Los ojos puestos en el segundo semestre

Mientras más se acerquen las elecciones, el tipo de cambio se presionará más
13/06/2018
01:02
Laura Iturbide Galindo
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La perspectiva de la economía mexicana se encuentra constreñida por una serie de eventos que limitan su desempeño.

Si bien hay aspectos que pudieran resultar benéficos, como un crecimiento más acelerado en Estados Unidos y mayores precios del petróleo, por el otro lado la amenaza latente de la finalización del Tratado del Libre Comercio de América del Norte y del inicio de una guerra comercial, así como los temores electorales sobre quién llegue a la presidencia, además con mayoría en el Congreso y no proclive al libre comercio, están creando un entorno de incertidumbre y volatilidad.

A esta coyuntura se suman políticas fiscales y monetarias rígidas por la necesidad gubernamental de reducir el déficit fiscal y del banco central de procurar un ambiente de estabilidad de precios.

La economía mexicana se expandió más de lo previsto en el primer trimestre del año, 1.1% y por arriba de 0.9% alcanzado en el cuarto trimestre del año pasado.

Empero esta tendencia de aceleración pudiera no ser contundente al contrastar con los bajos niveles de confianza del consumidor (a pesar de su repunte en abril y mayo) y mientras la inversión fija bruta pierde ritmo (en marzo registró su menor avance anual) y en términos de manufactura todo indica que hay un estancamiento (el índice IMEF de Manufactura perdió 0.4 puntos en mayo). Además, la cercanía de las elecciones y la tensión comercial han hecho su estrago en materia del ritmo en el avance económico.

Así, se tiene que en el bimestre anterior los extranjeros vendieron 14 mil millones de dólares en papeles mexicanos. Esta salida de capitales extranjeros ha contribuido a presionar al tipo de cambio. El nerviosismo electoral, junto con la apreciación del dólar estadounidense que ha afectado al peso y a otras divisas de países emergentes por el comportamiento de búsqueda de refugio de capitales en deuda estadounidense a la par de un incremento en los réditos de ese país, ha provocado una depreciación cambiaria de 10% en los últimos dos meses.

Es claro que mientras más se acerquen las elecciones, el tipo de cambio se presionará más. Hasta ahora no ha habido un contagio en precios; aún el índice general de inflación en mayo mostró una desaceleración, ubicándose en 4.51%, ya que por motivos electorales el gobierno ha contenido aumentos en gasolina y electricidad a pesar de mayores costos de producción.

Los importadores, previendo volatilidad cambiaria por los factores antes expuestos, compraron por anticipado y se cubrieron cambiariamente. Empero, será imposible evitar una re-etiquetación en los precios, si la volatilidad continúa, lo que se considera sucederá y por ende habrá una repercusión inflacionaria en el segundo semestre del año.

De esta manera, el consumo privado, que ha sido el motor de crecimiento, se resentirá en 2018, por mayor inflación que mermará el poder de compra salarial y menor crédito esperado por estándares más rígidos.

Ello aunado a que algunas empresas han decidido posponer sus inversiones hasta no tener claridad en el escenario político después de las elecciones del 1 de julio y quizás otras se decidan cancelar aquéllas, si Estados Unidos sigue imponiendo mayores aranceles a las importaciones mexicanas, como ahora lo ha hecho con el acero y el aluminio.

En este complicado panorama, se estima que la economía mexicana pueda crecer este año, apenas arriba de 2%, pero los riesgos no son menores y la incertidumbre seguirá privando en el segundo semestre del año.

Coordinadora de la Maestría en Economía
y Negocios y Directora del Instituto de
Desarrollo Empresarial Anáhuac en
la Universidad Anáhuac, México Norte.
Correo electrónico: [email protected]
Twitter: @IDEA_Anahuac

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