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“Bullying”, cada vez más casos y más agresivos

SEP-DF: La violencia entre alumnos se ve desde kínder; se agrava en primaria y secundaria
“Bullying”, cada vez más casos y más agresivos

FRECUENCIA. El acoso verbal o físico lo sufren 44% de los estudiantes desde preescolar, primaria y secundaria; 99% es generador u observador de este tipo de conductas agresivas, que son repetitivas e intencionales. (Foto: ESPECIAL EL UNIVERSAL )

Lunes 23 de agosto de 2010 Mónica Archundia | El Universal
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La violencia y maltrato entre estudiantes, el llamado bullying, se encuentra en crecimiento y cada vez afecta más a los niños de menor edad de escuelas públicas y privadas, según estudios de la Secretaría de Educación del Distrito Federal (SEDF).

De acuerdo con Gabriela Rodríguez Zúñiga, coordinadora del Programa de Escuelas sin Violencia, aunque siempre han existido este tipo de acciones, era más frecuente verla entre adolescentes, sin embargo, ahora se ve más en los niños de nueve años, incluso de cuatro.

“Estamos entrando en preescolar y el bullying empieza en ese nivel y se agrava en primaria y secundaria o ya es más evidente, con consecuencias cada vez más graves, con cuadros de depresión de tiempo más prolongado, intentos de suicidio, riñas o rasgos físicos irremediables, crónicos, trastornos alimenticios y aumento en adicciones”.

Hace pocos meses la SEDF concluyó junto con la Universidad Intercontinental el primer estudio sobre el tema realizado entre estudiantes de primaria y secundaria de la ciudad y actualmente realiza otro, con otra institución educativa, en nivel preescolar, cuyos resultados estarán listos a finales de este año.

Algunos de los casos

Jorge cursó el segundo grado de primaria en la escuela Victoria Tepeyac, donde durante varios meses sufrió el maltrato de su grupo de “amigos” o “manada”, como lo llama. Fue poco antes de concluir el ciclo escolar que este niño, de ocho años de edad, decidió externarlo a su mamá, cansado de ser el esclavo del clan y de tener que pagar seis pesos por día a uno de sus compañeros para que jugara con él.

A lo largo del ciclo Jorge —quien es solitario y tímido— además sufrió tres infecciones urinarias, según su mamá, debido a que sus maestras le impedían salir al baño y era castigado a mitad de recreo frente a la pared por correr en el patio.

Los reportes hechos a las maestras no tuvieron respuesta, por lo que en casa comenzaron a trabajar para aumentar la seguridad y autoestima de este pequeño, que en el ciclo escolar 2010-2011 acudirá a una nueva escuela.

Jorge no sabe que su situación se repite en el 44% de los estudiantes y que el 99% es receptor, generador u observador de este tipo de conductas agresivas, que son repetitivas e intencionales.

Blanca es el caso contrario, porque ella es quien reparte los zapes, los empujones y las patadas a quienes considera débiles, les quita sus cuadernos o esconde mochilas. Esas actitudes le ha valido ser catalogada como una jovencita problema en su plantel, de corte público, y las repetidas llamadas de atención a sus padres han provocado que ellos decidieran cambiarla en varias ocasiones, para al final sacarla de estudiar.

El código del silencio

Según Rodríguez Zúñiga, ni los receptores ni los generadores de violencia y mucho menos quienes la atestiguan se atreven a expresar lo que pasa: “nadie lo dice porque tienen miedo a represalias”.

Sin embargo, existen diversos factores que revelan si una persona es víctima de bullying, como desinterés por la escuela, bajo rendimiento, marcas de golpes, materiales escolares rotos, objetos perdidos y dificultad para dormir.

Cuando se llega a romper ese código de silencio, como sucedió con Carlos, por desgracia, explica, muchos no encuentran respuesta a su problemática, porque los padres o no saben qué hacer o ven como normal que su hijo enfrente violencia por sus iguales y prefieren esperar a que con el tiempo se resuelva.

Fue por eso, afirma, que se creó un modelo integral de intervención educativa en la SEDF, que incluye el primer macroestudio hecho en nuestro país, así como un foro, una línea telefónica con contención emocional y orientación, además de entrevistas sicológicas para integrar grupos terapéuticos.

Actualmente se trabaja en 16 grupos de este tipo, formados por hasta 30 niños víctimas de bullying, con quienes se trabaja a través de juegos.

Pero la problemática, reconoce, rebasa la capacidad de atención del gobierno, que este año tiene como meta realizar acciones preventivas en 400 escuelas de nivel básico.

Por eso se ofrece capacitación a instituciones y organismos que cuentan con espacios educativos, a fin de que repliquen la información que reciben.

En alto riesgo

Para Rodríguez Zúñiga, el peligro que corren los niños ante la indiferencia de los padres y los maestros es que pueden tener tal afectación sicológica que presentan cuadros depresivos que los llevan al intento de suicidio. Algo que siempre está presente es que quienes reciben este tipo de violencia psicoemocional o física, amedrentamiento, exclusión o indiferencia es la depresión, lo que afecta el rendimiento escolar e incluso ha sido la causa de deserciones, explica.

La especialista señala que cada vez es más frecuente que los padres cambien de escuela a sus hijos en el mejor de los casos, o los den de baja definitiva al no encontrar una solución.

Pero también se registran casos en los que los padres presentan denuncias judiciales contra los agresores y los maestros, por lo que se ha integrado una red con la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), el sistema para el Desarrollo Integral de la Familia en el Distrito Federal (DIF-DF) y la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) para analizar cada situación.

“No hay una ley al respecto, ni siquiera una iniciativa, como en otros países, pero hemos encontrado algunos caminos para hacer frente al fenómeno… la Comisión revisa con la SEP cómo va el caso, por eso nosotros damos énfasis en el tratamiento y la prevención”.



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