40 de banderillas y para cocinar esa cantidad de comida utiliza al menos cinco litros de aceite, del cual, 50% de desecho lo tira al drenaje.

A eso se suman los desechos grasos de miles de puestos ambulantes de fritanga, así como de millones de casas y restaurantes de una de las urbes más grande del mundo.

Al llegar en grandes cantidades a la red de tuberías, el aceite se enfría y solidifica formando bolas de grasa, que al juntarse con basura y restos de comida se acumulan y cuando llueve, el agua pluvial busca un cauce, pero se encuentra con tapones de sebo que le impiden el paso, por lo que se regresa a la superficie causando encharcamientos.

En el Distrito Federal, 60% de las inundaciones son producto de la acumulación de desechos sólidos, grasos y de poda en la tubería del drenaje, que obstruyen el flujo, de acuerdo con información del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACM).

Aunado a ello, los desechos de aceites vegetales dañan ecosistemas y contaminan los mantos acuíferos. Sin embargo, en la ciudad de México se percibe un desconocimiento sobre qué hacer con él y cómo sacarle provecho.

A diferencia con los demás desechos, los aceites vegetales no reciben un adecuado manejo por parte de los ciudadanos y de gobernantes, consideró Mireya Imaz, coordinadora del Programa Universitario de Medio Ambiente (PUMA) de la UNAM.

La Ley de Residuos Sólidos que entró en vigor en 2010 contempla únicamente la separación de desechos sólidos y orgánicos, su recolección, depósito y manejo, pero no dice de manera explícita qué hacer con los desechos grasos.

El problema radica que en México, dijo, se le ve como un desperdicio y no como un recurso que puede ser renovado, por lo que al no saber la gente qué hacer con los desechos de aceites vegetales o comestibles, los tira al drenaje.

No obstante, por parte de la sociedad civil, academia y gobierno comienzan a realizarse esfuerzos como es el caso de la empresa Biofuels, que con los desechos de aceites de varios restaurantes genera el biodisel que usan camiones ADO y del Turibús. Y en la UNAM están realizando un proyecto similar.

Además de obstruir el drenaje, la grasa que logra pasar a las plantas de tratamiento con el tiempo daña la infraestructura. “(Las plantas) no están adaptadas para manejar aceites, entonces cuando detecta la presencia en grandes cantidades de grasa se detiene el proceso y el agua sale tal cual entró, sin tratarse”, señaló Mireya Imaz.

Cadena de contaminación

Los desechos de aceite que logran desembocar junto con el drenaje llegan al Golfo de México, pero en el camino van contaminando ríos, lagos y mantos acuíferos. Explicó que un litro de aceite podría contaminar desde mil litros de agua, como 100 mil o hasta un millón, dependiendo del cuerpo de agua a donde llega el aceite, por lo que la relación no está claramente establecida.

Lo que sí es que la grasa, al reducir la disponibilidad de oxígeno, disminuye la presencia de vida y va extinguiendo a la fauna y flora de la zona.

Miguel Carmona, director de Drenaje, Tratamiento y Saneamiento del Sistema de Aguas de la Ciudad de México, reconoció que al desazolvar es común que los operadores de los camiones hidroneumáticos se encuentren con tapones de aceite que parecen piedras y aunque cuenten con herramienta especial para retirarlos, se tardan más tiempo.

Hay líneas de drenaje que como pasan por debajo de una gran concentración de negocios, escuelas, oficinas, restaurantes y puestos ambulantes, tienen que limpiarse más seguido.

Para ayudar al desazolve, y como parte de la Ley de Protección Civil, los establecimientos mercantiles en la ciudad deben instalar trampas de grasa, la cual no permite que el aceite ni los restos de comida se vayan al drenaje.

Para vigilar que esa norma se cumpla y que todos los restaurantes en el DF no sólo cuenten con su trampa de grasa sino que le den mantenimiento, la Secretaría de Protección Civil (SPC) en conjunto con el SACM realizan desde hace tres años el operativo anti-grasa.

Elías Miguel Moreno Brisuela, titular de la SPC, explicó que la decisión de aplicar estos dispositivos se tomó luego de que se percataron que había restaurantes que drenaban el aceite a las tuberías, en lugares que presentaban incidencia en encharcamientos, “por eso dimos la primera llamada de atención y clausuramos establecimientos”.

En este año, agregó, la mayoría de los establecimientos visitados cuentan con su trampa de grasa; ahora el problema es que no le dan mantenimiento, lo que ocasiona que la grasa se vaya al drenaje de todas formas. “Se ha avanzado, hay más conciencia, mas no la suficiente”.

Hace dos semanas, en un operativo en el Centro Histórico fueron suspendidos siete establecimientos por tirar el aceite al drenaje, sin embargo, a los pocos días acreditaron los requisitos y volvieron abrir. Una vez que se haya acumulado la grasa en la trampa, se retira, coloca en una bolsa y se deposita en el camión de la basura como materia orgánica.

Le apuestan al reciclaje

Pese a estos esfuerzos gubernamentales, para la académica Mireya Imaz no son suficientes, pues una de las mejores apuestas es el reciclaje, como ya ocurre en países como Brasil, Inglaterra, Estados Unidos y Canadá.

“Nuestra ciudad no cuenta con un sistema organizado, no tiene una propuesta clara, pues nos dicen que no echemos el aceite por el drenaje, pero no nos dicen qué hacer con él”.

Consideró que no todas las opciones que da el gobierno son viables; en el Plan Verde, por ejemplo, emitido por la Secretaría de Medio Ambiente del DF, se sugiere que los desechos de los aceites se recolecten en una botella de plástico y se depositen en el camión de basura.

Esta medida no resuelve el problema, porque de todas formas se tira y no hay forma de que se degrade y se reintegre a la naturaleza, dijo. Además de que la botella ya no podrá reciclarse porque el pet se ensució de aceite.

Para la coordinadora del PUMA la mejor solución es entender, como sociedad, que el aceite es un recurso y no un desperdicio, y luego, seguir el ejemplo de Brasil para generar biodisel.

“Ellos (los brasileños) tienen sus puntos de colecta, la gente va y deja sus botellas con el sobrante de aceite de sus cocinas y luego lo convierten en combustible. Los aceites no sólo pueden ser aprovechados para fabricar combustible, sino también para hacer cosméticos”, subrayó la especialista.



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