Economía del conocimiento: apuesta para el crecer

20/03/2018
01:23
Mauricio Millán C.
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El conocimiento siempre ha sido un elemento fundamental para generar valor económico agregado; lo radicalmente diferente en la llamada economía del conocimiento es que este flujo de información y conocimiento intangible influye de forma directa en el proceso de producción. Incluso, la creación de conocimiento puede incrementar la capacidad de los factores de producción tradicionales y crear valor añadido a nuevos productos y servicios, constituyéndose en el centro de la revolución del conocimiento en el ámbito económico.

Desde hace dos décadas se ha caracterizado a esta etapa histórica como la era de la información; esto es, las tecnologías de la información y comunicación (TIC) han sustentado la base material de una sociedad cada vez más interconectada. Como consecuencia de estos profundos cambios tecnológicos, también se ha transformado la economía, ello para competir en un mundo donde la producción, distribución y uso del conocimiento y la información sean cada vez determinantes en el proceso de producción; lo anterior, es justamente lo que se conoce como economía del conocimiento y la consultoría forma parte de ella.

En términos generales, la economía basada en el conocimiento, o industria del conocimiento, utiliza éste para generar valor y riqueza. Actualmente comprende rubros tan amplios como la educación, la investigación, la tecnología, la informática, las telecomunicaciones, la robótica, la nanotecnología y la genética, entre otras.

Por esta razón, en las últimas décadas, la competitividad de las empresas ha estado determinada cada vez por los activos intangibles, es decir, por la información digitalizada, la propiedad intelectual, el capital humano y las competencias económicas.

Difícilmente una sociedad puede transitar hacia una economía del conocimiento sin antes contar con una disponibilidad de tecnologías de la información y comunicación, particularmente acceso universal a Internet. El panorama de México respecto a este tema presenta diversos retos. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2017, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2017 hay 71.3 millones de usuarios de internet, que representan 63.9% de la población de seis años y más. Esta cifra muestra un aumento de 4.4 puntos porcentuales respecto a la registrada en 2016.

 

 

 

Si bien se ha avanzado en la penetración de internet en México, la proporción respecto de otras naciones es todavía menor. En países como Suecia (96.2%), Reino Unido (94.6%), Corea del Sur (92.7%), Japón (92%) y Alemania (90.3%), nueve de cada diez personas son usuarios de internet; mientras que para México la proporción es seis de cada diez personas (63.9%), no obstante esta cifra resulta superior a la registrada en países como Brasil (58.8%), Colombia (58.1%) y Sudáfrica (54%).

De igual manera, la economía del conocimiento ha permitido reducir costos de transmisión de información y, sobre todo, ampliar la capacidad para almacenamiento. Las empresas de hoy pueden beneficiarse del Big Data (análisis masivo de datos), junto con el Cloud Computing (almacenamiento en la red), que se han convertido en un repositorio de información que luego puede generar conocimiento, ya que las tendencias dentro de los datos permiten a las empresas actuar de manera estratégica. También el Big Data permite incrementar la eficiencia en la identificación temprana de riesgos potenciales antes de que impliquen mayor costo. Por todo ello, la capacidad para gestionar conocimiento es crucial en la economía del conocimiento y un medio justamente es la consultoría que traduce información en este conocimiento.

La transición hacia una economía del conocimiento puede tener como incentivos atraer una mayor inversión extranjera, un repunte de la innovación tecnológica o generar sinergias benéficas con los sectores industriales tradicionales en México. En este sentido, las Pymes podrían desempeñar un rol decisivo en dicha transición, especialmente cuando se acompaña dicho proceso con activos intangibles que logran su consolidación.

A pesar del bajo nivel de inversión en Investigación y Desarrollo (I+D), que en México apenas alcanzó el 0.5% del PIB en 2016, distintas industrias reconocen el papel fundamental de la ciencia y la tecnología, así como de la consultoría para fomentar la competitividad, incrementar la productividad, y mejorar la calidad de sus productos y servicios. En México, sectores como el automotriz, el aeronáutico y el farmacéutico pueden contribuir a la transición hacia una economía del conocimiento.

Vicepresidente de Consultores Internacionales S.C.

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