Una Mirada Ciudadana

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¿Ceder las calles a la delincuencia?

03/08/2017
12:54
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Darle un nombre a cualquier cosa nos permite mucho más que comprender su naturaleza o resumir sus características, también nos brinda cierta tranquilidad. Analizar la seguridad o la falta de ésta implica estudiar el grado de incertidumbre con el que vivimos los ciudadanos, y no hay nada a lo que temamos más que a lo que no tiene definición.

Lo menciono, porque no era la primera vez que públicamente se buscaba encuadrar el término de crimen organizado para la Ciudad de México. Ya fuera para homologar el grave problema de seguridad que vivimos en el país o sólo como un elemento adicional de ataque político, en cuatro años se ha debatido el tema.

A la luz de la experiencia que hemos acumulado en el Consejo Ciudadano, la realidad es que la delincuencia está muy bien organizada -pero toda- desde la que roba autopartes hasta la que construye redes de distribución de droga. Y, de paso, está mucho mejor articulada que nosotros como sociedad.

Definir los problemas es un primer paso para resolverlos, porque los identifica; sin embargo, sólo con ello no los solucionamos de fondo. Lo que ocurre en Tláhuac va más allá de pistolas, patrullas y policías, es un problema mayor: falta de condiciones de movilidad social que provocan la organización de grupos criminales bien armados y con una amplia red que ofrece trabajo a muchas personas que lo necesitan.

Si era cártel o no, en este momento parece ser lo de menos. La pregunta es si los ciudadanos vamos a cederle las calles y las colonias que habitamos, en la capital y en el país, a esta gran organización ilegal llamada delincuencia. Porque no debemos perder de vista que el crimen es un negocio, uno muy bueno, por cierto, gracias a la baja tasa de denuncia (en la Ciudad se ubica entre el 38 y el 40% de lo que nos ocurre, pero a nivel nacional apenas llega al 10 por ciento).

Como cualquier actividad económica, el crimen responde a leyes de mercado y a incentivos (perversos en este caso) para prosperar. A pesar de sus deficiencias, la denuncia es la herramienta más poderosa que tenemos a la mano; sin ella, no podemos presionar a las autoridades para obtener resultados. Hacer lo contrario es dejarnos devorar por el miedo.

Es poco probable que nadie supiera a lo que dedicaba Felipe de Jesús Pérez Luna. Pocos vecinos se atrevieron a denunciar ante el temor de represalias, pero lo hicieron, y eso provocó una investigación de ocho meses de acuerdo con las autoridades. Una vía confidencial, anónima y sobre todo ciudadana para hacer éstas y cualquier otro tipo de denuncias es la Línea Ciudadana, 5533-5533.

Es evidente que el grupo criminal de Pérez Luna no era uno cualquiera. Pero llegar a ese grado de sofisticación requiere de ciertas condiciones, entre ellas, de un medio social donde las oportunidades escasean y la corrupción permite miles de mototaxis no autorizados para servir de fuente de empleo, además de cierta protección oficial y de una sociedad que tolera su crecimiento.
Porque la oferta de estupefacientes responde a la demanda en una metrópoli de 18 millones de personas que conviven a diario en la Ciudad. ¿Qué estamos haciendo para disminuir ese consumo? Pero de eso, escribiremos en la siguiente oportunidad.

@LuisWertman
@elconsejomx
 
Doctor Honoris Causa por la Universidad Americana por su trayectoria como líder de la sociedad civil; Presidente de la Red Nacional de Consejos Ciudadanos de México A.C.

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