Pros y contras de las micro, pequeñas y medianas empresas

Un gran segmento de la población mexicana trabaja en una de las más de 5.5 millones registradas
Pymes
Generan más de 21 millones de empleos en el país. Foto: ESPECIAL
15/03/2018
23:41
Rafael López
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Un grupo de investigadores del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, coordinado por Gerardo González Chávez, analizó las llamadas micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), consideradas eficaces creadoras de empleos e indispensables durante el cierre del proceso productivo y distributivo.

Un gran segmento de la población mexicana trabaja en una de las más de 5.5 millones de mipymes registradas (generan más de 21 millones de empleos), por lo que puede asegurarse que desempeñan un papel relevante en la economía nacional, sin soslayar que las grandes empresas funcionan como el eje central en la ocupación de la fuerza de trabajo.

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“Las mipymes son las que alientan la producción, aparentemente. Así, en la gran industria automotriz, buena parte de la inversión se destina a la adquisición de equipos y a la contratación de fuerza de trabajo altamente calificada. Sin embargo, la producción y el armado se apoyan en las mipymes. Por ejemplo, Toyota tiene a su disposición 30 mil empresas subcontratadas o propias que realizan parte del proceso en diversos lugares del mundo. México se ha visto beneficiado, entre comillas, con esta situación, porque el armado de automóviles se hace aquí, y el país se ha convertido en el gran armador de automóviles”, dice González Chávez.

En estas condiciones, muchos empleos han sido generados por las mipymes, aunque no son, formalmente, nuevos, sino el resultado de la regularización de empresas impulsada a partir de la propuesta de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) durante 2013 y 2014, mediante un programa que busca formalizar la informalidad y lograr que los empleos sean bien remunerados y las empresas estén registradas.

“De este modo, las empresas informales se han ido incorporando a la formalidad del mercado aunque, a decir de los microempresarios, esto no ha redundado en beneficios visibles, tan sólo en algún crédito bancario. Pero como es un programa a 10 años, cada año aumentará la tasa impositiva”, añade González Chávez.

Resultados alentadores

Después de la reforma laboral de 2012, la regulación de las jornadas de trabajo quedó muy laxa. Ahora ya no hay horas extras. Si alguien quiere ganar algo más que el salario mínimo (88.36 pesos diarios), debe trabajar 10 horas. Este tipo de empleos son los que la gran empresa afilia al Seguro Social, pero una pequeña empresa difícilmente lo hará.

Con respecto al éxito de las mipymes, González Chávez menciona que los casos más visibles, como el brasileño en la época de Luiz Inácio (Lula) da Silva, responden a una política estatal.

“El modelo que se estableció en Brasil fue exitoso debido a que se alejó de los lineamientos del Fondo Monetario Internacional y así pudo abrir las puertas a empleos mejor remunerados que fortalecieron el mercado y disminuyeron la pobreza.”

Si bien las mipymes funcionan con resultados alentadores, enfrentan dificultades porque se alejan de la ideología de mercado. Un programa exitoso fue el que impulsaron las administraciones de la Ciudad de México desde 2001 hasta 2012 para producir uniformes escolares. A él se incorporaron costureras desempleadas y se generó una gran cantidad de puestos de trabajo.

“En contraste, a la empresa automotriz coreana ubicada ahora en todo el país se le otorgaron grandes facilidades, pero sólo generó, de manera directa, 220 empleos altamente calificados. Por supuesto, empresas subcontratistas y de servicios contrataron decenas de trabajadores, pero en condiciones salariales y de seguridad distintas de las del corporativo”, agrega el investigador.

En opinión de González Chávez, esas facilidades hacen la diferencia en la competencia, incluso internacional, aunque sólo el Estado puede alentarlas para fomentar las mipymes. Cabe advertir que en México abundan proyectos en esa línea; el problema es cómo se aplican.

“En este caso, la prioridad no es fomentar las exportaciones de aquellas empresas que son competitivas en el mercado internacional, sino producir aquello que la población y la economía nacional necesitan: alimentos o gasolinas, por ejemplo. Tenemos las materias primas y la fuerza de trabajo. Lo que se requiere es inversión para desarrollar esas capacidades.”

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Dificultades crecientes

La viabilidad económica de las mipymes se ha discutido no sólo en las economías emergentes, sino también en los países desarrollados como Italia y Japón; es más, en Estados Unidos se les otorga financiamiento a costos bajos o con nulos intereses, debido a que son generadoras de empleos.

“Lo que cambia es la perspectiva en cada caso: puede que se les otorguen facilidades para que sean más competitivas o se invierta en ellas para generar empleos bien remunerados con seguridad social. Esto, por lógica, acarrea encadenamientos productivos y mejoramiento en el consumo”, indica González Chávez.

De acuerdo con el Banco de México, sólo 30% de las mipymes en el país cuentan con financiamiento, única vía para alcanzar el éxito. Un pequeño empresario puede convertirse en sujeto de crédito cuando tiene la posibilidad de pagarlo. Alrededor de 70% no cumplen esta condición. Y los que sí la cumplen, disponen del crédito más alto porque se financian con tarjetas de crédito a una tasa de interés alta. De ahí que el éxito sea difícil.

Cada año surgen miles de empresas, pero al mismo tiempo mueren otras tantas. Por sí mismas se encuentran en un claroscuro. Lo dice la propia OIT: 60% de los empleos generados en los últimos 15 años son informales y la mayor parte de éstos proviene de las mipymes.

En su estudio, titulado La importancia de las micro, pequeñas y medianas empresas en el desarrollo económico y la generación de empleos en México, los investigadores universitarios señalan que las mipymes han adquirido una importancia clave debido a que representan más de 90% de las empresas a nivel mundial (en México representan 97.3% de esos establecimientos y generan 71.6% de los empleos).

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Sin embargo, mientras la concentración y centralización de la producción y distribución está totalmente controlada por las grandes empresas que se apropian de las utilidades, los micro, pequeños y medianos negocios tienen dificultades crecientes (financiamiento, infraestructura, desarrollo tecnológico, capacitación, etcétera) para mantenerse en el mercado por un periodo no mayor a un año, dos o tres, o consolidarse a partir de los cinco años, pero en constante incertidumbre.

Una de las dificultades que González Chávez y sus colegas encontraron para concluir este estudio fue el hecho de que un gran segmento de las mipymes se mueve en la informalidad. Una de las fuentes que utilizaron es el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que emite el Censo Económico cada cinco años. El primero que se registró fue el de 1999, que en realidad trae datos de 1998, y el último fue el de 2014, con datos de 2013, que se difundió en 2015.

“La información actualizada del último Censo Económico señala que en 2014 operaban en todo el país 5 millones 654 mil 014 empresas; de éstas, 5 millones 504 mil 627 eran mipymes, es decir, 97.3%. En términos de trabajadores ocupados, el censo reporta 21 millones 234 mil 817, de los cuales 71.6% estaba en las mipymes y 28.3% en las grandes empresas”, finaliza.

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