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¿Quién le teme a Joe Biden?

Algo hay en la sonrisa de Joe Biden.
03/08/2015
00:02
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Algo hay en la sonrisa de Joe Biden. Un pozo de encanto y afabilidad combinado con esa astucia política que es capaz de sonreír mientras te tuerce el brazo para arrancarte acuerdos que prometías imposibles. 

Esa cualidad le permitió convertirse en compañero de fórmula de Barack Obama en ese agosto lleno de sorpresas del 2008 en Denver, Colorado, cuando el primer candidato de raza negra le extendió la mano para subirle al tren de la historia y presentarlo como su compañero de fórmula en la lucha por la presidencia y la vicepresidencia de EU.

La mancuerna que forjó una coyuntura de cambio, y una estrategia que buscaba compensar los temores del hombre blanco ante el asalto al poder del primer hombre negro, se convertiría, con el paso del tiempo, en una de las más formidables alianzas y en una amistad que los ha fundido en blanco y negro, como forjadores de uno de los legados políticos y sociales más trascendentes desde la presidencia de Franklin D. Roosevelt.

En aquel verano del 2008, Biden contaba con 65 años y Obama con 47. Las debilidades de Obama (su inexperiencia, y sobre todo, el color de su piel) inclinaron el fiel de la balanza a favor de Biden, ese hombre capaz de lidiar con los republicanos en el Congreso y tranquilizar al mismo tiempo a ese electorado que veía con ilusión, pero también con recelo, al primer candidato de raza negra con serias posibilidades de hacerse con la oficina oval de la Casa Blanca.

Tras una encarnizada batalla por la nominación demócrata, Barack Obama había arrollado y dejado en la cuneta a Hillary Clinton, la candidata que cometió el error de creerse inevitable. La mujer que se había alzado sobre los hombros de su esposo Bill Clinton y confiaba en las lealtades de una maquinaria demócrata, al final, no tuvo más remedio que rendirse ante ese vendaval de la historia llamado Barack Obama.

Joe Biden, el hombre que cayó en la fase de primarias demócratas a manos de Barack Obama, entendió muy pronto que el hombre que lo había descabalgado de su segundo intento por alcanzar la presidencia era uno de esos políticos que se dan en generaciones.

A pesar de las alusiones desafortunadas de Biden hacia Obama, a quien acusó de no estar preparado para la presidencia y a quien consideró como el primer político afro-estadounidense que era elocuente, brillante y limpio (una línea que le valió la condena de quienes lo tacharon como un racista emboscado) el tiempo demostraría que Joe Biden no sólo sería el hombre indispensable de Barack Obama, sino quizá uno de los mejores vicepresidentes en la historia de EU.

Desde el momento en que juramentó como vicepresidente, Biden se convirtió en un amigo leal y en esa sombra que ha operado tras bambalinas para forjar algunos de los acuerdos más difíciles con el liderazgo republicano en el Capitolio, pero también para operar algunas de las negociaciones más delicadas frente a Irán o Cuba.

La experiencia de Biden como presidente del comité de relaciones exteriores en el Senado lo convirtió en el hombre de Obama para América Latina. Y su capacidad para negociar acuerdos le permitió a la Casa Blanca empujar el acuerdo con Irán con la ayuda de John Kerry, el Secretario de Estado que hoy lucha contra la embestida de los republicanos y el poderoso lobby judío para dinamitar el acuerdo nuclear con el régimen de Teherán.

Hoy, cuando sólo faltan 17 meses para el fin de la era Obama, muchos son los que se preguntan si acaso ha llegado el momento estelar para Joe Biden como candidato presidencial. Una opción que no sólo permitiría crear una opción creíble frente a la candidatura de Hillary Clinton en el seno de la tribu demócrata, sino que además representaría la opción más legítima para defender desde la Casa Blanca el legado de Barack Obama.

La opción de Joe Biden se antojaba imposible hasta hace apenas unas semanas atrás. La muerte de su hijo Beau, quien murió en mayo pasado de un cáncer cerebral a los 46 años, sumió a Biden en la tristeza y la desesperanza. 

El desenlace tuvo un toque de maldición. Hace 43 años, Joe Biden recibió la noticia de la muerte de su esposa Neilia y su hija Naomi durante un accidente de tráfico. Sólo sus dos pequeños hijos, Beau de 3 años y Hunter de 2, habían conseguido sobrevivir. 

Durante 5 años, Joe Biden hizo el recorrido en tren desde Delaware hasta Washington para estar al lado de sus dos hijos menores. El largo duelo por su esposa Neilia terminó cuando conoció a Jill, su actual compañera.

Tras la muerte de su hijo, hoy se sabe (por cortesía de The New York Times) que en su lecho de muerte Beau le habría animado a su padre a contender por la presidencia. Según la recolección de testimonios que ha recabado el diario neoyorquino, Beau le dijo que el triunfo de Hillary Clinton no garantizaba la defensa del legado que tanto Obama como Biden han forjado con tanto esfuerzo.

Hoy, dos meses después de la muerte de Beau, las versiones de una posible candidatura de Joe Biden anima el debate y ha metido miedo en el cuerpo de Hillary Clinton, una mujer que ha comenzado a sufrir la gradual erosión de su respaldo en la mayoría de las encuestas y que, además, no termina de convencer a esa base electoral que la considera poco confiable y honesta.

Una cosa es segura. Si hay alguien que desea en privado que Joe Biden contienda por la presidencia, ese es Barack Obama. Para nadie es un secreto que, aunque Obama y Hillary siempre mantuvieron una relación cordial, también es cierto que los Obama y los Biden recelan de los muchos intereses creados de Hillary y Bill Clinton.

Y si hay alguien que le tema a una candidatura de Joe Biden, esa es Hillary Clinton, la mujer que podría morder el polvo por segunda ocasión a manos del mejor amigo de Barack Obama.

 

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