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Ser mitómano es divertido

15/04/2017
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Texto: Frida Sánchez 

…pero no tiene un gramo de sano. Hace unos días le conté a Miguel Ángel sobre el tema de esta semana, él pareció muy interesado. Sobre todo cuando le dije que sí, efectivamente conozco a un mitómano. A veces los tabúes no permiten comprender al ciento por ciento estos padecimientos, por la delicadeza de su origen, de ahí que Miguel me animó a adentrarme más al tema.

Conocí a N (lo llamaré así para evitar problemas) desde el primer día de clases en la Facultad; él es sin duda, una de las personas más creativas que he conocido en los últimos años. Todo el tiempo tiene historias que contar, ideas originales que plasma en sus escritos y es súper extrovertido. Podría seguir con sus cualidades, pero me centraré en ese diminuto defecto (tal vez no es tan diminuto como parece). La mayoría de las historias que cuenta son falsas; algunas veces se nota a leguas que todo es una falacia, pero hay ocasiones en las que logra convencernos a todos sobre lo que está diciendo.

Él te mira a los ojos, extiende los brazos y te estremece o alegra con un montón de palabras que emergen de una boca llena de verosimilitud. Uno le cree, se los juro, aunque sepamos en el fondo, que nos está mintiendo.

Mi mejor amigo y yo comprendimos la magnitud de su problema hace poco, un par de semanas, quizá, y aunque no quisimos decirle nada, la realidad es que ambos lo sabemos desde hace mucho, -así como seguramente otros compañeros de la Facultad lo saben-, (disculpen ustedes tanta especulación), pero nos quedamos callados. Grave error.

    –Estás de acuerdo conmigo en que N tiene un problema serio, ¿verdad? –Me preguntó mi mejor amigo casi cuchicheando a media clase de géneros, mientras N le contaba a nuestros compañeros quién sabe qué cosa acerca de su pasado. Pues sí, estoy de acuerdo. De pronto exagera verdades, te dice que dio una charla frente a 4, 000 personas o que vio a una bruja en un pueblo de Morelos. Hace muchas muecas y mueve las manos con cada palabra que dice. En lo personal, me encanta escucharlo hablar, me fascinan sus anécdotas, pero es cierto también que esas mentiras podrían ocasionarle un problema severo en el futuro.

El fin de semana, después de algunas charlas sobre el tema, me decidí asistir con un especialista para conocer sobre el padecimiento y así apoyar a N. A la mitomanía también se le denomina pseudología fantástica y es un padecimiento en el que el afectado tiende a deformar la realidad en busca de atención o admiración. El primer paso para solucionar el problema de tajo es enfrentar al mitómano, encarar sus mentiras y hacerle ver que lo que hace no es precisamente lo más adecuado.

El especialista me habló sobre terapias cognitivas, en las que tanto el paciente como los involucrados (amigos, familiares y demás cercanos) detecten cuáles son los pensamientos que orientan al individuo a transformar su realidad e incluso sus recuerdos.

N modifica sus verdades, sufre delirio de grandeza, Por ejemplo, una ocasión nos contó cómo se las arregló para atravesar todo el Viaducto con muy poca gasolina. Algunos meses después, con otro grupo de amigos contó la misma historia, esta vez le ocurrió sobre Reforma. “Pensé que había sido en el Viaducto”, le encaró mi mejor amigo. “No, esa fue otra vez”. Las versiones que cuenta varían entre una ocasión y otra, y siempre parece ser el héroe de sus historias, -una vez robó dinero de una caja fuerte, alguna vez viajó a Roma, nunca nadie vio las fotos del viaje, ni ese dinero de la caja fuerte-.

Aproximadamente 3% de la población mundial padece mitomanía. Las mentiras son comunes, (no me dejarán mentir… :P ) más de uno de los que están leyendo esto han llegado a mentir alguna vez en la vida, sobre todo cuando somos pequeños, pero hay que saber diferenciar entre las llamadas “mentiras piadosas” y un padecimiento neurótico que podría acabar por destruir la vida de alguien.

   Parece que es momento de enfrentar las mentiras de N.

 

Frida Sánchez, Comunicación y Periodismo, UNAM.

@frida_san24

 

 
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