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Kertész: La pipa y los lentes de Mondrian

El maestro húngaro nos demuestra que aún con los elementos más simples es posible crear una obra maestra de la fotografía.
14/07/2015
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Por Óscar Colorado Nates*

André Kertész (Hungría, 1894- EEUU 1985) fue uno de otro de los grandes fotógrafos del siglo XX y una prominente figura de la corriente humanista.

Su obra cruza el modernismo, la escuela surrealista y el humanismo de la post-guerra.

El grueso de su trabajo lo realizó en París, donde era apreciado y reconocido al punto de no saberse si adoptó a la ciudad luz o ésta lo adoptó a él.

André Kertész supo entender cómo, con medios mínimos, era posible transformar algo simple, incluso obvio, en algo bello, atractivo y sugerente. No le interesaban las imágenes estereotipadas, sino lo accidental y lo incidental.

Kertész supo encontrar en las minucias ordinarias los grandes temas, los de interés universal, y en tal sentido también supo desentrañar al ser humano en los sitios cotidianos. Tenía la capacidad de crear una fotografía potente a partir medios muy simples.

La fotografía de esta semana se titula “Pipa y anteojos de Mondrian” de 1926. Es un ejemplo perfecto de cómo se puede lograr una obra maestra con apenas unos elementos rudimentarios (en este caso los lentes y pipa del pintor Piet Mondrian). Todo está en el arreglo de los objetos, el ángulo de cámara... Es una foto que se enmarca en el género del bodegón. La posición de la mesa y el espacio vacío producen en el cuadro fotográfico unas formas triangulares con un gran contraste por tono. Al mismo tiempo, la luz difusa crea un volumen que subraya la tri-dimensionalidad de la estampa. Todo está en perfecta armonía y se nota cómo Kertész sabía destilar arte de estos objetos aparentemente triviales.

Con la invasión Nazi el fotógrafo tuvo que abandonar su amada París. Emigró a Estados Unidos pero la mudanza no le favoreció: Los americanos le ignoraron. Si París había adoptado a Kertész, América pretendía adaptarlo.

El fotógrafo firmó contrato exclusivo en Condé Nast (1949) y fotografió más de cien sesiones anuales para la revista House & Garden. Sin embargo Kertész despreció aquellas fotografías y nunca los consideró dignas de ser incluidas en su obra personal.  “Son documentos sin vida, nada más”, refunfuñaba.

Kertész fue un maestro de maestros, incluso el propio Henri Cartier-Bresson dijo de él: “Todos le debemos mucho”.

Aunque al final de su vida finalmente fue apreciado en Estados Unidos, ya era demasiado tarde: el reconocimiento había dejado de importarle.

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*Óscar Colorado Nates es titular de la cátedra de Fotografía Avanzada en la Universidad Panamericana. Autor de libros como Instagram, el ojo del mundo, Fotografía de Documentalismo Social, entre otros. Miembro de The Photographic Historical Society (Rochester, NY) y creador de www.oscarenfotos.com, blog de reflexión fotográfica líder en Iberoamérica. [email protected]

 

Nuestra tarea diaria será ofrecer aquí al futuro autor audiovisual y al público en general, así como a los fotógrafos en activo de habla hispana, un nuevo territorio de debate, reflexión, aprendizaje...
 

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