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Un mundo nos vigila: nos copia, nos lee, nos graba

Los que nos vigilan sin ser vigilados se mueven desde la más cínica y perversa incongruencia: actúan fuera de la ley sin que ello les represente penalización alguna. Burlan los límites mientras ellos permanecen amurallados. Obligan a la transparencia mientras ellos se conducen desde la total secrecía y blindados.
10/07/2015
14:23
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Los que nos vigilan sin ser vigilados se mueven desde la más cínica y perversa incongruencia: actúan fuera de la ley sin que ello les represente penalización alguna. Burlan los límites mientras ellos permanecen amurallados. Obligan a la transparencia mientras ellos se conducen desde la total secrecía y blindados. 

En la columna que Raymundo Riva Palacio dedica a cómo el gobierno mexicano ha espiado masivamente a los mexicanos a través de la empresa italiana Hacking Team,al intervenir dispositivos móviles, copiar mensajes de texto y conversaciones, y grabarlos mientras trabajan, el periodista concluye: 

''Qué fácil debe ser gobernar en México, con una sociedad tan democráticamente inmadura''.
¿Por qué se tiende a percibir este tipo de espionaje como algo lejano o que sólo afecta a aquellos que andan en malos pasos? No terminamos de dimensionar la gravedad de que seamos observados, leídos, copiados, grabados, cuando se trata de actos intromisorios, como si alguien entrara a nuestras casas y revisara y robara nuestras pertenencias: sobre todo se trata de acciones ilegales. 
Los medios digitales son instrumentos que deben garantizar nuestro derecho fundamental a la libre expresión, sin embargo pareciera que nuestros gobiernos quieren valerse de las tecnologías para supervisarnos y suprimir esta libertad. 
En este sentido, el sector privado es igualmente responsable, especialmente las empresas tecnológicas, nacionales y extranjeras, que facilitan dicha supervisión. Según algunos de los contratos que ya han salido a la luz, dicho espionaje, encubierto con eufemismos como ''conocimiento, análisis y vinculación'', pero espionaje al fin y al cabo, tiene por objeto establecer las bases para una gobernabildad democrática: otra vez, el fin justifica los medios y, mientras tanto, que la gente abra la puerta a la invasión y el robo de sus datos e historial, de sus audios e imágenes, y se deje ultrajar.
Ya la Red de los Derechos Digitales dijo que el gobierno no debe intervenir comunicaciones privadas por lo que dichas acciones son ''categóricamente ilegales''. ¿Cómo podemos entender lo delicado del asunto? Este tipo de vigilancia viola nuestra esfera más íntima; compromete nuestra libertad de pensamiento y de opinión y promueve un clima de autocensura que afecta la libertad, no sólo de expresarnos sino de buscar información, bajo amenaza, no siempre explícita, de ser víctimas de represalias y persecución.
Según la declaración formulada por PEN Internacional a propósito de la Libertad de Expresión en Medios Digitales, los límites pueden establecerse en circunstancias excepcionales si incitan a la violencia y la vigilancia debe hacerse en cumplimiento de la ley o en respuesta a investigaciones de seguridad nacional. No obstante, incluso durante periodos de descontento o crisis, es ilegal bloquear el acceso o limitar el uso de estos medios y dispositivos. Ahí se advierte muy claramente que los gobiernos no deben tratar de tener acceso a las comunicaciones entre particulares ni vigilar el uso ni seguir los movimientos que cada individuo haga de la red.
El gobierno tendría que, incluso, notificar a las personas cuya información ha sido recopilada. Como se mencionó ya, la responsabilidad del gobierno tampoco exime al sector privado que está obligado a informar a detalle cómo sus productos y servicios afectan los derechos humanos en los países que opera y estos derechos incluyen la libertad de expresión.
Pareciera que quiénes toman estas decisiones olvidan, o hacen como que olvidan o sencillamente no les importa, que el pleno ejercicio de la libertad de expresión implica el derecho a la privacidad. Se mueven desde la más cínica y perversa incongruencia: actúan fuera de la ley sin que ello les represente penalización alguna. Burlan los límites mientras ellos permanecen amurallados. Obligan a la transparencia y desnudez de los otros mientras ellos se conducen desde la total secrecía y blindados. 
Hay quien dice que recabar esa información no significa que necesariamente vaya a utilizarse, pero recabarla de hecho ya es ilegal por tratarse de datos y material privados. 
Con todas sus letras: la vigilancia sistemática pone en riesgo la libertad de expresión, la privacidad, la integridad y la seguridad de los individuos, la presunción de inocencia y demás logros y valores. Pone en riesgo la democracia. 
 

De vuelta a las andadas en la era de WhatsApp, Tinder y Snapchat. Escritora y periodista. Promotora de abrir la mente y liberar la palabra… y el cuerpo. Divorciada y mamá de dos adolescentes. Autora...
 

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