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Seguimiento a la crisis entre Qatar y vecinos: el factor Trump

26/06/2017
16:12
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Al día siguiente de que estallara la crisis diplomática entre Qatar y varios países árabes, la voz de Washington se hizo escuchar con firmeza: el ejército estadounidense declaraba que mantendría sus lazos militares con Qatar, y el Departamento de Estado afirmaba que contribuiría con esfuerzos diplomáticos para ayudar a resolver el conflicto. Gracias a esas expresiones, muchos temores se calmaron; se asumía que, sumado al de Kuwait, el rol mediador de Washington tenía un gran potencial de rendir frutos. Sin embargo, pasados los días, las posiciones no parecen estarse acercando, sino al revés. El viernes, Arabia Saudita y otros países árabes demandaron a Qatar una serie de condiciones de tal dureza, que no han sido vistas siquiera como una posición inicial para negociar. Por otro lado, la conducta errática de Estados Unidos al respecto de esta disputa, marcada por los tuits y declaraciones de Trump, la renuncia de la embajadora estadounidense ante Qatar, y lo que parece un evidente forcejeo al interior del equipo del presidente, no han sido factores que contribuyan a resolver esta crisis, sino que la están complicando aún más. Hoy en el blog, actualizamos el tema.

En el fondo
Este es un texto de seguimiento. Si usted gusta revisar un primer análisis en donde explicamos lo que hay de fondo en la disputa entre Qatar y Arabia Saudita (además de otros países de la región), puede visitar este enlace: http://eluni.mx/2tNU6Gm

Por lo pronto solo reiterar que la rivalidad entre Qatar y Arabia Saudita no empieza ahora sino hace años. Si hubiera que sintetizar ese enfrentamiento habría que recalcar que se trata de los choques y tensiones naturales que se producen entre el líder tradicional de los países sunitas del Golfo –Arabia Saudita, una potencia media con capacidades y ambiciones geopolíticas muy importantes y conocidas-, y un poder emergente, Qatar, que cuenta con mucho dinero disponible (un producto per cápita varias veces del tamaño del saudí, por ejemplo), con un considerable poder suave y capacidad de influencia (sede de Al Jazeera entre otros componentes de ese poder suave, grupo de medios financiado por el gobierno qatarí),  y sobre todo, con aspiraciones de conservar una política exterior independiente a aquella de los saudíes, así como de proyectar el peso que siente que merece a nivel regional e internacional.

Es decir, en el fondo, mientras Qatar tenga las aspiraciones que tiene, y mientras cuente con el poder material y político para hacer sentir su influencia en toda la región, es probable que siga chocando con Riad y con los países del Golfo más alineados a Arabia Saudita. Pero aún dentro de esas rivalidades hay espacios para el acomodo. Y tras el conflicto desatado hace pocas semanas, había signos de que esos acomodos podrían llegar más pronto que tarde.  
 

El factor Washington  

1. El interés de Estados Unidos en resolver la crisis es obvio. Dada la inestabilidad que se vive en Medio Oriente, Washington necesita de la cooperación de cada uno de sus mayores aliados para poder contribuir a resoluciones favorables a sus intereses de largo plazo en cuanto a varios de los conflictos que hay en la zona, empezando por Siria, pero también otros como Yemen, Libia o el propio conflicto palestino-israelí. Las rivalidades y choques entre dichos aliados pueden resultar en obstáculos importantes en los esfuerzos, agenda e intereses de la Casa Blanca. 

2. Adicionalmente, si una de las metas de la administración Trump es combatir eficientemente al terrorismo, -concretamente a organizaciones como ISIS o Al Qaeda- esto se puede dificultar considerablemente si sus aliados regionales rompen sus lazos entre ellos. 
 

3. Un factor adicional: Si Qatar es aislado, es natural que ese país busque apoyo en otros actores. Algunos de esos actores pueden ser amigos de Washington, pero distantes, como lo es la Turquía de Erdogan; otros actores pueden ser adversarios geopolíticos de Estados Unidos como Irán o Rusia. Estas dinámicas ya han iniciado, no con el conflicto diplomático actual, pero sí se están viendo aceleradas con la misma.  El aislamiento prolongado del emirato, no puede sino contribuir a ese proceso.   
 
4. Tanto el Pentágono como el Departamento de Estado comprendieron desde el inicio de la crisis diplomática, que no estaba en los intereses de Washington el que sus aliados clave en Medio Oriente se peleen entre ellos. Por lo tanto, decidieron enviar las señales correspondientes de manera muy temprana en dicha crisis: (a) Se declaró que Washington no estaba contemplando mover sus instalaciones militares que mantiene en Qatar (las segundas en tamaño de toda la región); (b) Se ofreció de manera inmediata los servicios del Departamento de Estado para mediar en la controversia diplomática; (c) El Secretario de Defensa, James Mattis, firmó con su contraparte qatarí, acuerdos de compra-venta de aviones militares justo en estos días; (d) Se llevó a cabo ejercicios navales conjuntos entre EU y Qatar; y (e) Tillerson, el Secretario de Estado, pidió a Arabia Saudita a expresar demandas concretas para poder iniciar negociaciones con Qatar. 

 

El factor Trump
1.En varios círculos en Washington, sin embargo, hay la percepción de que Trump no ha querido o no ha sido capaz de entender los elementos arriba señalados. Primero, sus tuits y declaraciones parecen mostrar que el presidente adopta el lado saudí en la disputa. Luego, la renuncia de la embajadora estadounidense ante Qatar exhibe lo que ella califica como “obstáculos” por parte del presiente para poder llevar a cabo una labor de mediación eficiente. Por último, se filtra a la prensa que lo que hay detrás, es un pleito entre el Departamento de Estado, comandado por Tillerson, y Jared Kushner, yerno de Trump, uno de sus principales estrategas. 
 
2. Sea cual sea la causa –la visión personal de Trump, los enfrentamientos entre él y miembros de su equipo, o las rivalidades al interior de la administración- al final lo que resulta es una política exterior errática que, entre otras muchas cosas, no parece estar contribuyendo a resolver esta crisis ni a ofrecer una mediación eficiente, sino quizás, al revés. 
 
3. Por ejemplo, usando un lenguaje que fue interpretado como crítico de Arabia Saudita (posiblemente para intentar equilibrar las declaraciones de Trump, o tal vez para tratar de ofrecer una mediación más fluida), Tillerson declara la semana pasada, que, hasta ese momento, él no había visto ninguna demanda concreta a Qatar por parte de Riad y sus aliados, a fin de poder iniciar seriamente las negociaciones con Doha. La respuesta saudí fue pronta y contundente. Sabiendo que cuenta con el respaldo directo del jefe de Tillerson, Donald Trump, Riad elaboró una lista de demandas de tal dureza, que, en lugar de funcionar como punto de partida para negociar, han tenido el efecto de alejar las posiciones.
 
Las demandas a Qatar
1. Las demandas incluyen cuestiones como cortar todo lazo diplomático o militar con Irán, cerrar de manera definitiva y total Al Jazeera y otros medios financiados por el emirato, terminar cualquier contacto con organizaciones como la Hermandad Musulmana (“además de otras agrupaciones terroristas”, varias de las cuales Doha no reconoce apoyar) y “alinearse con los otros países árabes y países del Golfo militar, política, social, económica y financieramente”.  
 
2. Si tuviéramos que resumir las demandas que Riad está haciendo a Doha para restaurar las relaciones diplomáticas, podríamos decir que se le exige renunciar al nivel de autonomía en política exterior que Qatar ha desarrollado y con ello, reducir sus aspiraciones de influir en los eventos –de una manera independiente a Arabia Saudita y a sus vecinos-, que hoy marcan una región enormemente convulsa.    
 
3. Por el lenguaje empleado –entre otras cosas, Qatar tiene solo 10 días para cumplir con cada una de las demandas o estas se retiran de la mesa- y por la naturaleza de las demandas, no se trata de una lista clásica para iniciar negociaciones, sino aparentemente de un endurecimiento de la posición saudí y la de sus aliados del Golfo. 
 
4. Por su parte, Qatar ha respondido también endureciendo la propia: “Las negociaciones no iniciarán antes de que los lazos diplomáticos y económicos sean restaurados”, dice el emirato. 

¿Hacia dónde camina la crisis?
Tanto por situaciones similares que han ocurrido en el pasado –aunque ninguna de esta magnitud- como por la posición inicial de ciertos actores clave dentro de Estados Unidos (hoy mismo el líder del comité de Relaciones Exteriores del Senado anunció que retendría el consentimiento del Senado para la transferencia de armas a los miembros del Consejo del Golfo si es que esos países no resuelven sus diferendos), así como por la prevalencia de intereses comunes, uno podría pensar que esta controversia debería resolverse en no demasiado tiempo. Es decir, la lógica diría que Qatar podría ser capaz de efectuar algunas concesiones, tratar de acercar un poco más sus posturas a las de Arabia Saudita, al menos en ciertos temas, y quizás librar la crisis conservando aún un alto margen de maniobra e independencia, como ya ha sucedido antes.

Sin embargo, hasta ahora, eso no es lo que parece estar ocurriendo. Esto se debe en parte a que Riad considera que cuenta con el suficiente respaldo a nivel regional para poder seguir ejerciendo presión. Pero a esa ecuación, sin duda, hay que añadir el factor Trump (o quizás mejor dicho el factor Trump-Kushner). Los saudíes se sienten plenamente arropados, quizás no por el Departamento de Estado, o por el Departamento de Defensa, pero sí por el jefe de todos ellos. Así que, muy probablemente, esta crisis solo se empezará a resolver en la medida en que los muchos actores en Washington que no consideran que las circunstancias actuales benefician a los intereses de la superpotencia, puedan convencer o empujar a Trump para empezar a presionar a sus amigos saudíes con el fin de dar inicio a negociaciones serias entre todas las partes. ¿Complicado? Seguiremos comentando.

Twitter: @maurimm
 

Arenas Movedizas es un espacio para conversar sobre temas internacionales relacionados con el conflicto, intentando aportar siempre la perspectiva de construcción de paz que a veces tanto nos hace...

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