Mirada Universal

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Adiós a Felipe Ehrenberg

La muerte del neólogo o la muerte del compadre
16/05/2017
13:21
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Por Juan José Díaz Infante*

 

Es muy desafortunado que Freud habla de lo traumático que es la muerte del padre como un evento en la vida de una persona, pero no dice nada, porque así son los alemanes, de la muerte del compadre. Freud nunca me ha resuelto mucho.

 

Se murió mi amigo Felipe, inesperadamente como se mueren todas las gentes, el sábado estaba bien, tuvimos una reunión sobre los 25 años de la revista Biombo Negro, un misticismo sobre la novela policiaca que no estoy seguro de dónde me sale.

 

Lo conocí por primera vez con Ángel Cosmos, en casa de Ángel quizá, nosotros hablando de unos bocetos de “Poesía de la Voz”, un cumpleaños de Ángel, me acuerdo que había mucha gente. Y me dijo cómo él también había pensado en alguna de sus libretas algo similar a una foto que yo le enseñaba ya hecha. Un encuentro que no tuvo ninguna repercusión, junto a la mesa de las carnes frías bebiendo o fumando.

 

Unos años más tarde por una equivocación curatorial fui invitado a exhibir a Nexus, en Atlanta, debe de haber sido por 1990, una exposición en referencia a las actividades olímpicas culturales. Yo fui invitado y desinvitado muchas veces a ese evento, pero finalmente llevé un video casero de mis abuelitos que duraba 90 minutos. Allí fui donde conocí a mucha gente y volví a conocer a Felipe, a Gabriel y Gabriela Retes, Goméz Peña y muchas otras gentes del medio mexicano. Fue gracias a Lourdes, la esposa de Felipe, que no entendía nada de inglés que yo le traducía algunas cosas o hablaba con ella en español que nos hicimos amigos. Fue en esas andanzas que fui invitado a participar por Lourdes en Biombo Negro una revista y taller de novela negra que requería de habitantes. Yo era uno de ellos. Así comenzó mi relación continua con Felipe y Lourdes. Mi primera participación en la revista fue llevar una piñata gigantesca que no cabía ni en mi coche ni en una camioneta en forma de estrella al lugar de la posada. Nunca consideré, ni pensé que Felipe vivía en Tepito, en una vecindad llena de gente y más gente y más gente y puestos y más puestitos. Viva adentro de una masa de gente. Cómo pasar una piñata gigante en medio de Tepito fue el primer problema que enfrentamos juntos Felipe y yo. Felipe tomó la piñata y gritó “¡Quítense cabrones que ahí les voy!”. Nunca me enteré si alguien nos escuchó o si atropellamos a alguien o si hubo un herido. Felipe puso la piñata por delante y corro como jugador de futbol americano a manera de protección y a manera de la única solución posible. Sin ver, cerramos los ojos y nos dirigimos a la puerta de su casa. Fue un milagro acreditado que retó la ley de la impenetrabilidad. La posada se llevó con éxito y con piñata. 

 

Escribir todos los martes o diseñar todos los martes o fotografiar algo todos los martes era parte de mi agenda. Y también a veces no ir.  Biombo Negro nos unió como un grupo que además iba a fiestas juntos, exposiciones, conciertos, lecturas de Tarot y hacía programas de radio. Fue así como conocí a Armando Vega Gil, el Fisgón, Mónica Frías, Lilia Soto, Tim Ross, Helguera, Romeo, Rosina Conde, Maylo y Mayra, Julieta, Manuel, Patricia y a Jessica y a la comadre Carmen, Ricardo, Gómez Peña, Jaime López, éramos y somos una buena banda, que nos dedicamos a escribir, hablar de arte, comentar política, y a veces también a vernos menos. Y así vimos también crecer niños. Y nos hicimos llamar “Los comensales del crimen”. Felipe y yo entablamos una gran amistad donde nos volvimos compadres un día, su religión se lo prohibía y también la mía, pero nunca se lo dijimos a mi hija en su primera comunión. Son estas relaciones lo que permiten ver el arte y los amigos desde otro punto de vista, no verlo, vivirlo, desde el quehacer diario, y que se vuelve rico saber que a cualquiera se le acaba el azúl. Los domingos como si fuera poca cosa los martes nos juntábamos a hacer subastas de arte en la Librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, donde Felipe a veces era el subastador o martillero y a veces lo era yo. Vendamos obra de Wilfredo Lamm y Tamayos a gente jugando ajedrez. Una vez, Santiago Rebolledo fue rematado, para que el comprador pudiera llevárselo todo un día, una propuesta de "tener un artista en tu casa durante 8 hrs”.  

 

 Siempre es muy bonito, tener amigos, un lugar donde cenar, hablar de tequila y vino tinto y curry y las especias. No hay que tener razón para el Biombo y las abejas, es saber pertenecer a una burbuja y grupo de cómplices dedicados a flotar y a aprender a escribir o quizá vivir. Todo mundo hablará de Felipe como un gran Neólogo y cómo muere Felipe Ehrenberg a sus 73 años biológicos, yo digo que solamente había cumplido unos 12 años. Descanse en paz. 

 

NotaRetrato que le hice a Felipe Ehrenberg cuando era agregado cultural de México en Brasil durante un coloquio latinoamericano de fotografía, para un proyecto que se duplicaba Cartas a Vicente Fax y el lenguaje de la violencia en México, esa fase se llamó Epístolas de Sao Paulo y eran retratos violentos de todos los asistentes con lo que tuvieran a la mano.

 

Juan José Díaz Infante* Artista multidisciplinario, poeta y fotógrafo.

 
Nuestra tarea diaria será ofrecer aquí al futuro autor audiovisual y al público en general, así como a los fotógrafos en activo de habla hispana, un nuevo territorio de debate, reflexión, aprendizaje...

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