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Matrimonio forzado

Decir “sí acepto” en muchas regiones de México es un acto obligado entre menores de edad que sigue ocurriendo a causa de los usos y costumbres. ¿Qué se está haciendo? y ¿cómo se puede prevenir?
Matrimonio forzado
Ilustración: Dante de la Vega / EL UNIVERSAL
08/03/2018
00:31
Ricardo Quiroga Mendoza
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En diciembre de 2017 comenzó a circular un video en las redes sociales llamado: “La boda más triste de México”. En sus poco más de cuatro minutos y medio de duración, se observa a un par de jóvenes protagonizando una fiesta de bodas en una comunidad rural. En los primeros minutos se ve a una adolescente, quizá de unos 13 o 14 años, enfundada en un traje de novia, con una tiara y un maquillaje cargado. Sostiene un arreglo de flores blancas. Está apoyada sobre una silla, de espaldas a un grupo de mujeres que lucen aún más jóvenes que ella. De fondo, se escucha la voz de un hombre al micrófono haciendo un conteo. Es la tradición del lanzamiento del ramo. Ella permanece cabizbaja. Dos intentos de lanzamiento.

La novia tiene una mirada perdida. Después del tercer conteo, lanza el ramo con displicencia. Nadie más que una joven, la misma que se lo entregó y su madrina, intenta recogerlo del suelo.
En otro corte, el hombre del micrófono pide a la pareja un beso. El novio, nervioso y apenado, hace el intento. Un beso en la mejilla. Ella se retrae sin mirarlo. Los dos están incómodos. Se podría pensar que no han intercambiado palabra.

“¡Sin miedo, jóvenes! A partir de ahora son pareja (…) tienen todo el derecho y el permiso tanto de los padres como de nuestro señor Dios. Queremos ver el beso de la felicidad”, dice el del micrófono, mientras un grupo de personas los rodean. Algunos de ellos, quizás los padres o padrinos, los presionan. Azuzan al joven para que se abalance sobre la novia. Otro conteo y la misma situación; ella inclina la cabeza, interpone los brazos, evita el contacto y mira al suelo. Él se aparta y le da la espalda a su esposa adolescente. Ninguno sonríe. Hay aplausos escuetos. Así termina.

“La boda más triste de México” se llevó a cabo a finales de noviembre del año pasado, en el pueblo de Rancho Viejo, en Tlacoachistlahuaca, municipio de la Costa Chica de Guerrero.

* Causas multifactoriales del matrimonio forzado

Dicha población de apenas un millar de habitantes de origen mixteco, se ubica en una región en la que abundan los matrimonios entre menores de edad, (ya sea uno o ambos contrayentes). También proliferan los casos de enlaces matrimoniales arreglados por padres o tutores, a cambio de una remuneración económica o por el intercambio de bienes. Sin embargo, también es visto como un hecho normal o dictado por las tradiciones del lugar que, no solamente en esta región sino que en muchas otras de la República Mexicana, el contraer matrimonio a temprana edad es parte de sus usos y costumbres.

En cada uno de los rubros relacionados con los índices de nupcialidad en menores de edad revelados por el INEGI, las estadísticas de unión libre sobrepasan por mucho a las de matrimonios oficiales.

De acuerdo con la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), publicada en 2016, las mujeres que se casaron antes de los 18 años de edad sufrieron 49 por ciento más violencia física; 68%, más violencia sexual; y 16%, más violencia económica, en comparación con aquellas que se casaron en la mayoría de edad. Esta interpretación revela una correlación entre las mujeres que se casan a temprana edad y que, por tanto, son más vulnerables a ser violentadas por sus parejas y  familias, en los rubros antes mencionados.

Pero este tipo de casos no son los únicos por atender sobre matrimonios en menores de edad. En entrevista para EL UNIVERSAL, Ivonne Piedras, oficial de Comunicaciones e Incidencias de la ONG internacional Save the Children en México, revela que “en México habitan casi 40 millones de niñas, niños y adolescentes, y más de la mitad viven en situación de pobreza, con altos índices de marginación. Hay todo un contexto que les está obligando a casarse y es algo muy complejo de explicar. Les están presionando y les están diciendo que su único proyecto de vida a corto plazo y realizable puede ser una unión o un embarazo”.

Dicha organización tiene programas en 20 entidades del país, con un impacto en más de 300 mil niños, niñas y adolescentes. A través de sus campañas han conocido las dinámicas tan variadas sobre uniones tempranas y han constatado que las más comunes son las informales.
“Hemos encontrado con jóvenes en Oaxaca que nos han dicho que sí es su voluntad casarse, pero el pueblo es el que realmente les está diciendo que ya tienen 15 años, que ya están grandes y tienen que elegir a un hombre. Por otro lado, hay chicas que se han rebelado y decidido no seguir con este patrón, pero son estigmatizadas. Es decir, las critican por usar pantalón, por irse a estudiar y no dedicarse a las ‘labores de la mujer’. Las cuestionan y subestiman. Una de ellas, de 16 años, nos decía que dudaba de si estaba tomando la decisión correcta al querer continuar estudiando”, relata.

* ¿Qué se está haciendo?

En 2014, el Congreso de la Unión decretó la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, la cual, en su artículo 45 dicta: “Las leyes federales y de las entidades federativas, en el ámbito de sus respectivas competencias, establecerán como edad mínima para contraer matrimonio los 18 años”.

Al referirse a las “leyes federales y de las entidades federativas” este artículo obliga a una armonización integral, a través de reformas de los 32 códigos civiles o familiares de los estados que, por primera vez, estipulan los 18 años de edad como el mínimo para contraer matrimonio, sin la otorga de dispensas ni excepciones por parte de jueces, autoridades locales o los mismos gobernadores. Lo anterior, toda vez que el Estado, a través de sus instituciones, funcionarios y servidores públicos, tiene la consigna de tutelar lo que la corte ha denominado como “Interés superior del menor”.

A la par de estas acciones del Estado, grupos de activistas y ONG's, como Save the Children, han iniciado campañas en distintos frentes para promover políticas públicas, generar conciencia en la población de todas las regiones y sectores sociales, así como para empoderar a las menores de edad. Una de ellas es poder facilitar el divorcio inmediato a aquellos menores que se estén casados y que decidan no permanecer en la relación.

Poco se sabe de la existencia de subprocuradurías regionales de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes obligadas a actuar cuando un menor está en riesgo ante cualquier situación, incluso en casos de matrimonios forzados. En Coahuila, Hidalgo y San Luis Potosí,  entre otros, existen estas instancias (para más información consulta el DIF de tu estado).

Otra de las prioridades de este tipo de organizaciones es trabajar con las niñas y jóvenes más expuestos al matrimonio forzado, para abrirles espacios de expresión, incrementar su educación y eliminar el estigma aspiracional de matrimonio prematuro y maternidad, que suelen imponerse en varios sectores de la sociedad, a manera de incentivarlas a convertirse en agentes de cambio de su realidad. También trabajan con los varones para cambiar los paradigmas de género inculcados en la mayoría de las familias mexicanas. Sin olvidar facilitar el acceso a una educación profesional y a una salud sexual y reproductiva funcional e incluyente.

Aún falta mucho por hacer para evitar más “bodas tristes en México”, desde cambiar el paradigma aspiracional del matrimonio entre los adolescentes como una meta ineludible, hasta la reflexión profunda en torno a los usos y costumbres que lo promueven, incluso en las grandes ciudades del país, donde muchas de estas creencias también emigran, sobre todo, en los sectores de población más desfavorecidos. Sin embargo, el cambio, coinciden las ONG’s, es de fondo y llevará tiempo.
 

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