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Institucionalizar la empresa familiar

Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL
25/04/2018
02:48
Félix Todd Piñero
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La empresa familiar juega un papel muy importante en México y representa aproximadamente entre 60% y 70% del PIB de nuestro país.

Estas empresas viven momentos complejos, debido a la carga administrativa y fiscal que enfrentan, además de una fuerte competencia, lo que las obliga a ser más eficientes en su operación para lograr “sobrevivir en el tiempo”.

Las empresas familiares son resultado de una compleja combinación de intereses en donde coexisten el patrimonio, la familia y factores emocionales. Así, hoy vemos que cuando existen familias armoniosas y bien integradas es más fácil encontrar empresas que adoptan estas mismas características; en cambio, cuando las relaciones son conflictivas, las empresas terminan fracasando. De esta manera, las empresas son un reflejo de los valores, la confianza y la solidaridad que transmite cada familia.

Toda empresa, independientemente de su tamaño, tiene el reto de sobrevivir a través de ser eficiente, profesional y de obtener buenos resultados en el tiempo.

No hay dos familias iguales en las que sus integrantes se comporten de manera previsible, por ello es fundamental que los fundadores fijen reglas de convivencia que reconozcan estas diferencias y expresen su voluntad a través de una serie de reglas que se puedan plasmar en un acuerdo o protocolo familiar, el cual debe verse como un documento “vivo” que con el paso del tiempo y el cambio de la empresa familiar debe permitir la adaptación a las nuevas circunstancias y retos que tiene el negocio.

Las experiencias han demostrado que los más difíciles y enconados litigios se producen entre los miembros de una misma familia. Esto es resultado de que puede llegar a existir pasión, enojo y hasta cierto resentimiento. Lo anterior se debe prevenir cuando aún es posible hacerlo y cuando los miembros fundadores tienen la fuerza para imponer sus decisiones, teniendo en cuenta que su retiro es parte de un proceso natural y que si se desea la permanencia de la empresa dentro de la familia, deben existir reglas que aseguren un proceso de sucesión exitoso.

Hoy, la mayoría de los negocios familiares no pasan de la primera generación y los estudios muestran que casi 70% de las empresas familiares terminan desapareciendo, debido en gran parte a que sus socios accionistas fundadores no se prepararon para darle continuidad a sus negocios.

Por tal motivo, los miembros de la segunda generación, deben implementar las medidas necesarias para continuar con el proceso de institucionalización de la empresa y lograr que pueda pasar con éxito a la tercera generación, en la que el porcentaje entre las empresas familiares que logran sobrevivir se reduce de 12% a 15%.

En el IMEF consideramos que cada empresa familiar, de acuerdo con su tamaño y características particulares, debe definir las reglas de interacción entre la familia y la empresa. El gobierno corporativo debe ser visto como una herramienta estratégica eficaz para lograr esta institucionalización y una manera entre otras de hacerlo es permitir incorporar en sus consejos de administración a personas especialistas que por medio de su experiencia y conocimiento, ayuden a diversificar y fortalecer sus procesos de toma de decisiones.

Reconocemos que la incorporación de consejeros independientes es uno de los primeros pasos para que la empresa familiar vaya institucionalizando su manejo, ya que es un papel primario para que la empresa adopte gradualmente principios y reglas para un efectivo gobierno corporativo.

También consideramos que no existen recetas perfectas y que no debe verse al gobierno corporativo como una camisa de fuerza, sino que acorde al tamaño y características particulares de la empresa, se tienen que definir las mejores reglas para alcanzar una efectiva dirección y vigilancia.

Como IMEF, hacemos la invitación para que las empresas familiares se manejen de manera institucional, alcanzando acuerdos, fijando reglas y suscribiendo protocolos. Los esquemas siempre serán diversos y él o los miembros fundadores siempre tendrán el derecho de definir los esquemas de institucionalización que mejor garanticen la sucesión y supervivencia de la organización.

Todo ello, además de contar con un gobierno corporativo que se adapte a la empresa familiar y que le permita navegar y transitar en el tiempo.

 

Presidente del Comité Técnico Nacional
de Gobierno Corporativo del IMEF

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