Manejamos la nueva generación de VW Polo GTI

La sexta generación del Polo llegará a México hasta finales de este año y nosotros lo manejamos antes que nadie
Polo GTI
11/01/2018
12:58
Diego Guilbert
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Por más de 40 años la conjunción de las letras GTI se ha colocado dentro del corazón de los entusiastas de la marca gracias a una agradable combinación entre diseño, tecnología y una composición de características que han construido una de las identidades más arraigadas en la cultura automotriz por muchos años. 

Desde la anterior entrega generacional, el Polo (hasta hace poco el más pequeño de la familia GTI), había robado reflectores al Golf por considerarse un vehículo mucho más apegado a la esencia que caracterizó a las primeras dos evoluciones de dicho modelo en las décadas de los setenta y ochenta.

Con el arribo de la sexta generación del nuevo Polo, llega de la mano  la variante de desempeño que una vez más nos hace pensar, ¿para qué querer un Golf GTI

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Dicha afirmación viene sustentada por la presencia de una de las manos más finas en cuanto a el desarrollo de vehículos deportivos se refiere, pues el responsable de los principales cambios dentro del nuevo Polo GTI es Karsten Schebsdat, responsable de crear el primer Ford Focus, las variantes GT3S en modelos Porsche y ya en su estancia en Volkswagen, el nacimiento del up! GTI y el Golf más potente en la historia, el denominado Clubsport GTI. 

La sexta generación del Polo GTI es arriesgada, pues transgrede en el principio que le había valido el elogio generalizado en la versión anterior: el encontrar un punto adecuado entre su potencia y su dinamismo, el cual es ampliamente favorecido por sus dimensiones. 

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Ahora es siete centímetros más largo, siete centímetros más ancho y dos centímetros más alto que la versión que le antecede. Esto a causa del empleo de la plataforma MQB A0, que lo uniforma con el SEAT Ibiza al estar basados sobre la misma estructura. Es prudente señalar que esta homogeneización con dicho modelo juega tanto en contra como a favor del desempeño de esta sexta generación. 

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El equipo de Volkswagen contrarresta la ampliación de su tamaño con la presencia de un mecanismo más potente para no sólo mantener la agilidad en el manejo del Polo GTI, sino aumentarlo en toda cifra de desempeño. 

Gran salto estético

La inamovible axiología que señala que en el apartado de lo estético todo es relativo al gusto personal es aún más válida cuando se trata de un modelo con apellido GTI. Sus entusiastas atacan y defienden algo que eventualmente, terminan adoptando como una extensión de su personalidad. 

A razón de tan delicadas fibras entre seguidores y público neutral, es justo decir que el diseño del Polo GTI de sexta generación es adecuado y congruente para marcar una diferencia con la versión previa y como camino para las venideras muestras de diseño de Volkswagen. 

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En interiores será más fácil encontrar unanimidad, pues en en esta entrega no hay espacio que dé cabida a la polémica de la mejora. Los paneles de las puertas son rematados por un un fino plástico mate, que contrasta con el aluminio presente en manijas y elementos del tablero. Todo esto ambientado por la ya imprescindible costura de tela Clark en asientos que dan a cualquier polo su esencia. 

Propulsor conocido para los entusiastas

El nuevo Polo GTI integra ahora al conocido motor de 2.0 litros turbo, también presente en el Golf GTI y configurado en esta presentación para generar 200 caballos de fuerza y una decente aceleración constante de 0 a 100 kilómetros por hora en 6.7 segundos, así como una velocidad máxima de 236 kilómetros por hora que, por ahora,  solo estará disponible con la transmisión DSG de seis velocidades.

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Es bien sabido que las cifras no hacen al manejo y por eso, sometimos al reducido Circuit de Mallorca en dicha isla española para conocer cómo es que se comporta el nuevo Polo GTI en un entorno que le beneficia. 

Más allá de lo medible

La dirección del auto es completamente distinta, siendo más rígida y directa con las maniobras que suceden detrás del volante. Esto es acompañado con una mayor rigidez en la arquitectura del auto, siendo 55% más firme en la parte frontal y 60% en los flancos traseros. Esto se traduce con una solvencia del auto para corregir aquellas maniobras que rayan entre lo intrépido y lo imprudente, que en un vehículo con menos asistencias, hubiéramos terminado fuera del trazado de la pista. 

La mejor expresión del desempeño del Polo GTI se encuentra una vez que lo configuramos bajo el modo de manejo Sport Select, el cual más allá de extender el evidente manejo deportivo, hace notorias las mejoras que no siempre son cuantificables. 

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El encuentro entre la robustez y la agilidad del auto se siente cuando se recorren altas velocidades sobre las curvas del circuito sin saber necesariamente cuáles son los elementos involucrados para tener esta agradable sensación. Sin embargo, en el mejor de los métodos alemanes: todo tienen una explicación. 

En este caso, su origen se encuentra en la reconfiguración de los componentes de la suspensión, la cual presume mejoras en amortiguadores, muelles y una puesta a punto que hace parecer que nos enfrentamos a una suspensión trasera independiente. 

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Sin hacer menos la relevancia de estos cambios, considero que la columna vertebral de toda la sensación de manejo del nuevo Polo GTI es la relación entre el diferencial adaptativo, el trabajo de los frenos traseros y el eje de torsión trasero, ya que le brinda una sensación de responsabilidad que solo estábamos acostumbrados a tener presentes en el Golf GTI o su similar, el SEAT León Cupra.

Este Polo GTI tardará en ser visto en el mercado nacional, pues de acuerdo al equipo de Volkswagen, su llegada está prevista para finales de este año, si no es que hasta inicios de 2019 pues su ingreso a mercados regionales será gradual a las diferentes adaptaciones necesarias. 

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A primera impresión pareciera que el gran obstáculo que enfrentará el Polo GTI en su eventual llegada a México será el precio, pues extraoficialmente se especula un precio cercano a los 450 mil pesos sin contemplar la volatilidad de las divisas internacionales para fines de 2018. Sin embargo, el verdadero reto que tienen por igual la compañía y el mercado mexicano es dar el paso al entendimiento de que un producto considerablemente egoista y con cualidades más allá de las cifras de potencia, puede valer cerca de medio millón de pesos. 

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