Primates en cautiverio, la sonrisa más triste

Depresiones, traumas irreversibles, fobias y problemas sociales, son algunas de las consecuencias que sufren los primates que llevan una vida explotada en espectáculos circenses, audiovisuales o zoológicos
Primates en cautividad, la sonrisa más triste
(FOTO: EFE)
01/09/2017
00:20
EFE
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Estamos acostumbrados a ver primates sonriendo en películas y anuncios, pero no es más que una muestra de que están aterrorizados y sufriendo. A pesar de la similitud, su sonrisa difiere por completo de la nuestra; por eso cuando realizan la mueca de enseñar los dientes, es un signo de miedo.

De esto saben mucho quienes de verdad los conocen, aquellos que se dedican a protegerlos en un mundo donde las amenazas les ponen en peligro de extinción. El biólogo Guillermo Bustelo, consciente de la necesidad urgente de hacer algo por estos animales fundó el Centro de Rescate de Primates Rainfer (www.rainfer.com) , en una localidad próxima a la capital de España.

Sus acogidos son primates que han sido víctimas del tráfico ilegal, abandono de particulares, y también procedentes de circos, zoológicos y la industria cinematográfica.

DEDICACIÓN, ESFUERZO Y CARIÑO

Desde entonces, biólogos, veterinarios y educadores ambientales cuidan y trabajan por la protección de estos animales.

Veinte especies diferentes viven en armonía en este santuario: desde titís, lemúres, macacos o monos capuchinos, hasta grandes simios como el orangután o el chimpancé. En la actualidad, Marta Bustelo es la subdirectora y confirma que “el tráfico ilegal de especies exóticas mueve una gran cantidad de dinero. Lamentablemente son pocos los países que destinan ayudas gubernamentales a proyectos de conservación, y los centros que existimos trabajamos de forma privada, buscando recursos y apoyo constantemente”.

Los trastornos físicos más comunes que presentan estos animales, según Bustlo son raquitismo, debido a las carencias sufridas como falta de espacio, luz solar o nutrientes esenciales; así como problemas de piel y pelo, y heridas en muñones, ya que una forma común de castigo es la amputación de los dedos, elementos esenciales para ellos.

Pero no hay que olvidar patologías psicológicas como agorafobia, fotofobia, depresiones, adicciones al tabaco, el alcohol u otras drogas, traumas y problemas de adaptación social.

Rainfer es el hogar de animales como Boris, un orangután vendido a un circo cuando era un bebé. Sufrió años de calvario, palizas y entrenamiento para ser el divertimento de otros. Cuando dejó de ser útil y empezó a desarrollar su fuerza, fue vendido a un zoológico español donde pasó más de 10 años en completa soledad, de cara a un público incapaz de entender su dolor; por eso, al día de hoy, no le gusta ser observado en grupo.

“Al cerrar el zoológico, Boris y sus diversos problemas crónicos de salud, no interesaban a nadie, hasta que conocimos su caso. Llegó con raquitismo y atrofia muscular”, comenta Marta. Boris nunca había tocado la hierba con sus pies ni había conocido lo que supone estar al aire libre, así que el primer contacto fue en este centro, donde recuerdan aquel momento de manera emotiva.

“Poco a poco, con mucha dedicación, esfuerzo y cariño, gracias a una dieta sana y controlada, y al gran espacio al aire libre; mejoró física y psicológicamente”, puntualiza la subdirectora. El cierre de grandes circos con animales, por falta de público, como el estadounidense Ringling Bros and Barnum & Bailey circus, refleja que algo está cambiando en una población cada vez más concienciada en la defensa animal.

Además, son muchos los lugares en los que, gracias a las reformas legislativas, se prohíbe este tipo de espectáculos, entendiendo que ver sufrir a un animal secuestrado, maltratado y hacinado de por vida, resulta de todo menos divertido; pero aún queda mucho trabajo que hacer ya que en Asia crece el número de zoológicos y safaris, unidos estrechamente con el comercio ilegal que les suministra animales, según confirman a Efe desde el Proyecto para poner fin a la esclavitud de grandes simios (PEGAS), dedicado a la investigación del comercio de los mismos en Oriente.

Marta Bustelo sólo tiene elogios para estos animales tan fascinantes. “Son seres maravillosos. Tienen capacidades de empatía, colaboración en grupo, sufren las pérdidas de sus más allegados, perdonan y muestran sus disculpas… incluso los grandes simios son capaces de aprender el lenguaje de signos y transmiten los conocimientos a su descendencia”, asegura.

LA MAYOR AMENAZA, EL SER HUMANO

Para poder entrenar a un primate con el fin de que actúe de la forma requerida, se le somete a un entrenamiento negativo que puede incluir palizas, privación de agua y alimento e, incluso amputaciones. “No hay otra manera de que un animal salvaje con unos instintos básicos naturales tan fuertes, esté a disposición en cada momento”, asegura Bustelo.

En Rainfer destacan la importancia de entender que no son animales domésticos ni domesticables, ya que es necesario miles de años para adaptar las especies al ser humano y eliminar sus instintos naturales salvajes. Bustelo recalca que “la privación del contacto con sus madres y grupo social, y la cautividad, hace que desarrollen traumas y, de adultos, sean más impredecibles. Es entonces cuando su agresividad aumenta, por lo que suelen generar graves problemas a sus dueños”.

Tampoco se debe olvidar que el parecido genético con el ser humano hace que las enfermedades puedan ser compartidas y transmitidas con facilidad.

Asociaciones como Greenpeace, Personas para el Tratamiento Ético de los Animales (PETA), Activistas por el Planeta o Ecologistas en Acción, entre otros; denuncian las graves consecuencias medioambientales y sociales que supone el cultivo del aceite de palma, en Sudamérica, Papúa Nueva Guinea e Indonesia, donde habitan los orangutanes.

La deforestación de sus hábitats para la industria maderera, emplazamientos petrolíferos y plantaciones monocultivo; la caza furtiva ilegal para consumo de carne (bushmeat) o rituales de magia, o para la venta de crías como mascotas u otro tipo de explotación, son sólo algunos de los abusos a los que son sometidos.

En Indonesia, incluso, existen prostíbulos donde a las hembras de orangután se les rasura por completo y abusan de ellas sexualmente. “La mayor amenaza es el ser humano. Es nuestra culpa que muchas especies se extingan y nuestra responsabilidad es protegerles. La vida no sería posible sin la biodiversidad animal y vegetal”, recalca Bustelo.

La asociación Rainfer no recibe subvenciones por lo que se financia gracias a la ayuda de padrinos, socios y donativos puntuales. “Mucha gente desconoce nuestra labor y necesitamos más ayudas para ofrecer seguridad al proyecto. Sería necesario crear leyes acordes a su protección y que las que existen se recrudecieran en términos de penalizaciones”, puntualiza Bustelo.

Asimismo, también trabajan por la concienciación y educación a través de visitas guiadas a este santuario animal, tanto de particulares como de centros escolares.

Los primates son animales muy longevos y la edad media ronda los cuarenta y cinco años, aunque los grandes simios pueden cumplir sesenta; por ese motivo, la supervivencia en el tiempo de este tipo de centros es imprescindible para poder ofrecerles los cuidados necesarios toda su vida.

jpe

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