Detrás del Vivero Paco hay una historia de tesón que comenzó hace muchos años en el cono sur del continente, cuando su dueño, entonces todavía un "pibe", de apenas 13 años, desdeñó la herencia paterna: una acreditada carnicería en Buenos Aires.Tablajero de abolengo, Francisco Sánchez, padre de Norberto, quería que sus hijos se dedicaran al negocio que conocía a la perfección y en el que, a pesar de la entonces maltrecha economía argentina, no le iba tan mal.
Pero Norberto Sánchez no sólo prefería la delicadeza de las flores sino llevaba muy arraigado un espíritu rebelde y de aventura que no se sometía a la dictadura militar ni aceptaba el quebranto económico de su país. Quería recorrer el continente y después asentarse en España.
Así, apenas cumplió el servicio militar, viajó a Uruguay, Brasil, Venezuela, Panamá y Guatemala.
Posee lo que él llama "alma de inmigrante", indispensable para quemar naves y traspasar fronteras. Pero Toti, como le dicen sus amigos, o don Beto, como le llaman sus clientes, no sólo ha traspasado fronteras geográficas, sino sobre todo mentales.
A los 13 años quiso aprender todo lo referente al cuidado y arreglo de flores, y para conseguirlo tuvo que pasar pruebas difíciles: desde barrer y cargar pesados bultos, sin salario alguno, hasta cavar y tapar hoyos, y volverlos a cavar.
¿Y por qué tanto afán por las flores? La pregunta lo toma por sorpresa y se ve obligado a urgar en los recuerdos.
"Creo que mi amor por la naturaleza se desarrolló a los siete años -recrea en voz alta-; cuando mi maestra me encargó el jardín de la escuela oficial a la que acudía".
Y aunque de todas maneras aprendió el oficio de la carnicería, aclara, prefiere aplicarlo en la elección de cortes finos "para hacerlos a las brasas".
No obstante, su padre terminó alentándolo a desarrollar su creatividad en el manejo de las flores, al punto de obtener -a los 19 años- el Premio Nacional de Floricultura. De ahí que ahora tanto su hijo menor como su negocio se llamen Paco.
Casualidad y esfuerzo
Norberto Sánchez Pedernera menciona que el surgimiento del vivero es "en gran parte producto de la casualidad, pero también resultado de muchos años de trabajo en toda suerte de actividades".
De alguna manera, dice, es una muestra de las oportunidades que este país todavía brinda y que algunas veces los nativos no saben aprovechar.
"Luego de una de mis muchas crisis personales", Vivero Paco se estableció en el 2000, precisa.
De estatura alta, fornido, con voz grave y potente -todavía con marcado acento sudamericano-, Norberto llegó a México hace casi 30 años, de paso hacia España. Pero muy pronto conoció a Mago, una mujer por quien decidió quedarse, hacerse mexicano y formar una familia de tres hijos: Ricardo, Karen y Francisco.
Para esto, refiere su amistad con Franklin Ramos, editor mexicano, a quien conoció por casualidad en Buenos Aires.
Ambos coincidieron en un hotel bonaerense: Franklin acudía a un congreso editorial y Norberto participaba en un evento de floricultura.
Su amigo fue clave para que viniera y se estableciera en México, pero también, en cierto modo, para que al paso de los años surgiera el Vivero Paco.
Primero, Norberto debió remover escombros y acondicionar un vetusto inmueble para establecer el Café Librería Reforma, de su amigo Franklin; después fue mesero y responsable de la cocina. Así, trabó relación con bodegueros de La Merced y llegó a vender cebollas.
Dentro del círculo librero se hizo repartidor y agente foráneo: aparte de Gernika, la empresa de Ramos, trabajó para una compañía editorial. Su retorno al mundo de las flores y las plantas fue producto de la casualidad.
Alguna vez, de paso por la colonia Anáhuac, ayudó a alguien a armar un arreglo de flores artificiales. Eso bastó para que lo invitaran a trabajar a destajo en el local que vendía plantas de seda.
De ahí pasó a otro y luego a otro hasta que terminó por independizarse como decorador de hogares y oficinas, combinando plantas artificiales con naturales.
Pero llegó la crisis del 94 que dio la puntilla a la moda de la seda importada.
Así le tomó la noticia de la muerte de su madre, acaecida en Argentina.
"Impotente, me derrumbé en la sala de mi departamento a guardar el luto; como si estuviera velando el cuerpo de mi madre... Así estaba cuando mi esposa tomó una llamada del entrañable Franklin; me invitaba a trabajar con él en la editorial de Hacienda", recuerda.
Aquel trabajo le dio a Norberto oxígeno, ya que le permitió continuar con sus tareas de decoración.
Al cabo de seis años de trabajo pudo reunir lo suficiente para llevar a su familia a visitar la tumba de su madre.
A su regreso, con 25 mil pesos que le quedaban, tomó el traspaso de un local de 53 metros cuadrados, donde decidió probar con la venta de plantas naturales junto a su hermano Roberto.
"Aquí hay que trabajar con tierra, con macetas y plantas; hay que regarla a diario y reacomodar todo continuamente, para poder vender; también se tiene que dar un servicio, hablarle a la gente con la verdad, orientarla; ya que no debe colocar la mercancía a base de engaños".
Hoy, Vivero Paco ocupa, frente a la Escuela Superior de Turismo del IPN, una superficie que rebasa los mil 200 metros cuadrados.
Su clientela es principalmente de la clase media baja, "porque la media alta ha desaparecido", bromea.
Pero, indica que contra lo que se imaginó, los menos afortunados con el dinero parecen amar más a la naturaleza que los ricos, aunque hay excepciones.
El costo promedio por planta es de 40 pesos, aunque hay rosales de 15. Las de mayor demanda son cuna de Moisés y pata de elefante.
Cada fin de año, Vivero Paco se viste de rojo por las Nochebuenas, que dejan muy poca ganancia pero compensan por volumen. El año pasado vendió más de 5 mil piezas. Esta vez, como lo hace año tras año, confía superar el récord anterior.
Para finalizar, insiste en algo que va más allá de la frase hecha. Gratitud para un país generoso, que le brinda las mayores oportunidades a las que podía aspirar: familia, negocio y trabajo en lo que le gusta.
A sus 58 años, sólo espera dejar huella en los suyos y mostrarles que es posible trascender con lo que uno ama.