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Asesinato de periodista Rubén Espinosa: cuasi-terrorismo y ataque a paz desde la raíz

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A todas y todos los periodistas que ejercen su profesión con valentía y honestidad de manera cotidiana. Todo mi cariño, respeto y solidaridad
11/08/2015
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El asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa y las personas que con él estaban en la Ciudad de México, así como la violencia ejercida en general en contra de periodistas y medios de comunicación a lo largo de los últimos años, no son temas que deben importar exclusivamente al gremio periodístico o a la gente interesada cuestiones de medios. Tampoco se trata de un tipo de violencia que es idéntica a la -eso sí, igualmente lamentable- violencia que se vive en gran parte del país en contra de personas de otras profesiones u oficios. La violencia contra periodistas debe ser categorizada aparte por dos factores esenciales: (1) El libre flujo de la información es considerado como una de las ocho columnas vertebrales de la paz, o componentes esenciales de las sociedades pacíficas. Por consiguiente, cualquier atentado en contra de dicho libre flujo de información, es un atentado directo contra la paz desde su raíz, y (2) Los efectos psicosociales generados de manera indirecta en otros periodistas y trabajadores de medios, como consecuencia de lo que podría entenderse como una estrategia cuasi-terrorista. Hoy en el blog, explicamos esos dos temas.

Los ocho pilares de la paz

A partir de su amplia investigación cuantitativa y cualitativa en esta materia, desde hace tiempo el Instituto para la Economía y la Paz (IEP) ha detectado que la paz está compuesta de ocho pilares o columnas. Se trata de condiciones que existen al interior de las sociedades más pacíficas, o entre países vecinos en situación de paz. Es decir, el ADN de la paz se compone, de acuerdo con esta serie de estudios, de los siguientes elementos: (1) Gobiernos que funcionan adecuadamente, (2) Distribución equitativa de los recursos, (3) El flujo libre de la información, (4) Un ambiente sano y propicio para negocios y empresas, (5) Un alto nivel de capital humano (generado a través de educación, capacitación, investigación y desarrollo), (6) La aceptación de los derechos de otras personas, (7) Bajos niveles de corrupción, y (8) Buenas relaciones con sociedades vecinas. Así, en países como el nuestro, construir o edificar la paz, rebasa la mera reducción de la violencia o el delito, y supone enfocarnos en el corto, mediano y largo plazo, en el fortalecimiento de cada una de estas columnas. A la inversa, en la medida en que no atendamos el fondo de cada uno de los pilares mencionados, lo más probable es que nuestros niveles de paz seguirán por los suelos.

Como vemos, las condiciones de paz se constituyen no solamente por el respeto a los derechos (sociales, políticos, económicos, culturales) de otras y otros, sino también por el respeto a la libre expresión y el respeto de las audiencias a ser informadas veraz y oportunamente acerca de lo que acontece en su entorno. Por ende, la ausencia del libre flujo de información en una sociedad no es una causa de violencia, sino que es violencia estructural en sí misma. Reducir las tasas de homicidio o delito, sin al mismo tiempo fortalecer el libre flujo de la información, resulta en niveles de paz pobres o insuficientes.

Así, cada vez que se asesina o ejerce violencia en contra de un periodista o de un medio de comunicación, no se está añadiendo únicamente un número a la estadística de homicidios dolosos o de delitos en general. Se está atacando directamente al pilar que representa el libre flujo de la información, lo que nos aleja de esa paz que tanto anhelamos.

Por cierto, no se necesita asesinar periodistas o ejercer violencia física en su contra. La paz es también vulnerada cuando el libre flujo de la información es golpeado u obstaculizado de cualquier otra manera como lo es la censura o la intimidación ante el ejercicio periodístico, entre otras muchas formas.

Ataques contra periodistas, estrategia cuasi-terrorista

  1. Sobre la definición de terrorismo

El gran problema al hablar de “terrorismo” es que se trata de un concepto enormemente cargado, que es constantemente utilizado de manera política al servicio de determinadas agendas. La palabra es empleada como si se tratara de designar una clase de “mucha” violencia, o un tipo “peor” de violencia que otras violencias. Existen fuertes motivos para pensar así. Uno de los más importantes tiene que ver con el enfoque que gobiernos como el de Estados Unidos o determinadas agencias de seguridad, pueden adoptar si reconocen que en cierto país hay terrorismo, lo que podría acarrear implicaciones que van desde lo legal –por ejemplo, la aplicación de legislación antiterrorista extraterritorial- hasta lo político y lo militar. De modo que la preocupación en cuanto al término es comprensible.

Sin embargo, hay un ángulo más académico y menos político en relación con el tema. Desde esta óptica, el riesgo es caer en el error de pensar que debido al uso político que se da a dicha palabra, el fenómeno en sí mismo no existe.

Es verdad que no hay una sola definición al respecto de esa manifestación de violencia. Pero podría efectuarse un ejercicio como el que hace el experto Gadi Adelman. Empleando una muy amplia revisión bibliográfica, el autor identifica que en las diversas definiciones sobre terrorismo hay una repetición de ciertos elementos como los siguientes: (a) “violencia” o “fuerza” aparece en 83.5% de las definiciones, (b) “política” en 65%, (c) “miedo” o “énfasis en terror” en 51%, (d) “amenazas” en 47%, (e) “efectos psicológicos” en 41.5%, (f) “distinción entre víctimas y targets”  en 37%, (g) acción “planeada”, “sistemática” u “organizada”, en 32%, (h) “métodos de combate”, “estrategia”, “tácticas”, en 30%.  El Índice Global de Terrorismo del Instituto para la Economía y la Paz (IEP, 2014) incluso extiende su definición para efecto de sus mediciones, incorporando no solamente actos con motivaciones políticas, sino también económicas, entre otras.

Entonces podríamos partir de lo siguiente: El terrorismo no es cualquier violencia o “una gran cantidad” de violencia. No es “violencia que utiliza explosivos o artefactos muy vistosos”, o una violencia “peor” que todas las demás. Se puede perpetrar una masacre o un genocidio, que pudieran ser mucho más graves o dañinos que algún atentado terrorista y no tendrían por qué ser denominados terrorismo si no lo son. 

El terrorismo, en cambio, es una categoría muy específica de la violencia que se refiere al empleo de la misma en contra de civiles, o actores no-combatientes, como instrumento psicológico para afectar emocionalmente a terceros, con el objeto de generar un estado de shock, conmoción o terror en víctimas indirectas, y así poder canalizar un mensaje o reivindicación usando a ese terror como vehículo. De este modo, se pretende afectar la conducta, las actitudes o las opiniones de una sociedad o de sectores de la misma, con el propósito último de ejercer presión sobre determinados actores como pudiesen ser los dirigentes o los tomadores de decisiones. Lo que determina si un acto es terrorista no es el monto de violencia empleada, el artefacto con que el ataque se lleva a cabo o el número de víctimas directas que logra, sino la predeterminación, los móviles y la mecánica utilizada.

  1. Cuasi-terrorismo en México y el caso de la violencia contra periodistas

Lo que hemos encontrado en México no pude ser considerado, en la mayor parte de los casos, terrorismo clásico. No obstante, en muy diversos incidentes encontramos una combinación, quizás a veces híbrida, de varios de los elementos, motivaciones y mecánicas arriba señaladas. Por ejemplo, en el terrorismo clásico las víctimas directas son solo instrumentales para afectar psicológicamente a las víctimas indirectas o targets reales del ataque. Sin embargo, en México la mayor parte de los actos violentos sí buscan en principio golpear a las víctimas directas de los mismos. Aún así, muchos de esos actos violentos se cometen no únicamente para afectar a dichas víctimas directas sino para inducir miedo o terror en terceros.

La violencia se publicita, en ocasiones a través de colgar o colocar cuerpos desmembrados de las víctimas en vías públicas para que sean vistos, fotografiados, a veces con mensajes claros para que sean transmitidos y reproducidos. En otras instancias se utilizan herramientas como You Tube o Twitter para exhibir la violencia y enviar mensajes de manera masiva. A veces el target del terror es alguna otra organización criminal, algún gobierno, las fuerzas de seguridad, los/as periodistas, la sociedad misma o una combinación de las anteriores. Por ello, y para no confundir, yo he preferido emplear la palabra “cuasi-terrorismo” y no “terrorismo clásico” cuando me refiero a estos eventos. Otros/as colegas, como Brian Phillips del CIDE, han indicado que se trata de “organizaciones criminales que utilizan tácticas terroristas”.

Entender el ataque a periodistas como Rubén Espinosa, pasa por valorar los móviles y el mecanismo de la utilización de la violencia como instrumento. El target del acto no es solamente Rubén o las personas que con él estaban, sino una serie de terceros actores. Los atentados contra medios de comunicación o contra quienes en ellos laboran, buscan inducir o alterar conductas en las y los responsables de informar a la sociedad, con el objeto de que digan o dejen de decir lo que los perpetradores desean que se diga o deje de decir. De modo que aunque se pretende usar la violencia como represalia o castigo en contra de uno o más individuos, la violencia es también instrumental en la transmisión de un mensaje de terror. Los receptores de este mensaje son otros periodistas quienes a partir de estos actos, perciben que su seguridad personal o familiar corre peligro, y como consecuencia, pueden decidir informar diferente, dejar de informar, huir de los sitios donde viven o incluso cambiar de profesión.

Por consiguiente, parte de la amplia labor que tenemos que efectuar como sociedad interesada en construir la paz hacia el futuro, no es solamente resguardar las condiciones de seguridad en las que trabajan las y los periodistas y los medios de comunicación, sino atender  integralmente los efectos psicosociales que dichos periodistas padecen, tema enormemente documentado por colegas mexicanos y por investigadores internacionales (Flores, 2011; Feinstein, 2012).

En el colectivo académico México-Con Paz hemos implementado algunos talleres para apoyar a este importante sector de nuestra población. En esta liga puede usted acceder al recuento de un ejemplo de esas experiencias, aunque hemos llevado a cabo muchos más ejercicios similares en varias partes del país.

La violencia contra periodistas no es solo un tema de seguridad; es un tema de paz, que no es lo mismo.

¿Usted qué piensa?

Twitter @maurimm

 

 

Arenas Movedizas es un espacio para conversar sobre temas internacionales relacionados con el conflicto, intentando aportar siempre la perspectiva de construcción de paz que a veces tanto nos hace...
 

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