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Quinceañeras por la ciudad... del Zócalo al Auditorio

El primer punto en el itinerario fue el maquillaje y su peinado. 348 quinceañeras salían de diferentes puntos de la ciudad, apuradas para llegar a la cita

El sueño de más de trescientas quinceañeras comenzó a las ocho de la mañana, en la sesión de maquillaje Alma Rodríguez /EL UNIVERSAL

Sedes del Instituto de la Juventud (InjuveDF) fungieron como salón de belleza para retocar, acentuar y peinar a las jóvenes; incluso dos tutoras de las quinceañeras prestaron su casa para apoyar a las adolescentes a lucir radiantes este día de fiesta Alma Rodríguez /EL UNIVERSAL

Cada una tuvo la oportunidad de elegir el color de su maquillaje, que fue en combinación con su vestido Alma Rodríguez /EL UNIVERSAL

Los padres esperaban con ilusión y ansiedad, afuera de las instalaciones, para ver el arreglo que las jóvenes. Sostenían entre las manos aretes y anillos que las chicas habían olvidado colocarse, principalmente por los nervios Alma Rodríguez /EL UNIVERSAL

Al mediodía las quinceañeras comenzaron su sesión fotográfica; las chicas posaban en grupo e individualmente para la foto del recuerdo, "una con mis amigas" se escuchó en mas de una ocasión durante los actos que se llevaron a cabo de manera particula Alma Rodríguez /EL UNIVERSAL

Las chicas tomarán un descanso para comer a las 14:00 horas, para prepararse para la foto colectiva en el Zócalo de la ciudad Alma Rodríguez /EL UNIVERSAL

Quinceañeras por la ciudad... del Zócalo al Auditorio

FESTEJO. Quinceañeras en el Monumento a la Revolución, uno de los sitios para la foto del recuerdo. (Foto: RAUL ESTRELLA I EL UNIVERSAL )

Domingo 29 de abril de 2012 Nuria Ocaña / Clínica de Periodismo | El Universal
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“A la bio, a la bao, a la bim bom, ba, quinceañeras, quinceañeras, ra, ra, ra", se escuchó en la ciudad de México este sábado.

La noche anterior al festejo, más de 300 jóvenes alistaron su vestido y programaron despertadores para levantarse desde las cinco de la mañana de ayer para celebrar sus 15 años.

El primer punto en el itinerario fue el maquillaje y su peinado. 348 quinceañeras salían de diferentes puntos de la ciudad, apuradas para llegar a la cita.

Cada una había cumplido con todas las actividades programadas por el Instituto de la Juventud del DF (Injuve DF), en estos casi tres meses de preparación.

Entonces llegó el día.

“Yo quiero rosita”, pedían al maquillista. Desde Milpa Alta hasta Gustavo A. Madero se citaron grupos de alrededor de 40 jóvenes para elegir su peinado y el color de su maquillaje, siempre intentando que combinara con su vestido. “Te quedó bien padre”, se decían entre sí la compañeras.

Afuera, los padres ansiosos esperaban ver cómo lucía su hija. Sostenían los aretes, anillos y accesorios que las quinceañeras habían olvidado por las prisas.

Por la cuidad

Al medio día la ciudad se pintó de colores. Las jóvenes comenzaron la larga sesión fotográfica que auguraba el programa: en el Colegio de las Vizcaínas, el Museo Franz Mayer, la Universidad del Claustro de Sor Juana... Cada recinto fungió como set de fotos colectivas e individuales del recuerdo. “Esa la ponemos en la sala”, dijo la mamá de una de las festejadas.

Las jóvenes aprovechaban el intermedio para comer y retocarse. Se acomodaban el vestido y se cambiaban sus zapatos de tacón alto por los tenis del diario. “Al fin el vestido lo tapa”, era la respuesta.

Una vez listas posaron para la fotografía colectiva en el zócalo. Cientos de sombrillas de colores se abrían en respuesta a tan asoleado día. Los Turibús las esperaban alrededor de la plancha del zócalo capitalino, para llevar a todas las elegantes jóvenes a uno de sus siguientes destinos: el Monumento a la Revolución.

En su recorrido, la ciudad se detenía para observar el enorme festejo que las chicas llevaban a su paso. La gente se detenía para mirar, y hasta los debotos de San Judas Tadeo interrumpieron, con sus santitos en mano, su propio festejo para admirar a todas y cada una las quinceañeras que pasaba frente a ellos.

En el Ángel de la Independencia las jóvenes posaron nuevamente. Y, llegado el ocaso, el Auditorio Nacional abrió sus puertas para recibir a las más de trescientas chicas que entraban gritando y aclamando que era su día: “¡quinceañeras!, ¡quinceañeras!”, repetían de manera incesante.

Comenzó la música. Brenda, una joven con parálisis cerebral, fue la encargada de abrir los vals. Decenas de chambelanes a su alrededor la hacían parecer como una princesa. Al final palabras de agradecimiento a sus padrinos, Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del DF, y Javier Hidalgo, director del InjuveDF. Y ahora sí, “que comience la fiesta", dijo el animador.



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