No confundirse es vital para la continuidad de su empresa

14/12/2017
03:19
Ricardo Aparicio C astillo
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En la dinámica de las empresas familiares existe el riesgo constante de caer en confusiones que pueden derivar en serios problemas. Uno de ellos es confundir la naturaleza y necesidad de los flujos monetarios, sin distinguirlos y separarlos adecuadamente.

Carlos Llano, fundador del IPADE, señalaba tres confusiones en las empresas familiares que conviene tener presentes para evitarlas.

1) Las funciones de la familia y las de la empresa: Similar al paternalismo, donde el fundador da dinero desde su empresa a quien él quiere, pero de manera desordenada. El efecto de esto es la imposición y una relación jefe-subordinado que se superpone a la de padre-hijo de manera preponderante, mientras las relaciones hijo-padre (subordinado-jefe) apenas existen.

El paternalismo prolonga un ambiente de protección que es propio de la familia, pero en la empresa resulta limitante.

Cuando el padre es a la vez jefe se puede dar una especie de dictadura donde se convierte en amo de bienes y de personas.

Si el hijo o hija no obedecen, simplemente se les limita o elimina la entrega de dinero de la cual dependen para vivir y no cuentan con alguna otra fuente de ingresos.

La familia y la empresa poseen funciones que no deben mezclarse. Se trata de entidades autónomas. La confusión entre familia y empresa suele encontrarse en la figura de un jefe, quien lo es en su familia y en su empresa. Mientras más grande sea esta confusión, más complicados serán los problemas en el negocio familiar.

2) La minimización del flujo trabajo-salario: Al pagar a un familiar un salario simbólico o asignarle un sueldo desproporcionado, la relación trabajo-salario pierde el valor económico verdadero.

Este fenómeno suele llevar a fricciones fuertes entre los familiares, sobre todo cuando uno de los integrantes trabaja mucho y no ve justo que otro, que hace menos, reciba un mismo sueldo o una remuneración desproporcionada a su contribución real.

Es un gran riesgo que la remuneración de los jóvenes no sea de acuerdo con su servicio o mérito real, sino que dependa de factores de orden exclusivamente familiar.

3) La confusión del flujo trabajo-salario con el flujo beneficio-inversión: Esta es quizá la más grave y común de las confusiones. Consiste en pagar por concepto de salario el beneficio de la inversión, o remunerar como beneficio lo que es verdaderamente un salario derivado del trabajo.

Es difícil hallar una empresa en la que esta complicación no esté presente. La confusión reside en justificar que el familiar no recibe un pago porque eventualmente será el dueño o por ser el dueño.

La dirección es remunerada sólo con las utilidades de la inversión y, así, la empresa le exige a su dueño su permanencia y una especie de esclavitud, porque el negocio no rinde para remunerar a un director profesional.

Cuando se dirige (y se cobra por dirigir) por razón de ser propietario y no necesariamente por ser buen director se cae en la trampa más profunda de los negocios familiares, haya o no lazos de consanguinidad entre los directores y propietarios.

Un remedio puede ser comparar constantemente los criterios de remuneración de la empresa familiar con los de otras compañías del mismo sector.

Caer en estas confusiones es muy fácil, sobre todo con el paso del tiempo y la incorporación de varios familiares.

Salir de éstas puede ser extremadamente difícil y demandar un alto costo, especialmente emocional, pero sin duda vale la pena para asegurar la continuidad de
la empresa.

   

Director del Centro de Investigación para
Familias de Empresarios - BBVA Bancomer, del IPADE

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