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Le echan “coco” y combaten la inseguridad

Un documental en TV sobre la II Guerra Mundial les dio la idea de crear un chaleco antibalas a base de fibra de coco; en este momento están realizando las pruebas necesarias para poder venderlo a la Sedena
  • Cobertura Especial
  • (Foto: Especial)

    Paola Morales M. / EL UNIVERSAL online
    El Universal
    Lunes 12 de diciembre de 2005

    09:32 Norberto Nava (22 años) y Arturo Islas (29 años) son recién graduados de la licenciatura en Administración Industrial por la UPICSA (Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas). Hoy además son unos noveles empresarios para los que el futuro pinta más que prometedor.

    Ambos son los creadores de Promafic (acrónimo de procesos y manufacturas artesanales en fibra de coco), una empresa 100% mexicana que se dedica a procesar la fibra de coco para fabricar chalecos antibalas, fertilizantes, alimento para ganado y figuras de ornato.

    Antes de meterse en asuntos con el coco, Norberto, además de estudiar, ocupaba un puesto a nivel gerencial en una empresa de mantenimiento. Arturo fue líder de proyecto de Sport City. Hoy son “patrones “ de 15 personas y tienen ya 10 clientes cautivos; dos en Michoacán y el resto en la Ciudad de México.

    Han participado en diverso foros como el del Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial. En él quedaron como finalistas y obtuvieron un incentivo económico que les sirvió para empezar a trabajar.

    Los inicios

    Todo empezó hace año y medio cuando una institución bancaria sacó una convocatoria para un concurso de innovación empresarial. Norberto y Arturo vieron en él una oferta tentadora y se dieron a la tarea de buscar ideas: Un buen día de ocio, Norberto vio en un documental que el agua de coco se había usado en la Segunda Guerra Mundial como suero y que incluso el coco se usó como bomba molotov.

    El descubrimiento le causó una fijación y empezó una extenuante investigación. Descubrió que en Sri Lanka se hacen tapetes a base de la fibra de coco, así como cuerdas para buques que sirven para arrastrar barcos encallados. Con esto le vino el maravilloso momento del insight : Se le ocurrió crear un chaleco antibalas.

    Por cierto que al final decidieron no entrarle al concurso del banco porque los términos en que se desarrollaba no les parecieron favorables.

    Un chaleco con historia

    “Tengo familiares que son policías, soy muy curioso y un día abrí un chaleco antibalas. Al abrirlo me di cuenta que estaba hecho con fibras de nylon y como ya teníamos en mente utilizar el coco, pensé que podíamos sustituir la fibra de nylon por la de coco”, cuenta Norberto en entrevista con EL UNIVERSAL online.

    Tras esto hicieron las investigaciones, estudiaron la resistencia que tiene la fibra de coco, los precios y todo lo necesario para el proyecto. El resultado fue que había factibilidad dada la resistencia del material y además porque se trata de un material de desperdicio.

    Pasadas estas pruebas, hicieron la investigación para saber qué se necesitaba para hacer un chaleco y cuál era la norma internacional que regía el procedimiento. Con lo obtenido, se dieron a la tarea de sustituir las mallas de nylon por las de coco. El resultado fue un chaleco con la misma resistencia que uno ordinario que detiene balas calibre 9 milímetros, durabilidad de cinco años (como los normales), un chaleco más liviano (representa sólo el 60% del peso que tiene un chaleco ordinario) y con un precio 50% menor (mil pesos).

    Actualmente, por medio de la Unidad Politécnica, buscan hacer contacto con la Secretaría de la Defensa Nacional para poder desarrollar para ellos los chalecos o las placas que llevan por dentro: “Tenemos un problema en cuanto al desarrollo, el forro que se utiliza para los chalecos tiene una venta muy restringida, la exclusividad la tiene Sedena. Por el momento, estaríamos como alquilándonos para desarrollar en conjunto los chalecos antibalas”. De lograrse la ecuación estarían fabricando inicialmente15 mil chalecos por año.

    Buscando financiamiento

    Hasta el momento no han obtenido ningún tipo de financiamiento, todo ha venido de sus “ahorritos” y los de su familia. Han invertido, hasta hoy, aproximadamente 50 mil pesos para comprar maquinaria, mismos que ya recuperaron.

    Norberto y Arturo están seguros que el desarrollo del chaleco antibalas es lo que les traería más beneficios económicos. Según su estudio de mercado, la tecnología que han desarrollado está valuada en aproximadamente 10 millones de pesos. La patente es propiedad de Norberto y si decidiera venderla, el precio de venta está calculado en 15 millones de pesos.

    Estos jóvenes están muy interesados en un financiamiento de la Secretaría de Economía “por las facilidades que dan” (6% de interés anual): “Ellos prestan hasta 350 mil pesos, pero eso no nos alcanza, nosotros requerimos en promedio un millón de pesos. De lo que sí estamos seguros es que no nos interesa un préstamo bancario porque manejan alrededor del 36% anual, los trámites son muy engorrosos y no están a la mano de las personas que en verdad necesitamos el financiamiento”.

    Otros de sus focos para atraerse de recursos son la Incubadora del IPN o algún particular (socio capitalista).

    Haciéndose de la materia prima, paso a paso

    Tienen dos etapas y una emergente. En la primera, recaudan fibra de coco de la Central de Abasto de Iztapalapa; por semana se desechan cerca de 15 toneladas. La segunda, la llevarían al cabo cuando accedan a algún financiamiento; en ella establecerían una planta procesadora de fibra de coco en Oaxaca o Guerrero (son los principales productores de palma de coco del país), ahí se manejan por semana 300 toneladas de desperdicio.

    La etapa emergente consiste en un plan de desarrollo sustentable para el sureste, el cual contempla hacer una limpia de las cáscaras de coco en todas las carreteras costeras. En caso de llevarlo al cabo lo harían de la mano de la Sagarpa y estiman recaudar 100 toneladas por mes.

    En cuanto a los químicos que utilizan ya cuentan con proveedores, todo nacionales: “Las resinas y adhesivos que usamos no dañan al medio ambiente son a base de agua pero cuentan con características especiales que no permiten que se degrade con el agua y evitan el desgaste”.

    Sus productos

    Venden fertilizantes, macetas y alimento para ganado, todo hecho con fibra de coco. Comercializan cinco toneladas de fertilizante por semana y tiene un precio de 40 pesos por kilo. En cuanto a las macetas, por tratarse de temporada navideña empezaron a comercializarlas con Nochebuenas, cuestan 45 pesos y en lo que va del mes han vendido mil piezas. Del alimento para ganado desplazan 700 kilos por semana y cuesta 30 pesos el kilo.

    Actualmente se encuentran desarrollando filtros de agua para casa, así como artesanías: “Estamos por lanzar una convocatoria para gente con discapacidad y de la tercera edad para que le den un toque artesanal a nuestras figuras de ornato. En nuestro plan de negocios está contemplado darles trabajo a estas personas”.

    Proyectándose

    Para 2006 planean instalar su planta procesadora. Por el momento están concentrados en atacar la demanda nacional. Después, ya sin deuda alguna, planean abrir una comercializadora en España.

    Más información: (55) 5701 8626 o promafic@hotmail.com

     
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