Crisis de los 30
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Cosas de heteros

13/06/2017
09:09
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Hace un par de semanas llegó a Twitter una cuenta chingonsísima: @CosasHetero. Es una burla al estereotipo del hombre cisgénero heterosexual mexicano. O sea, lo que para mí eran bugas genéricos y que Andonella y Gustavo Prado llaman “hombres vestidos de hombres”. (¿Cómo les dicen ustedes?). 

No faltó la indignación por parte de los bugas, porque #NotAllBugas. BuzzFeed hizo un post al respecto. Fue un tema muy candente que disfrutamos mientras oíamos a Audioslave comiendo alitas SUPERPICANTES y lucíamos nuestras chamarras pachonas de la NFL. 

A mí me parece que, independientemente de que el humor sea de buena o mala calidad, es medio obtuso creer que mofarse del grupo que tiene tooooodos los privilegios puede equipararse con los chistes sobre gordxs, mujeres, pobres, gays o alguna minoría racial. No, no es igual. Porque en este mundo lo “normal” es ser hombre, cis, hetero, blanco, delgado, sin discapacidad, de clase media o alta (HCHBDSDCMOA a partir de ahora, ¡las siglas más fáciles del mundo!). Entre más categorías incumplas, más “color de hormiga” se ponen las cosas para ti, y más obstáculos tendrás para vivir chido. O para vivir, punto. 

Creo que faltó mencionar un punto clave con el que yo siempre insisto (o sea, neceo): en la comedia se vale tirar parejo o para arriba, pero no para abajo. Por ejemplo, yo podría hacer un chiste de las mujeres blancas, de complexión media o delgada, heterosexuales y de clase media o clase alta, pero estaría de la verga burlarme de una mujer indígena y/o gorda y/o lesbiana y/o trans. Ni que fuera estandopera (#NotAllEstandoperxs). En ese sentido, los HCHBDSDCMOA tienen un mayor reto para hacer humor sin hacer un cagadero ni alborotar a la patrulla Conapred. PERO SÍ SE PUEDE. Si no lo creen, vean lo que están haciendo ahora mismo los comediantes gringos. 

Bueno. Todo esto me vino a la mente el domingo en la tarde, mientras bebía litros y litros de gomichelas. Esta maravillosa bebida-alimento-golosina, que estoy segura que es el placer culpable de más de un snob, suele servirse en lugares frecuentados por bugas genéricos que, “por lo mismo de su condición”, son fans de los deportes. Entonces, para satisfacer mi antojo de cerveza con chilito, tuve que chutarme el partido rodeada de fans que le gritaban “EEEEEEEEEH PUTOOOOOOO” a la pantalla... porque todos sabemos que eso contribuye a que gane México. ¿O cómo era? 

Yo, que vivo en un mi mundo de buga genérica, y para colmo feminazi, pensé que ya se había superado ese desmadre. Que la FIFA ya había regañado a los fans y que, temerosos de que les quiten sus futboles, la porra había cedido. Que ya habían inventado otra cosa. Pero no. Gritaron como nunca, empataron como siempre. Y ayer vi que resucitó la discusión sobre si se vale o no gritar esta palabra. A mí me gusta citar este texto añejo de Estefanía. Pero ya hasta en Sopitas lo explicaron. Sin embargo, se siguen aferrando al grito de PUTOOOOO como si fuera su derecho inalienable usar como insulto una palabra que se sigue usando para el odio. #CosasDeHeteros. 

Uno de los argumentos más frecuentes que he visto es éste: “Es que mis amigos gays se dicen puto los unos a los otros”. Sí, también los negros se llaman “nigga” entre ellos. Te invito, querido computriota, a que le vayas a gritar así a un compa del South Side de Chicago, a ver cómo te va. 

Es como en la comedia: entre personas con privilegios equiparables se vale, pero si tú eres parte de un grupo opresor (aunque como individuo seas muy bueno y “hasta tengas amigos jotitos”), neta no, no, no. No se puedem. 

Por otro lado, y en un extremo todavía más ridículo de la polémica, los machos progre citan a Quevedo para que no les quiten su EEEEH PUTOOOOOOO. Es neta. Hijos de su Marcelino Perelló. 

Qué chido amigos, ¿por qué no van y se pinches mueren de peste bubónica si tanto les gusta el siglo XVII? 

Ya me voy a dormir, porque como buena mujer blanca de la Romacondesa, mañana tengo aerobics, brunch en un restaurante vegano, trabajo freelance que hacer en mi MacBook, fotos urbanas que subir a Instagram, cita en un speakeasy espurio y muchas injusticias sociales de las cuales quejarme a través de mis redes sociales. SE CUIDAN COMEN KALE BAAAAAI. 

 
Como la escuela de diseño le quedaba muy lejos, Tamara De Anda (Ciudad de México, 1983) estudió Comunicación en la UNAM.

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