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Baños de vapor, en riesgo de extinción

Surgieron como una opción en los años 50, cuando la vivienda propia y el acceso al agua no eran para todos; en los 80, las familias empezaron a tener sus regaderas en casa. Hoy sobreviven 40 de 250 que existían hace 60 años

El vapor entra por la nariz, pasa por la garganta y se aloja en los pulmones hasta casi sofocar a Jaime y a todos los que ahí se encuentran; un aroma a hojas de eucalipto impregna todo Tanya Guerrero /EL UNIVERSAL

Entre los ruidos del vapor surgiendo de los tubos oxidados y la caída de agua de las regaderas, los bañista se alburean, se gritan, se ríen, se relajan, se hacen tan amigos y hacen tan propio este cuarto conocido como el "vapor general" que incluso han llegado a festejar aquí sus cumpleaños, y hasta hacerse compadres Tanya Guerrero /EL UNIVERSAL

Ellos se encuentran en los baños de El Rayo uno de los pocos que no ha sido derrumbado para convertirse en hotel o gasolinería Tanya Guerrero /EL UNIVERSAL

La Cámara Nacional de la Industria de Baños y Balnearios lamenta que cada año cierren entre dos y tres baños. "En los últimos 20 años un promedio de 170 bajaron sus cortinas" Tanya Guerrero /EL UNIVERSAL

Decenas de baños han empezado a demolerse en la ciudad de México para dar paso a la construcción de gasolineras u hoteles, señala Óscar Páez, quien dice que la ciudad vive actualmente el última fase de la existencia de los baños de vapor Tanya Guerrero /EL UNIVERSAL

Los Baños El Rayo se fundaron en la década del 40 por Imelda Sigler. Al morir se los heredó a su hijo Joaquín, quien a su vez se los dejó a su hija Martha Sigler. Actualmente ésta los sostiene Tanya Guerrero /EL UNIVERSAL

Baños de vapor, en riesgo de extinción

DESGASTE. Una placa en el piso de mosaico viejo activa las regaderas; en las paredes, el azulejo revela, en el sarro de agua, el paso del tiempo. (Foto: TANYA GUERRERO )

Domingo 29 de julio de 2012 Josué Huerta | El Universal
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Jaime lleva puestos unos calzones flojos y está sentado en una banca forrada de azulejos. Recibe una ola de intenso calor producida por el agua en su fase gaseosa junto con otros hombres desnudos, y otros más pudorosos en toalla.

El vapor entra por la nariz, pasa por la garganta y se aloja en los pulmones hasta casi sofocar a Jaime y a todos los que ahí se encuentran; un aroma a hojas de eucalipto impregna todo.

Entre los ruidos del vapor surgiendo de los tubos oxidados y la caída de agua de las regaderas, los bañista se alburean, se gritan, se ríen, se relajan, se hacen tan amigos y hacen tan propio este cuarto conocido como el “vapor general” que incluso han llegado a festejar aquí sus cumpleaños, y hasta hacerse compadres.

Ellos se encuentran en los baños de El Rayo, ubicados en la colonia Gabriel Ramos Millán, Iztacalco, uno de los pocos que no ha sido derrumbado para convertirse en hotel o gasolinería y de los vestigios y rastros que quedan de lo que fuera una ciudad en donde la vivienda propia y el acceso al agua no eran para todos.

¿Qué es lo que ha llevado a la extinción a los baños de vapor en el DF? Las razones son claras, dice a EL UNIVERSAL Óscar Páez Moreno, integrante de la Cámara Nacional de la Industria de Baños y Balnearios.

“En los años 80 las familias de la ciudad de México empezaron a tener sus regaderas en casa, especialmente por el otorgamiento de casas de interés social del Infonavit. Después en la década de los 90 se incrementó el precio del diesel con el que se alimenta las calderas y también en esa época se endurecieron las normas ambientales para los establecimientos con chimeneas en todo el DF”, comenta.

Actualmente una nueva amenaza cierne sobre los baños de vapor: los SPA. Éstos ofrecen por entre 600 o mil 500 pesos los que los baños ofrecen por máximo 65 pesos, dice Emma Flores Montalvo, propietaria de los baños La Naranja en Naucalpan, Estado de México.

Pero muchos han optado por el SPA por una cuestión de imagen y estatus, pues los baños en su mayoría de la época del 50 y 70 empiezan a descascararse, a oxidarse, porque no hay dinero para su mantenimiento, dice Flores Montalvo.

El negocio

Los años 50 comenzaban. Decenas de españoles llegaron a la capital mexicana en busca de mejor fortuna. Primero pusieron panaderías. Más tarde incursionaron en los baños de vapor, ideal para una ciudad en crecimiento donde la población vivía en vecindades y no contaban con baño propio, explica Páez Moreno.

Dice que el fin de los baños de vapor se avecina. De un promedio de 250 establecimientos que existían hace seis décadas, hoy sobreviven apenas 40, el más viejo de ellos es el San Ciprian, con 100 años de haber sido fundado. Se ubicada en la delegación Venustiano Carranza, cercano al mercado de La Merced.

Su propietario, Alejandro Luna, comenta que el negocio fue una herencia de su abuelo, pero que ha dejado de ser redituable, así que el establecimiento se ha deteriorado por lo que no nos deja pasar ante el temor de retratar la decadencia.

“Conservo este negocio por tradición. Sale más caro tenerlo en funcionamiento que lo que en verdad se gana. Pronto los remodelaremos. Tenemos un mural que sería bueno lucir”, asegura.

La Cámara Nacional de la Industria de Baños y Balnearios lamenta que cada año cierren entre dos y tres baños. “En los últimos 20 años un promedio de 170 bajaron sus cortinas”, dice Páez Moreno.

Decenas de baños han empezado a demolerse en la ciudad de México para dar paso a la construcción de gasolineras u hoteles, señala Óscar Páez, quien dice que la ciudad vive actualmente el última fase de la existencia de los baños de vapor.

El listado de los baños que han desaparecido en la ciudad en los últimos 20 años es muy amplia, pero una de las delegaciones donde han cerrado más es en la Cuauhtémoc. Algunos fueron: Baños Acapulco, Baños Costa del Sol, Baños Chopo, Baños El Sol, Baños El Faro, Baños La Playa, Baños Los Ángeles, Baños Matamoros, Baños Marbella, Baños Ofelia, Baños Raúl, Baños Rocío y Baños San Cosme.

Cerca del Metro Boulevard Puerto Aéreo se encontraban los baños La Playa. “Blue Demon iba a bañarse, a echarse su vaporazo a estos baños con todo y máscara”, comenta Rodrigo Martínez, un peluquero que trabajó por muchos años en ese establecimiento.

Narra que otros luchadores de la época pasaban por el legendario gladiador para irse a entrenar, mientras los niños de la colonia esperaban para pedirle un autógrafo a sus ídolos. En 2001 los baños La Playa fueron derribados para erigirse en su lugar un hotel de 12 pisos.

Óscar Páez Moreno indica que una de las razones por la que han desaparecido un gran número de baños en el Distrito Federal es lo caro que cuesta mantenerlos, y mucho más sin clientes.

Comenta que por ello algunos empresarios de este ramo han invertido recursos apostándole en parte al lujo para no desaparecer. Es el caso de los baños Señorial ubicados en Isabel La Católica número 92 el cual ha incluido un alojamiento con cama y televisor.

Algunos de los baños que sobreviven son: Baños Cartagena, en la avenida Jalisco 265, delegación Miguel Hidalgo; los Costa Rica, en República de Costa Rica 13, delegación Cuauhtémoc; Catalina, colonia Mixcoac; Danubio, delegación Iztapalapa, y Baños Elvira, en la colonia Gertrudiz Sánchez.

Una vida de dedicación

Los Baños El Rayo se fundaron en la década del 40 por Imelda Sigler. Al morir se los heredó a su hijo Joaquín, quien a su vez se los dejó a su hija Martha Sigler. Actualmente ésta los sostiene.

Cuenta que dejó su carrera por dedicarse a atender el establecimiento, no como un modo para hacerse de dinero, pues admite que el negocio “está muy mal”, sino por una nostalgia, pues en ellos se encuentra la historia de su familia.

Con las risas de fondo de los ocho clientes que toman un baño de vapor Martha Sigler comparte:

“Tenemos dos empleados. Creo que cuando yo ya no pueda atenderlos mis hijos ya no continuarán con los baños porque no son negocio. Ellos tienen otras prioridades. Creo que los baños de El Rayo muy probablemente desaparecerán, esperamos un milagro para sobrevivir”.



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