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Obama contra los dinosaurios de la historia

Obama ha demostrado ser un habilidoso enterrador de dinosaurios que le seguirán atacando mientras su mundo se colapsa y sus privilegios se encuentran bajo amenaza.
17/08/2015
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Me encuentro entre aquellos que desdeñan o francamente desprecian, por demagogos e involucionistas, a los dinosaurios de la Historia. Esos seres que son incapaces de interpretar los signos de una realidad cambiante. O que sucumben continuamente, sin percatarse de sus fallas y carencias. 

A veces, incluso, son incapaces de avisorar su arrollamiento inexorable, al paso de esa locomotora de cambios y mutaciones que suponen una continua reformulación del presente. 

Ultimamente, hemos visto como los revisionistas de siempre se oponen frontalmente a los cambios de la política exterior de Barack Obama frente a Irán, Cuba, Irak y Siria.

En el caso de Irán, por mor de esa lealtad mal entendida hacia Israel, una potencia nuclear que se niega a aceptar siquiera la posibilidad de que Irán pueda desarrollar un programa nuclear con fines pacíficos.

No estoy sugiriendo que uno de los fines de Irán no sea el desarrollo de una bomba nuclear. Lo que digo es que, aquellos que hoy se oponen a un acuerdo de alcances históricos, que podría traer paz y estabilidad de largo aliento en Oriente Medio, se siguen oponiendo por una simple razón de alineamiento (o alienación) con las consignas del primer ministro e Israel, Benjamin Netanyahu.

Entre ellos, el senado demócrata por Nueva York, Charles Schumer, un hombre que ha dado muestras de su vena de estadista en asuntos como el de la inmigración indocumentada, pero que en este caso se ha dejado arrastrar por una lealtad mal entendida hacia Israel y el poderoso lobby judío que se ha convertido en un poder fáctico en EU.

Es decir, hoy por tí (Bibi Netanyahu), y mañana por mi en la siempre difícil cuesta de una reelección en el Senado.

En el caso de Irak, el ruido de las precampañas de aspirantes republicanos a la nominación presidencial, se han dejado contaminar por esa vena militarista que todo lo resuelve bombardeando y enviando más tropas. 

Desde Donald Trump a Lindsay Graham o Jeb Bush, todos ellos apuestan por la fórmula militarista que ha sido la causa de toda la crisis en Irak, un país que se desintegra en medio de una guerra sectaria. 

Una nación que parece avanzar hacia la partición geográfica inevitable de sus tribus o sectas kurda, sunni y chiita.

Lo increíble de este carnaval de pronunciamientos a favor de la opción militar en Irak y Siria, es la devastación que se vive todos los días en las aguas del Mediterráneo, donde cientos de miles de refugiados que huyen de la guerra en Irak y Siria, se siguen agolpando en los puertos griegos, españoles o italianos.

Es decir, las urgencias de los aspirantes republicanos por ser tomados en serio como comandantes en jefe, los hace ciegos a uno de los peores dramas humanos en la historia moderna. 

Un drama que ha tenido en buena medida como origen la intervención militar de EU en Irak en aquel verano del 2003. Una intervención que, si hacemos caso a las cifras ofrecidas por el propio presidente Obama, ya supera el billón de dólares en gastos militares, la pérdida de miles de vidas de civiles y y la de cientos de militares de EU que han muerto o han regresado a casa en calidad de mutilados.

Pero quizá donde el empecinamiento de los dinosaurios de la Historia ha sido más patente es en el caso de Cuba. La normalización de relaciones entre Washington y La Habana se ha convertido estos días en un desfile de dinosaurios hablando de los peores pecados de la dictadura castrista. 

La leyenda negra que les ha permitido gozar durante medio siglo de una zona de confort en el Congreso de EU, donde sus credenciales como mártires de la dictadura castrista, les ha permitido ostentar un aura heróica. 

Y, en cuanto al resto de sus conciudadanos que han podido emigrar de Cuba a EU, de un trato excepcional en el frente migratorio mientras el resto de los inmigrantes han pagado el precio de este agravio comparativo frente al exilio cubano en EU.

Personajes como Bob Menéndez, el senador demócrata por Nueva Jersey. O Marco Rubio, senador republicano por Florida, no se han cansado de denunciar a Barack Obama por el “trágico error” de apostar por la normalización de las relaciones con Cuba sin haber exigido el desmantelamiento del régimen castrista.

Y ello con la arrogancia insufrible de quien rema contra la historia y el sentimiento de millones que, desde EU, consideran que ha llegado el momento de apostar por una nueva política exterior hacia Cuba —a pesar de los muchos problemas de una revolución esclerotizada por la excesiva concentración del poder—, en lugar de seguir favoreciendo el aislamiento y, con él, el estrangulamiento de la democracia en la Isla y el sufrimiento de sus ciudadanos.

En su libro “Ideología e Historia”, Alberto Reig Tapia, un politólogo inmerso en la historia de la transición española, asegura que uno de los problemas con los dinosaurios de la historia es que “viven de mitos, se alimentan de leyendas y no aciertan a descender, modestamente, al campo de la realidad de su tiempo, porque su tiempo no es éste, sino aquél que, definitivamente, ya murió”.

En este sentido, Barack Obama ha demostrado ser un habilidoso enterrador de dinosaurios que le seguirán atacando mientras su mundo se colapsa y sus privilegios se encuentran bajo amenaza. 

 

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