Crisis de los 30
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Esos malditos veganos

¿Por qué nos importa tanto a los normotragones lo que los demás comen o hacen de su vida?
04/08/2015
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Los mexicanos que hoy estamos treintones crecimos en una época en la que no existían los vegetarianos. O bueno, sí, pero quién sabe dónde. Eran más una leyenda urbana: el amigo de un compañero de oficina del tío. Te hablaban de esa persona como si fuera peligrosa, peor que los comunistas y los ateos y los homosexuales y los ateos comunistas homosexuales que escupían vegetales por la boca.
 
Nuestro primer encuentro con el concepto de vegetarianismo fue a través del Conde Pátula: el pato al que iban a convertir en vampiro pero, por accidente, en el ritual usaban cátsup en lugar de sangre.
 
(No he vuelto a ver la caricatura, ¿es tan buena como la recuerdo, o ya mejor ni le muevo?)
 
Ya en la universidad, si acaaaaaso, empezábamos a conocer a los primeros vegetarianos "de verdad". Eran los dosmiles y todavía se estilaba que la ensalada "vegetariana" tuviera pollo. Nadie les hacía bullying... sólo porque en la universidad ya NADIE hace bullying. Bueno, sí les hacían bullying, pero poquito, más bien era cábula. Porque ellos tenían el argumento de la salud y de alguna manera era cool y tenían las quesadillas-de-queso y el arroz con huevo. Y además... ¡El Conde Pátula!
 
Luego, ya más para acá, nos enteramos del concepto de VEGANISMO. Y fue DEMASIADO para nuestro omnivorismo fundamentalista: ¡¿QUÉ LES PASA?! O sea, ¿no es suficiente con que no maltratemos a los perros ni apaleemos focas bebé ni nos pongamos abrigo de piel de animal en peligro de extinción para ir a la ópera en Bellas Artes en primavera? EXIGIMOS NUESRO DERECHO A QUE TODOS COMAN IGUAL QUE NOSOTROS.
 
¿Por qué nos caen tan gordos los veganos? ¿De verdad son tan insoportables? El omnívoro indignado pinta al vegano de la siguiente forma: es un hipster o un punk malvado y egoísta que te desprecia no sólo por comer ANIMALES MUERTOS, sino por respirar el mismo aire que ellos. Este vegano de caricatura, además, es un nini que dedica todo su tiempo a cocinar pizzas veganas, hacer composta y ensayar con su banda —de indie o de punk, según sea el caso—, cuyas letras hablan de los derechos de los animales. Sobra decir que TÚ no estás invitado a sus tocadas. Y, por supuesto, es un hipócrita y malvado, porque tiene iPhone (?) y una vez se compró unos pantalones EN EL ZARA.
 
Asústame panteón. 
 
El omnívoro dice que los veganos todo el tiempo lo están juzgando, que los intentan convertir a su secta de comida con sabor a cartón, que no pasan tres minutos sin que hable de su SATÁNICO régimen alimenticio y quieran obligarlo a comer una zanahoria hervida SIN SAL en contra de su voluntad.
 
Este vegano, igual que las feminazis, no existe. O sea, sí es vegano y en una de esas sí cocina pizzas y quizá hace composta y a lo mejor toca con su banda, pero te da una rebanada y está deliciosa y luego SÍ te invita a su tocada y todos beben chelas TRASNACIONALES y comen papitas con glutamato monosódico en paz y armonía. Es un mundo lleno de contradicciones en el que veganos y omnívoros podemos convivir en armonía. 
 
Además, en contra de lo que todos dicen, los veganos no hablan constantemente de su veganismo; al menos no más que nosotros sobre las cosas que nos apasionan o que marcan nuestro estilo de vida (yo todo el pinche tiempo atosigo a la gente con charlas sobre mis gatitos, las series de tele que me gustan, mi odio a la playa y mi necedad de usar botas todo el año). Pero la frase "Soy vegano" se magnifica en nuestra cuadrada cabeza. Por inesperada y porque nos da culpa.
Pensamos en los vídeos de puerquitos desangrándose y pollitos hacinados y vacas golpeadas. Entonces le ponemos palabras en la boca al prójimo: "Es que me dijo que era vegano y me barrió y me vio con unos ojos que CLARAMENTE querían decir 'Maldito asesino, ojalá te atragantes la próxima vez que estés comiendo cerdo con verdolagas y te mueras', güey, me juzgó CABRÓN, me deseó LA MUERTE con la mirada, QUÉ HIPÓCRITA". 
 
El odio a los veganos está horrible. Los memes. La chistes (malísimos). El desprecio en las conversaciones cotidianas. El "No me digas que eres vegano" es el nuevo "No me digas que eres puto". 
 
¿Por qué nos importa tanto a los normotragones lo que los demás comen o hacen de su vida? ¿Por qué somos tan juzgones? Y, sobre todo, ¿por qué no podemos reconocer que los tacos veganos de Chiapas y Manzanillo son de las cosas más ricas de la ciudad?
Como la escuela de diseño le quedaba muy lejos, Tamara De Anda (Ciudad de México, 1983) estudió Comunicación en la UNAM.

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