El Jardín Etnobotánico y Museo de Medicina Tradicional y Herbolaria (JEMMTH), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el cual, por las características de su colección, consolidación y documentación, se considera el más importante de América Latina.
Cuenta con más de mil especies, entre plantas medicinales, tóxicas y cactáceas, de México, Asia, Europa y África, distribuidas en cuatro hectáreas.
Ocupa la finca adquirida por el emperador Maximiliano de Habsburgo en 1865, quien la donó al gobierno mexicano.
A cada paso, una nueva cédula identifica la familia, especie, nombre científico y coloquial, de cada planta.
Primero las medicinales, que son las más solicitadas; luego, algunas tóxicas, hasta llegar a la zona de las cactáceas, y por último, un espacio reservado para algunos ejemplares vegetales de la prehistoria que se resisten a desaparecer, caracterizados por su venenoso potencial.
Tiene 756 plantas que conforman un universo de más de mil especies, de las cuales algunas son endémicas y otras proceden de lugares como Asia, Europa y Africa, concentradas en cuatro hectáreas de terreno, aproximadamente.
En entrevista, la antropóloga Laura Parrilla Álvarez, directora del JEMMTH, destacó que el principal objetivo del jardín es darle el justo valor a la riqueza patrimonial que tienen las plantas
medicinales en sus diferentes usos, los cuales pueden ser rituales, medicinales, artesanales y culturales.
Hasta hace 30 años la etnobotánica no se consideraba una materia que debiera ser sujeta a investigación, ni mucho menos un proyecto que necesitara ser difundido y mostrado en todo su potencial.
Por lo tanto, el INAH se dio a la tarea de conformar la colección que actualmente alberga el jardín, que con los años se consolidó y adquirió su status de Colección Nacional y de Jardín
Etnobotánico, agregó la especialista.
El predio que ocupa el santuario es parte de la finca adquirida en 1865, en el antiguo pueblo de Acapantzingo, por el emperador Maximiliano de Habsburgo, quien años después la donó al gobierno mexicano con la intención de convertirlo en un albergue de plantas medicinales al servicio de la comunidad morelense.
Con el tiempo, su importancia y aportes a la salud, se difundieron a otros estados aledaños, incluido el Distrito Federal, lo que ha dado como resultado que muchas personas acudan a solicitar una muestra de alguna planta para curar ciertos padecimientos.
Entre los ejemplares más solicitados están el romero, utilizado para rituales y limpias; el axihuitl, que combinado con otras plantas sirve para preparar una bebida tradicional conocida como pahtlapozon o curalotodo, cuyas hojas también se maceran en alcohol para el tratamiento de úlceras y gastritis.
También existe el famoso toloache, que contrario de que se cree, puede ser altamente tóxico si se ingiere, por lo que la especialista afirma que su uso debe ser exclusivamente externo.
La información apunta más de 100 plantas de uso medicinal utilizadas en la época prehispánica. Con el tiempo, según las creencias y remedios de cada lugar, se mezclaron con otras especies
para obtener remedios enfocados a nuevos padecimientos, como diabetes y males cutáneos.
"La herbolaria es un cuerpo de conocimientos prácticos que se trasmiten generacionalmente y de forma oral, por lo que no posee bases científicas como la etnobotánica; se considera patrimonio intangible y propiedad del pueblo mexicano", mencionó Parrilla Álvarez.
El Jardín Etnobotánico de Cuernavaca representa un patrimonio vivo, no solamente por el ciclo vital de sus muestras, sino también porque forma parte de la herencia cultural que se transforma día a día.
Las plantas se deben cambiar de posición con las estaciones del año y, con el paso del tiempo, son sustituidas por nuevos ejemplares que se utilizan para los fines académicos que se persiguen.
Para recorrer el lugar, el visitante debe conocer inicialmente el museo de sitio, donde se le informa sobre los objetivos y valores que posee el recinto natural, además de introducirlo en los principios de la herbolaria y etnobotánica, donde obtiene una mejor comprensión para la visita posterior.
Además se le proporciona información histórica del lugar para ampliar su conocimiento.
Al lugar acuden grupos de personas voluntarias que dan servicio a la comunidad mediante el uso de las plantas, como parteras y promotores de la salud, que al mismo tiempo proporcionan sus
habilidades y experiencia herbolaria a favor de la riqueza medicinal que encierra el lugar.
Laura Parrilla resaltó la importancia del programa académico que se desarrolla en el JEMMTH, el cual vincula a la sociedad con su patrimonio, y puso especial énfasis en los talleres que se llevan a cabo, en los que se enseña a preparar infusiones, pomadas y remedios caseros básicos.
"Nosotros no curamos a la gente, únicamente los orientamos en el uso de algunas plantas medicinales para favorecer el tratamiento de ciertos males", concluyó la especialista.
Los beneficios que aporta un lugar como el Jardín Etnobotánico y Museo de Medicina Tradicional y Herbolaria, son innumerables.
Además de ayudar en el tratamiento de distintos padecimientos ancestrales y actuales, concientizar sobre el uso de las plantas medicinales y vincular a la sociedad con su patrimonio, funge como "pulmón natural" del estado.
nga